
Fernando Peña: el artista de la provocación
Murió ayer la figura polémica y multifacética, que dividió aguas con su estilo áspero y frontal
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Víctima de un cáncer, el actor Fernando Peña falleció en la tarde de ayer a los 46 años en la clínica Alexander Fleming, de esta capital, donde había sido internado tres días atrás. El anuncio del deceso fue hecho por el animador Matías Martin en FM Metro, donde Peña era figura y hace muy poco –el 30 de abril último– festejaba los diez años de su exitoso ciclo El parquímetro con una transmisión especial de 14 horas ininterrumpidas.
Nacido el 31 de enero de 1963, en Montevideo, hijo del reconocido y polémico periodista deportivo Pepe Peña, fue una figura multifacética y dueño de un incansable espíritu provocador. Su estilo irreverente, su manera de decir lo que sentía y lo que le parecía no sólo acumulaba multas del Comfer, sino también seguidores que se sentían identificados con sus decires y detractores de dos tipos: aquellos que se escandalizaban y quienes, simplemente, no compartían su manera absolutista de pensar.
A comienzos de 2001 dijo: "La muerte es una obsesión. Desde hace seis o siete años vengo con esta idea de que ya está, de que me encantó pero ya está. Y no es que le huya a algo. Lo que pasa es que me aburro todo el tiempo". Portador de VIH, Peña contrajo el virus en 1987 a través de su pareja, que falleció por el mismo motivo. Se enteró de esa condición en 2000, año en el que desarrolló un linfoma agudo inextirpable. Luego de un severo tratamiento de quimioterapia y cócteles de drogas, logró minimizar la carga viral hasta volverla casi indetectable. "Estaba cuatro días por semana, las 24 horas, conectado a la máquina de quimio. Y a la semana me empezaban los dolores, los calambres, la falta de aire, me dolía todo. Pero, bueno, lo eliminé", confesaba por entonces.
Aunque, según sus propias palabras y los comentarios de sus allegados, ya estaba "cansado". Llegó a decir a LA NACION: "Nunca fui tan feliz como cuando tuve cerca a la muerte. Sentí una paz interna tremenda, una enorme felicidad y una alegría desconocidas". En los últimos tiempos, las preocupaciones sobre su salud reaparecieron, pero a través de un cuadro oncológico. Sólo con el agravamiento del mal fue dejando sus múltiples compromisos: la radio (siguió casi hasta el final conduciendo desde su lugar de internación), el teatro (debió cancelar hace tres semanas su última obra, Diálogo de una prostituta con su cliente ), columnas semanales en el diario Crítica y una gran exposición mediática. La última fue el 17 de mayo, en DDT , el ciclo de Jorge Lanata, frente a Luis D´Elia. Antes, Peña había sido el primer destinatario concreto de los odios del dirigente piquetero, que anoche hizo públicas sus condolencias.
Un actor en el aire
Peña empezó a estudiar actuación a los 15 años junto a Hedy Crilla, y siguió aprendiendo con profesores de la zona norte del Gran Buenos Aires, donde vivió la mayor parte de su vida. Su primera obra teatral fue Shadow Box (1982), en el teatro de Icana, hablada enteramente en inglés. El dominio de ese idioma lo llevó a trabajar varios años como comisario de a bordo en una aerolínea norteamericana (su libro de memorias, Gracias por volar conmigo, se convirtió en un best seller) y ése fue su pasaporte a la fama.
Durante un vuelo tomó el micrófono y les habló a los pasajeros como la cubana Milagritos López, su personaje más querido. Entre los oyentes estaba Lalo Mir, quien no dudó en convocarlo y contratarlo para la radio. Esa fue su primera tribuna.
Pasó por Horizonte (junto a Elizabeth Vernaci), Rock & Pop (con Mir), Energy y la Metro con populares personajes como Palito, Mario Sabino, Martín Reboira Lynch, La Mega, Roberto Flores, Dick Alfredo y Albert. Su mayor éxito en ese medio, junto a Diego Ripoll, fue El parquímetro , blanco del Comfer en tantas oportunidades que debió ser levantado en 2001.
