
El clochard de televisión
Raúl Portal debutó ayer en Canal 9 con más de lo mismo
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"Upa el ánimo" es un programa que se inscribe plenamente en esa serie de producciones marca Raúl Portal cuyo punto de conexión es el absurdo inspirado en una suerte de pseudoterapia mediática.
El ciclo de dos horas, que comenzó ayer, a las 14, en Canal 9, lejos de ser un producto innovador resulta un revival de ideas y personajes a los que Portal recurre desde hace más de quince años con el objetivo de poner de buen humor al televidente.
Es cierto que en la vida real existe, por ejemplo, ese tipo de terapia alternativa en la que se postula a la risa -aun no motivada- como una actividad curativa. También es verdad que a no todas las personas les resulta atractivo este tipo de propuestas. E incluso se puede agregar que, para muchos otros, ideas como ésta no son más que pura ridiculez. De ahí que "Upa el ánimo", al menos desde su premisa básica, pueda ser consumido de distintas formas: como una salida reconfortante, como una imagen absurda aparecida en medio del zapping o como una invitación a apagar el televisor.
Ahora, como producto de televisión en sí, "Upa el ánimo" está muy lejos de la calidad a la que, cuanto menos, la pantalla chica debería aspirar. De hecho, no sólo está a años luz de "Perdona nuestros pecados", que condujo el propio Portal, sino que además representa un retroceso estético.
La presencia de una tribuna adepta a la tontería y al disfraz, más la inclusión, por caso, de personajes como el conde Drácula -que salió de un sarcófago ayer mismo igual que hace 17 años, para desafiar a quien intentara hacerlo reír-, son las cosas que convierten a Raúl Portal más que en un creativo, en un clochard de la televisión que guarda celosamente en su carrito una serie de objetos -no necesariamente útiles, nuevos o en buen estado- para exhibirlos, cada tanto, con orgullo.
"Upa el ánimo" se propone como un programa humorístico, como un dador de alegría. De hecho, en su debut, el conductor ocupó gran parte del primer bloque para explicar que, más allá de las malas noticias, es necesario hacer lugar al entusiasmo y rescatar los valores sociales.
Pero habrá que ver si, para que este ciclo cumpla con tales objetivos, además de la declamación de intenciones, bastan las danzas centroamericanas, las maracas, un armario para guardar papelones y algún que otro llamado a la solidaridad de los televidentes.






