
Desconcierto sin comedia
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El secreto de los Rossi / Idea original: Julia Golluscio y Diego Zoffoli / Autores: Gabriel Mesa, Julia Golluscio y Diego Zoffoli / Elenco: Violeta Urtizberea, Rafael Ferro, Alfredo Castellani, Lidia Catalano, Nicolás Albamonte, Gastón Grande, Sheila González / Dirección de fotografía: Germán Cosentino / Dirección de arte: Cecilia Vázquez / Vestuario: Agustina Aguinaga / Producción ejecutiva: Pablo Boisselier y Leandro Rodríguez / Producción general: Luis Quinelli / Dirección: Jesús Braceras / Dirección general: Pablo Muñiz.
Nuestra Opinión: Regular
Lo primero que desconcierta es la elección del modelo de falso documental para contar en clave de comedia las andanzas de los Rossi, una suerte de familia ampliada dedicada a la organización de fiestas y eventos. Entre nosotros, Todos contra Juan empleó hace poco este mismo recurso con resultados óptimos y esa cita aparece todo el tiempo como un punto determinante en términos de influencia para el armado (sobre todo conceptual) de este nuevo ciclo.
Sin embargo, lo que podría verse a priori como un valor de referencia de carácter virtuoso se transforma, andando el tiempo, casi en una carga. A menos que el secreto de los Rossi tan mentado desde el título no sea otra cosa que la reaparición de un antiguo novio de Paula (Violeta Urtizberea), el personaje central del relato, la idea de recuperar la historia familiar a partir de un documental realista no parece la más adecuada. Sobre todo porque la narración parece querer escaparse todo el tiempo del supuesto ojo inquisidor de las cámaras y su vocación realista para adquirir el perfil de un juego permanente de cruces entre el absurdo y el costumbrismo que pocas veces alcanza resultados atrayentes.
Recordemos que en Todos contra Juan el falso documental estaba fundamentado en una lógica de hierro. El propio dispositivo mediático salía al rescate de un personaje que en su momento había gozado de una efímera fama televisiva. Su recuperación en clave de homenaje era el punto de partida de una saga familiar-afectiva llena de nostalgia, calidez y empatía. Hasta el más pequeño de los personajes tenía su costado emotivo y estimulaba de ese modo su identificación con el televidente.
Ese mismo propósito quiere ser el motor de El secreto de los Rossi, pero en este caso los resultados son bien diferentes. Difícilmente exista un compromiso afectivo con el espectador desde un dibujo de personajes tan cercano al patetismo. Y las situaciones, que a priori pretenden delinear una mirada satírica sobre los sueños frustrados de quienes transitan, sobre todo, la franja que va de los 30 a los 40, terminan diluyéndose en chistes y gestos que carecen de gracia y, para colmo, terminan acentuando el distanciamiento del televidente frente a lo que se cuenta.
Ese desapego es el problema más grande que enfrenta El secreto de los Rossi. Se corre el riesgo de que la historia termine aferrada a un puñado de conductas estereotipadas de las que los personajes centrales no pueden escapar. Y la búsqueda de la novedad, con tramas bien diferentes pensadas para cada episodio (un casamiento, un baby shower, un curso interno de "motivación vivencial"), deja de ser tal para convertirse en un permanente regreso al punto de partida. En este panorama, lo primero que se desaprovecha es la elevada factura de todos los rubros técnicos y el potencial del elenco. Así, no sorprende que los dos personajes más originales (encarnados por Nicolás Albamonte y Alfredo Castellani) resulten los más perjudicados por esta cadena de inconsistencias.
Por Marcelo Stiletano





