
Esta vez se fue un hombre
Anteanoche, Gran Hermano fue el ciclo más visto de la TV
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Tarde o temprano tenía que llegar el momento. Anteanoche, el público de Gran Hermano decidió que ya era tiempo de darles un descanso a las habitantes femeninas de la casa y expulsó al primer concursante masculino. Se trata de Damián Fortunato, el rosarino que empezó el juego siendo el chico que había trabajado en un local de striptease masculino y terminó como el resistido líder de una de las camarillas que ya existen en la casa. Pero claro, tanto intentó el fanático de Newell s ponerse al frente de los dimes y diretes del encierrro, tanto se le transparentó la convicción de que llegaría a la final, que el público decidió que era tiempo de bajarle los humos. Así, Damián fue echado con el 60,2 por ciento de los votos. Y el público se acercó, ávido, para ver cómo salía el primer varón de la casa.
Anteanoche, Gran Hermano midió 27 puntos de promedio y fue no sólo el programa más visto del día sino también el más visto del ciclo en lo que va de su versión 2007.
Entre las lágrimas de algunas, especialmente de su amiga Nadia, y los abrazos de todos, Damián dejó la casa para ingresar al estudio donde lo esperaban familiares, amigos y Jorge Rial, dispuesto a mostrarle que la perspectiva sobre el juego que tienen quienes están dentro de la casa es tan distorsionada como equivocada. Pero lo cierto es que a un mes del comienzo del programa recién ahora la trama que mezcla la competencia con la convivencia empieza a espesarse. O a volverse todo lo interesante que permite el funcionamiento de este juego. Malas intenciones y malentendidos se combinan con la inestabilidad que genera el encierro al que se sumó esta semana una prueba en la que los participantes fueron sometidos al peor de los castigos de los ociosos: la privación del sueño.
Más allá de que terminaron superando el desafío impuesto, éste dejó sus consecuencias: diálogos más incoherentes de lo habitual, malhumores incontrolables y peleas que bordearon el absurdo como esa en la que se enredaron Agustín y Nadia por una cucharada de gelatina. Pero, después de todo, ésa es la esencia de Gran Hermano, ese laboratorio de comportamientos sociales que funciona gracias a la materia prima que le aportan los concursantes encerrados, rodeados de cámaras intrusas que los siguen, pacientes, esperando captar las quebraduras en las armaduras de civilidad y buen compañerismo.
Anteanoche, Damián, ya desde el otro lado del juego, pudo comprobar que las apariencias engañan, pero no duran para siempre sino apenas dos meses más, hasta que el programa salga del aire.




