
El día que paralizaron la Tierra
Fue el programa de cable más visto en los EE.UU.
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4400 personas desaparecidas a lo largo de más de cincuenta años -de una niña secuestrada cuando jugaba en el bosque, en 1946, a un adolescente raptado mientras tomaba cerveza, en 2001- vuelven a la Tierra dentro de una gigantesca bola luminosa sin haber envejecido un día desde su secuestro y sin tener la menor idea de qué les ha ocurrido mientras tanto. Para el resto del planeta, lo que parecía el fin de la humanidad -cuando fallan todos los intentos de destruir lo que hasta entonces se cree un cometa en curso de colisión con el planeta- se convierte en un nuevo principio.
Los 4400 desaparecidos encuentran, a su misterioso regreso, un mundo que los rechaza o que directamente ha desaparecido, llevándose a sus seres queridos con él. Nada tienen en común más que su extraña condición (el tiempo no ha transcurrido para ellos) y su situación de involuntarias pruebas de la existencia de vida inteligente en otros planetas.
"La historia está muy influida por lo que ocurrió el 11 de septiembre de 2001", dice Scott Peters, el creador de "Los 4400", la miniserie que estrena Universal hoy, a las 22, con un capítulo doble presentación; "cómo un acontecimiento puede cambiar el mundo y, en definitiva, cambiar quiénes somos y en lo que creemos. Eso fue el 11 de septiembre para nosotros: cómo reaccionamos en ese momento y cómo seguimos reaccionando frente a él. Antes del 11 de septiembre uno no miraba al resto de los pasajeros del avión en el que viajaba".
La miniserie se centra en las historias de quienes forman ese grupo de personas -bautizados por los medios, precisamente, "Los 4400"- y en las investigaciones de una dupla de agentes del Departamento de Seguridad Interior que deben vigilar su reinserción en la sociedad e investigar la posibilidad de que ya no sean los mismos que cuando se fueron (y que hayan sido cambiados para cumplir una misión que ni ellos mismos conocen). Para contar una historia que abarca el mundo entero, entonces, “Los 4400” tiene un nutrido elenco que, cuenta Peters, es una consecuencia de su estilo: “Soy fanático de los programas como «ER», donde la cantidad de personajes permite contar historias muy distintas. Lo necesitaba, porque teníamos demasiado que contar. Tenemos 4400 historias, además de las de quienes los investigan”.
Los detectives –que le deben mucho a los Mulder y Scully de “Los expedientes X”– tienen opiniones contrapuestas sobre las intenciones de estos “devueltos” (como los llama la serie). La científica Diana Skouris (Jacqueline McKenzie), considera que habría que estudiarlos, cual mutación peligrosa para la supervivencia del resto de la especie, mientras que Tom Bradley (Joel Gretsch), que tiene una conexión familiar con este grupo de personas, sólo quiere respuestas (sobre todo a “¿de dónde vienen?” y “¿por qué volvieron?”).
La ciencia ficción ha encontrado un lugar de importancia en el cable norteamericano desde el estreno de “Taken”, la miniserie de Steven Spielberg para HBO que también fue un éxito aquí. El temor por explorar un género muchas veces considerado únicamente para fanáticos, dice Peters, es superado por sus virtudes: “Lo bueno de la ciencia ficción es que permite establecer un paralelismo entre lo que ocurre hoy en día: los prejuicios, el miedo, las fundadas o infundadas restricciones de las libertades civiles. Sin embargo, creo que el éxito de la serie se debe a que trascendemos las barreras de la ciencia ficción. Lo único que le pedimos al público es que crea en la premisa: el resto es simplemente lo que le ocurre a la gente común y corriente enfrentada a un hecho impensable hasta entonces”.
Si bien el paralelismo entre la situación que plantea la miniserie y el Estados Unidos que dejaron los atentados a las Torres Gemelas son apreciables, Peters reconoce que hay un punto en el que la ficción se permite un final algo más esperanzado que la realidad: las víctimas cambian el mundo, pero aquí apareciendo nuevamente en las vidas de sus familias. “Actualmente, la TV norteamericana está centrada en historias familiares dentro de un contexto más amplio, en las que la vida familiar está irremediablemente ligada al trabajo. La preocupación por la seguridad hace que la gente, metafóricamente, mantenga a su familia muy cerca. Nuestras vidas han cambiado y probablemente esa sea otra de las razones por las que la serie impresionó a tanta gente”, agrega Peters.
A veces, menos es más
El mes pasado se confirmó que “Los 4400” volverá el año próximo en los Estados Unidos, con 13 nuevos capítulos. Esta nueva forma de programar ficción en los Estados Unidos es cada vez más frecuente en las señales de cable de ese país, donde se las denomina “series limitadas”, para distinguirlas de las series convencionales (que tienen entre 13 y 24 episodios por temporada) y las miniseries, que por definición no continúan sus historias. El éxito de “Los 4400” –cuyo estreno batió el récord de audiencia para el cable básico, con casi 8 millones de espectadores– cimentó una estrategia de programación que parece haber llegado para quedarse.
Dice Peters: “Creo que es un formato imbatible. Es el futuro, incluso para los canales de aire, porque tiene sentido desde el punto de vista creativo y comercial. Para el canal, invertir en 22 episodios de un programa que puede funcionar o no, cuando puede hacerlo con seis, achica los riesgos. Eso, por su parte, permite que las cadenas de TV tomen otros riesgos, programando ciclos complejos y novedosos. A nosotros, además, nos permite quemar las naves en esas seis horas, en lugar de 22. Lo difícil es encontrar un final que no deje al público de esos seis capítulos insatisfecho, pero que sea lo suficientemente abierto como para poder retomarlo después. La respuesta fue muy emocionante en nuestro caso: la gente amó u odió el final, aunque la mayoría de quienes lo odiaron creyeron que no íbamos a volver”.




