Entre la justicia y el puro show
"La corte", talk show sobre temática judicial conducido por el Dr. Mauricio D´Alessandro. Locución: Lalo Mir. Escenografía: Ximena Scalfaro y Lisandro Moroni. América, de lunes a viernes, a las 13.
Nuestra opinión: Regular
"La corte" es el intento más acabado de la TV argentina de acercarse al modelo de talk show con temática judicial que es característico en la pantalla chica norteamericana. Allí, con distinto grado de severidad, pero sin ahorrar impacto, distintos "magistrados" (hombres y mujeres) dan sus veredictos frente a planteos que, por lo general, enfrentan a dos personas sobre diferendos personales y mínimos.
En este sentido, "La corte" va mucho más allá que "Forum", hasta ahora el antecedente directo más claro de este tipo de experiencias televisivas. En aquel ciclo de Canal 13 que orientó el ex fiscal Luis Moreno Ocampo en 1997, ese tipo de litigios se discutía y resolvía claramente a partir de la aplicación de cuestiones de derecho. Cada vez que Moreno Ocampo se pronunciaba, una relatora acompañaba el "fallo" con su respectivo fundamento jurídico extraído de las leyes y los códigos en vigor.
Aquí, el conductor del programa se define todo el tiempo como "amigable componedor (AC), que decide en estos casos "de acuerdo con su leal saber y entender". El abogado Mauricio D´Alessandro -figura conocida para quienes siguen la actualidad periodística en el cable- se sitúa dentro del ámbito de la justicia arbitral y su desempeño cumple, por lo general, los requisitos básicos de esta actividad. En casos como los presentados en el programa, la función del AC es resolver sólo los puntos conflictivos sometidos a su decisión sobre cuestiones de hecho y de derecho de carácter privado y emitir un laudo arbitral que, en principio, las partes se comprometen a acatar.
Al igual que en "Forum" y en los programas clásicos de este género de la TV norteamericana, el "juez" de este programa goza de una amplia libertad formal de procedimiento. Pero al mismo tiempo se ve obligado a cuidar permanentemente las formas al quedar sujetado deliberadamente a una puesta en escena que le exige a rajatabla cumplir con ciertos requisitos: por un lado, el magistrado debe transmitir en todo momento severidad, acentuar el gesto adusto y utilizar un lenguaje jurídico; por otro, su desempeño tiene lugar en una sala con todas las características de un tribunal y el juez "dicta sentencia" desde un estrado, con la ayuda del clásico martillo que golpea dos veces antes de pronunciar, solemnemente: "Caso cerrado".
Conflictos que se escapan
La aparente rigurosidad de este dispositivo deja de ser tal cuando los conflictos planteados, dos por emisión, comienzan a escapar de su marco de referencia originario para convertirse en problemas muy parecidos a los que estallan a diario en cualquier otro talk show. Aquí, los llamados "conflictos de menor cuantía" que se someten al laudo del AC son de múltiple origen (de un enfrentamiento entre dos personas a partir de un despido a los vecinos que discuten por las deposiciones de un perro y a las amigas que se enfrentan porque una de ellas dañó, aparentemente, la ropa de la otra), pero también en este caso parece haber aquí un afán deliberado por subrayar los aspectos más ruidosos, extravagantes y ambiguos, que por lo general no coinciden con el fondo de la cuestión planteada.
Que "La corte" adoptó un peligroso giro en dirección hacia el escandaloso tono que caracteriza, por ejemplo, a "Entre Moria y vos", quedó demostrado hasta ahora al menos dos veces: primero, en el caso de un insólito conflicto de pareja planteado a partir de un loro que habría pronunciado el nombre de un presunto amante de la mujer y, más tarde, en una demanda por la posesión de una oveja, en la que D´Alessandro (con una ironía que no parecía involuntaria) llegó a alentar inequívoca y peligrosamente un supuesto caso de zoofilia, algo a todas luces inconveniente para el horario en el que se transmitía el programa.
El camino elegido se torna incontrolable: los litigantes discuten a los gritos, se alienta entre ellos el costado más escabroso o risible del conflicto y los casos, en vez de atenuar su carga a favor del apaciguamiento al que tendría naturalmente que llevar la aplicación de la justicia, terminan amplificando su tono escandaloso y acercándose riesgosamente al show. De seguir así las cosas, no sería extraño que muy pronto alguna de estas disputas termine a los golpes o con alguna derivación digna de ser reproducida por "PNP" o "TV registrada".
Cabe reconocerle a D´Alessandro su paciencia y una permanente disposición para respaldar sus afirmaciones con citas jurídicas, pero también hay que decir que por momentos luce vacilante y se deja llevar por la vehemencia de las discusiones, perdiendo de vista cuál es el verdadero eje de la controversia que es sometida a su decisión. Así, el programa no parece el camino más adecuado para que los protagonistas de las controversias (por lo general de humilde extracción socioeconómica) y los espectadores puedan tener una idea más acabada de cómo se aplica la justicia en estos casos.
Cuesta asociar la invitación que aparece cerca del final de cada emisión ("Haga valer sus derechos y consulte siempre a un abogado") con el perfil de un programa que eleva todavía más las dudas del público con relación al funcionamiento de nuestro sistema de justicia y ratifica que cada vez que la TV quiere hablar de estas cuestiones ocupando el lugar de aquél no hace más que generar mayor confusión.




