
El viaje que siempre vuelve a empezar
Canal Encuentro emitirá un ciclo documental que recobra las imágenes de esa travesía, 25 años después
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El viaje de Ushuaia a La Quiaca siempre está comenzando. Aquella gira épica musical y trashumante, que realizaron León Gieco y Gustavo Santaolalla en 1985, volverá a rodar en un especial de cinco capítulos para el canal Encuentro, que comenzará hoy, a las 20.30. El documental, filmado originalmente por el equipo que dirigía Daniel García Moreno durante la gira del proyecto, permanecía prácticamente inédito. Veinticinco años después, ese material fílmico con más de cincuenta horas de video y 100 horas de material musical, resulta una joya artística y testimonial tan imperdible como la serie de discos De Ushuaia a La Quiaca , que se editaron en los ochenta y se reeditaron en 2000.
"Queríamos ir a buscar el agua más pura, los manantiales de la música", cuenta Santaolalla, a propósito del espíritu motor del proyecto, en uno de los capítulos, en los que recuerda junto con León Gieco y Daniel García Moreno, las anécdotas de ese viaje, que marcó el encuentro entre la cultura rock y la cultura folklórica de la Argentina.
"Cuando llevé ese proyecto a Celasco, el dueño de la compañía, me dijo que no era lo que esperaba de mí. Todavía al día de hoy no sé cómo hizo Gustavo [Santaolalla] para convencerlo", recuerda León sobre las dificultades que aparecieron al principio del camino y se terminaron despejando con una obra increíblemente vital. "Para mí, el proyecto iba a ser un éxito y, en definitiva, con el tiempo, lo fue. Pero al principio pensaban que éramos dos locos", se ríe Santaolalla, en otro momento del primer capítulo presentación del especial Encuentros de Ushuaia a L a Quiaca, que se emitirá a lo largo de cinco lunes.
La serie va marcando las coordenadas de un viaje musical que sigue resultando novedoso y muestra a los músicos en su hábitat natural: El Cuarteto Leo tocando en un baile popular en Oncativo una versión cordobesa de "Sólo le pido a Dios"; "el Cuchi" Leguizamón relumbrando con su voz bagualera en la zamba "Maturana", o el emotivo dúo con Isabel Parra y León cantando al borde del canal del Beagle los versos de Violeta: "Cuándo será ese cuando, señor fiscal, que la América sea solo un pilar [...] que terminen los ruidos en la frontera, por un puñao de tierra no quiero guerra".
León cuenta en primera persona, como si fuera hoy, las distintas etapas de la mágica gira por diferentes puntos del país dividida para la serie en cinco capítulos: "Punto de partida", "A cantar y a bailar", "Canto cósmico", "La Quebrada" y "El viaje final". Los grandes momentos del viaje son rescatados por el equipo original en la actualidad- incluido el documentalista Daniel García Moreno, director de esta serie para Encuentro- a través de anécdotas y entretelones de la gira. Las imágenes completan el sentido integral del trabajo mostrando esa geografía, donde los músicos producían su arte (una de las claves artísticas del proyecto), que revelan las condiciones naturales donde nació su música de raíz.
Un cruce obligado
La belleza y rusticidad de los territorios que recorren León y Santaolalla dan un aire de road movie a la serie, que se alterna con entrevistas con protagonistas del proyecto, como Sixto Palavecino, "el Cuchi" Leguizamón y Leda Valladares, emblemas de esta cruzada musical.
Es el músico santiagueño y quichuista Don Sixto, uno de los que reconoce la importancia de este cruce entre dos músicos del rock de la nueva generación, como Santaolalla y Gieco, y los folkloristas regionales. "Ustedes son chicos que hacen esta música joven y yo los admiro -les decía Sixto-. A mí me preguntan por ser persona grande qué me parece y les digo siempre que me parece bien. Ellos tienen que hacer una nueva modalidad. La misma evolución de la vida obliga."
El aire visionario de Sixto resonaba con el espíritu del proyecto. El encuentro musical De Ushuaia a La Quiaca marcó un punto de inflexión en las futuras generaciones. Fue un proyecto fundamental para la música argentina. Tan clásico y regional como moderno y adelantado a su tiempo. Muchas de las fusiones de hoy en día no hubieran sido posibles sin esa dimensión de amistad musical, que nació en ese viaje a la identidad a mediados de los ochenta. Para entenderlo sólo hace falta escuchar y ver a León tocando su guitarra de cuerdas de acero, Sixto tocando su violín y cantando en quichua, un joven Peteco Carabajal tocando el bombo y un inventor como Elpidio Herrera con su sacha guitarra, haciendo una chacarera en medio del monte santiagueño. Inolvidable.