La masividad le llegó a través de la televisión. Un buen día, la curiosidad de Susana Giménez por conocer al hombre de las mil voces la llevó a invitarlo a su programa. "¡Los productores empezaron a correr por todos lados y me pusieron la musiquita!", recordaba hace poco entre carcajadas. Fue cuando se le ocurrió definirse en una forma que lo caracterizaría: "Soy un puto sufrido". A partir de allí se hizo tremendamente popular en muy pocas semanas.
Precursor e irreverente
De algún modo fue el precursor del "destape gay" en la TV y algunas de sus irreverencias aún se recuerdan. Como cuando en Marcapasos , con Nancy Pazos, ofreció una parte de su anatomía para regalársela al ex presidente Fernando de la Rúa. En la pantalla chica fue siempre el mejor invitado, pero nunca le fue bien al frente de un ciclo. Los pocos intentos resultaron fracasos: Gemelos , Petti en vivo , Isla flotante .
En 2004 personificó a un jugador de ruleta rusa en la miniserie Epitafios, y en marzo último hizo una participación especial para Los exitosos Pells : interpretó a un novio de Charly (Diego Reinhold), que se lo llevaba a un crucero. Antes, había protagonizado un muy comentado almuerzo con Mirtha Legrand, en agosto de 2008. Allí, en un momento, Mirtha le preguntó si se drogaba. "Yo no soy ningún rockerito de esos que dicen «aguante la droga». Es algo peligrosísimo y mata, pero yo la consumo. Detesto las palabras apología y discriminación. La cocaína es mala, pero yo la elegí y ahora tomo cuando quiero. Y aunque sea mala me pega bien. No tengo culpa ni la quiero dejar, pero no se la recomiendo a nadie", reconoció.
Peña siempre fue consciente de la división de aguas que alentaba con sus drásticas posturas. "Para un sector del público yo soy el transgresor de la tele. Para otro soy un genio que hace mil voces en la radio. Y, para otra gente, los menos, soy un actor", pregonaba. Es que precisamente su ámbito más querido era el teatro. Casi todos sus espectáculos fueron un éxito y acostumbraba poner en escena más de uno al mismo tiempo, como cuando representó en el Liceo Mugre reeditada y La burlona tragedia del corpiño , esta última compartida en el escenario con la señora que lo cuidó siempre y con su ex novio Juan Pablo Mirabelli. En su trayectoria teatral también merecen destacarse diferentes versiones de Mugre y Esquizopeña , además de My Name is Albert With an A...
Intimo amigo de Betty Elizalde y Lalo Mir, estuvo acompañado hasta sus últimos minutos por sus seres queridos. Jamás le molestó hablar públicamente de su vida privada ni que las cámaras lo tomen en momentos que podrían considerarse de absoluta intimidad (ver recuadro) o que podrían despertar la ira de algún otro famoso.
"Para mí -reflexionó en una oportunidad- el artista no tiene que tener privacidad. Esta y el arte son dos cosas incompatibles. El público tiene que saber hasta lo que tenés en el último tramo del intestino. Tiene derecho a que te sometas a biopsias periódicas. Estoy totalmente convencido de eso. Si no, ¿para qué hacés arte? Si no, sos Susana Giménez, no sos un artista. El artista es una pobre víctima. Yo soy una pobre víctima."
Los restos de Fernando Peña comenzaron a ser velados a partir de las 21 en el salón Montevideo de la Legislatura porteña. Se trata de una prerrogativa concedida sólo a quienes son ciudadanos ilustres de la ciudad de Buenos Aires, pero en este caso las autoridades hicieron una excepción, debido a los pedidos formulados por varias personalidades de distintos ámbitos.




