
Educando al soberano, por celular
"Clase X", ciclo de entretenimientos. Conducción: Santiago del Moro, Nara Yoli y Agustina Sosa. Producción ejecutiva: Pablo Nieto. Producción general: Mel Banfi. De lunes a viernes, a la 0.30, en vivo, por América.
"Clase X" pertenece a un nuevo tipo de programas que ganan la trasnoche de la TV abierta, que se centran en la participación del público a través del uso del celular. Lo que diferencia a este ciclo de otros en el aire con una propuesta similar -como "Call TV"- es que su temática está basada en la "educación" del televidente.
Así, las baterías de preguntas del ciclo consisten en responder por verdadero o falso sobre conocimientos básicos de educación cívica o biología; descubrir la identidad de un prócer nacional (en el sentido amplio del término) según pistas que se proveen durante el programa o reconocer errores de ortografía en palabras no demasiado complejas, lo que contrasta desfavorablemente con los observados en los mensajes por celular que corren en una cinta en la parte inferior de la pantalla. La sección más festejada por la audiencia es, sin dudas, un ping pong de preguntas y respuestas a la usanza de "Feliz domingo para la juventud", con un extra en estudio que hace las veces de "participante" (completo con auriculares y una altísima proporción de "paso" a la hora de responder).
Conducido con un ánimo festivo a toda prueba por Santiago del Moro y una profesora tan atractiva como reacia a los avances del "alumno" animador, "Clase X" sufre de un problema común a todos los ciclos que pretenden contagiar euforia en lugar de crear diversión: en su intento por lograr que el ánimo no decaiga -para evitar, se supone, perder espectadores a manos de Morfeo-, toda otra consideración queda de lado, incluso, el contenido del programa mismo. Así, las "pruebas" se suceden una tras otra sin una mínima explicación de su mecánica, desaprovechando el suspenso y la participación en pos de una velocidad centrífuga que despilfarra sus momentos de ingenio nostálgico. Lo que contrasta con la disposición del público, más interesado en charlar que en los módicos premios en efectivo (y en el que los estudiantes son minoría). Quizás una duración menor a la hora actual podría dotar a la premisa del orden y la contundencia necesaria para no terminar convirtiéndose en una estudiantina de un solo hombre.






