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Argentinos, modelo para armar

Marcelo Stiletano
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12 de agosto de 2006  

"Argentinos por su nombre" , programa periodístico conducido por Andy Kusnetzoff. Con Carla Czudnowsky y Martín Ciccioli. Voz en off: Elizabeth Vernaci. Producción periodística: Nico Chausovsky. Realización: Cristián Sedam. Producción ejecutiva: Sebastián Moguilevsky. Dirección: Luis Santos. Dirección artística: Gustavo Landívar. Producción general: Andy Kusnetzoff, Mariano Chihade y Juan Cruz Avila. Por Canal 13, el jueves, a las 23.45.

Nuestra opinión: bueno

En los últimos años, la TV trató de lograr a toda costa la difícil armonía entre una mirada comprometida y otra más frívola para asomarse a nuestra realidad. "Argentinos por su nombre" es un intento más en esa dirección.

A primera vista, parece haberse hecho aquí una lectura bastante concienzuda de los antecedentes en la materia, al menos para tener en claro lo que no se quiere repetir. Queda claro, en principio, que "Argentinos por su nombre" no aspira a pintar la actualidad sólo desde el vértigo y la fragmentación de "CQC" o "El rayo", que prefiere tomar cierta distancia de esa observación de la marginalidad a través de un matiz fashion característico de "Kaos en la ciudad" y que escapa de la cuerda sensible al estilo de "Humanos en el camino".

El resultado es un experimento que desde la emisión inaugural exhibe todavía contornos híbridos, porque también abreva un poco de todos ellos. Quiere asomarse a la actualidad, pero sin dejar aún en claro si los "argentinos por su nombre" son los compatriotas que el programa sale a interpelar o el resultado de la propia mirada ejercida por sus tres argentinísimosconductores sobre cada tema. Quiere matizar la dura actualidad con pinceladas de ligera ironía, pero la pretensión bien realista de su columna vertebral deja al humor en un lugar bastante incómodo.

Sin ir más lejos, en la sección "Cómo nos ven" se reproducen frases en distintos idiomas, con subtítulos que dan a entender opiniones disparatadas sobre la Argentina. La traducción es apócrifa y busca un efecto cómico, pero muchos televidentes podrían con legítimo derecho creer que lo que se dice allí es verdad, sobre todo después de haber visto un contundente testimonio de Andy Kusnetzoff, de viaje por Israel, sobre la guerra que rodea a muchos argentinos.

En este segmento lleno de hallazgos y momentos dignos de mención estuvo, de lejos, lo mejor del programa. Sin la ayuda exagerada de editores o montajistas y lejos de efectismos o golpes bajos, Kusnetzoff registró las reacciones de varios compatriotas más tranquilos o más incómodos radicados en Israel, que habían decidido emigrar para huir de la crisis y de la inseguridad en la Argentina y ahora enfrentan otra clase de amenaza: bombas, misiles o atentados suicidas.

En dos notables momentos (frente a dos jóvenes argentinos alistados en el ejército israelí que mostraban cómo debían usar las ametralladoras y en un asombroso campo de refugiados israelíes que tenía todo el aspecto de un cómodo balneario), Kusnetzoff mostró su naturalidad para relacionarse con la gente, y también se vio cómo fue ganado por el miedo ante el primer sonido de las sirenas que llamaban a escapar hacia los refugios.

Con buen criterio, el conductor desistió de bajar línea a través de editoriales o tomas de posición ideológicas, más allá de un genérico reclamo en favor de la paz. Después de tropezar más de una vez como conductor, Kusnetzoff parece haber comprendido que lo mejor es no hablar demasiado y limitarse a la mínima expresión con sus compañeros de rubro.

A Martín Ciccioli le tocó la parte más opaca del programa. La crónica del paseo de dos turistas alemanes por la geografía social y futbolística del conurbano, en Laferrère, quedó trunca en medio de un forzado pintoresquismo y la visible manipulación de las reacciones de los visitantes. Un poco más de suerte tuvo Carla Czudnowsky al poner frente a frente a un "metrosexual" y a un "machote" porteño (el actor Roly Serrano) para descubrir de un modo simpático semejanzas y diferencias entre ambos.

Bien editado y musicalizado, con un atractivo trabajo visual, "Argentinos por su nombre" es una revista televisiva que tiene las ventajas y las limitaciones de su variopinta temática. Y si la idea es hablar aquí con todas las letras de la realidad desde un prisma televisivo, este programa es ideal para explicar por qué los argentinos que tienen poder de decisión en los canales líderes llevan a instancias insoportables la manipulación de los horarios. Anteanoche, el ciclo debutó a las 23.45 y culminó muy cerca de la 1. Un despropósito más.

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