
Fin para un triste modelo
Hay por lo menos una razón para imaginar que el adiós de "Zap" puede convertirse en el principio del fin del triste modelo de pantalla chica procaz, ramplona, ordinaria y vulgar que desde hace un buen tiempo se adueñó de una franja horaria contraria a su condición de TV marginal.
El programa se cerró el viernes último, a las 16, con espíritu de estudiantina y un aire lo suficientemente festivo como para dejar en claro que no había que tomar en serio ninguna de las extravagancias que conformaron la matriz de esta curiosa experiencia.
En el momento de la despedida, "Zap" eligió mostrar todas las cartas utilizadas en su "juego" televisivo. Si alguien todavía tenía alguna duda, el viernes se comprobó sin sombra de duda que todas las peleas, los agarrones, las competencias de lanzamiento de vasos con agua y el torneo de insultos protagonizados por el elenco estable del programa no eran más que el resultado de una puesta en escena calculada y casi sin detalles librados al azar.
¿Cómo no asociar semejante estrategia con la lógica que rige en otros programas de la misma franja horaria y similar código genético ? Porque "Zap" no era otra cosa que la expresión más extrema, surrealista y delirante de una fórmula que consiste en sobreexponer conflictos y enfrentamientos en los que las caras son siempre las mismas: un minúsculo "elenco estable" -ya lo hemos mencionado más de una vez desde esta columna- que se vale de programas así para conseguir un espacio de promoción rápido y garantizado.
Involuntariamente o no, "Zap" desnudó al irse su razón de ser. Y dejó al descubierto que forma parte de una familia televisiva ("Intrusos", "Rumores", "Implacables", "Indomables") fiel a la misma realidad virtual y capaz, por ejemplo, de desnaturalizar un género tan trajinado por la TV a lo largo del último medio siglo como es el de las noticias de la farándula.
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"Lo más interesante es que se trató de una discusión en serio", dijo Carlos Ulanovsky el jueves último, como invitado de "Televisión registrada", luego de observar un fuerte contrapunto verbal frente al caso de los vendedores callejeros de Retiro entre Beto Casela y Oscar González Oro, dos de los conductores de "Cotidiano".
Con su habitual agudeza, Ulanovsky marcó claras diferencias entre esa agitada discusión y otros "altercados" no tan espontáneos seleccionados por "Televisión registrada" entre la generosa oferta que nuestra excéntrica TV ofrece cada tarde.
Lo dijo un día antes de que "Zap" diera las hurras y dejara su lugar a los viejos y siempre eficaces episodios de "Superagente 86", con los que Canal 9 reincide en la cuerda del disparate, pero al menos deja en claro cuál es la diferencia entre la ficción y la realidad.
Los artificios que ponían en marcha a "Zap" son los mismos que conforman la maquinaria esencial de la TV chapucera. Ahora, al quedar palmariamente al descubierto que la mayoría de sus "escándalos" son meros simulacros propagandísticos, no sería extraño que de a poco esta triste experiencia deje de ocupar el lugar central al que sólo podía llegar en circunstancias tan atípicas y confusas como las que afectan hoy a muchas instituciones argentinas.




