
De Don Verídico a la pantalla
Castro dejó una película póstuma
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Alcanzaba con haberlo visto apenas una vez en persona o a través de sus múltiples trabajos para no olvidarlo. Se hacía muy difícil borrar de las retinas y de la memoria la estampa quijotesca de ese hombre alto, flaco, de cuidado bigote y atildada vestimenta, que jamás despegaba el cigarrillo humeante entre los dedos y que a partir de una verba cadenciosa y chispeante construía -como se escribió ayer en el diario montevideano El Espectador- la mejor definición humana del "ser uruguayo".
Julio César Castro -cuyo fallecimiento en la capital oriental, a los 75 años, fue consignado ayer en estas páginas- deja un testamento artístico irrepetible, cuyas mejores páginas corresponden a la extraordinaria saga de Don Verídico, aquel paisano que narraba delirantes historias de letra y espíritu camperos, que Luis Landriscina popularizó entre nosotros durante varias temporadas radiofónicas.
Junto a ellas aparece un legado no menos valioso de escritos para la radio, obras de teatro representadas en las dos orillas del Río de la Plata ("La última velada", "El contrabajo rosado", "Están deliberando") junto a Villanueva Cosse, libretos humorísticos, delirantes críticas de cine ficticias, artículos periodísticos, espectáculos unipersonales y hasta avisos publicitarios, como el que aparecía hasta ayer en la TV uruguaya por iniciativa de la empresa oficial de electricidad del país. Y también una carrera cinematográfica (como actor y guionista) que se inició y culminó con un papel antológico: el Siete y Tres Diez de "El camino hacia el mar", de Guillermo Casanova, que acaba de presentarse en el Festival de Montreal y que podría ser estrenada en la Argentina en abril próximo.
"No era un libretista, sino un gran escritor -recordó Héctor Larrea, en cuyo programa "Rapidísimo" Don Verídico, con textos de Castro, brilló durante cinco temporadas en los años 80- al que además daba felicidad escuchar. Escribía el cuento a medida que se iba grabando a partir de alguna palabra que uno le tiraba. Era muy ético, de extraordinaria dignidad, muy solidario y coherente." Así fue Juceca , un creador impar que merece ser conocido.





