
La importancia del casting
Extendida a lo largo del planeta como muchas otras expresiones de habla inglesa gracias al poderío globalizado de la industria del entretenimiento, la palabra casting es una de las más recientes incorporaciones a nuestro diccionario televisivo de usos cotidianos. De origen inequívocamente cinematográfico, la voz "designa a la actividad dedicada a la búsqueda, evaluación y selección del cuerpo de actores necesarios para un film", según la definición del crítico e investigador Eduardo A. Russo en su "Diccionario del cine".
Si el término logró entre nosotros traspasar las fronteras de la pantalla grande en dirección al mundo de la TV y adquirir alguna significación, aun en las charlas hogareñas de todos los días, hay que reconocerle por sobre todo el mérito mayor a Adrián Suar. Con el tiempo, los televidentes locales han descubierto que los programas de ficción que Suar desarrolla desde 1994 a través de su productora Pol-ka se apoyan en buena medida en un cuidadoso y meditado proceso de elección de los repartos.
* * *
Apropiadamente retratadas como historias corales, las ficciones de Pol-ka (de "Poliladron" a "Son amores", sin excepción) albergan verdaderos equipos actorales, en los que los papeles principales y de reparto a menudo suelen confundirse o intercambiarse, y cuya presencia responde a varios ejes básicos: el lanzamiento central de figuras procedentes de otros ámbitos televisivos, la consolidación como estrellas principales de figuras jóvenes de buena llegada en ese sector del público, la recuperación de nombres relevantes de otros tiempos rescatados del ostracismo, la convocatoria a apellidos reconocidos en distintas actividades (el periodismo, la música) para hacer de sí mismos pero con roles ficticios y el aporte de actores de sobrado prestigio teatral para sumarse a historias livianas en condiciones de no atenuar su reconocido talento.
El resultado está a la vista, más allá de la dispar adhesión que hayan alcanzado los ciclos de Pol-ka en casi ocho años. Y no faltaron quienes saludaron a Suar como el artífice de una suerte de recuperación del papel del actor, individualmente y con sentido de conjunto, en un medio poco afecto hasta allí a apostar en forma permanente a las producciones de ficción. El éxito de "Son amores" ratifica este año ese camino, que se mantiene desde el comienzo de la experiencia de Pol-ka sin mayores alteraciones.
Hasta que el mejor programa de este año (y probablemente la historia de ficción más lograda de varios años a esta parte en la pantalla chica local) llegó para hacer un nuevo aporte y mejorar en términos cualitativos las reglas del casting televisivo. En forma más silenciosa y sutil que los ciclos de Pol-ka, "Los simuladores" también puede sorprender y deslumbrar desde la forma en que elige hasta al más ínfimo participante del reparto, sobre todo porque los responsables del programa creen a pies juntillas en el valor de la historia como ámbito del que surgen los personajes y no al revés.
Con gestos minúsculos y en apariencia impersonales, sin alardear ni exhibir tics porque el guión y las cámaras los cuidan hasta el más mínimo detalle, los intérpretes fijos u ocasionales de las fascinantes historias de "Los simuladores" alcanzan el máximo logro de una historia de ficción: lograr que los espectadores se apasionen con ellos, los admiren o los rechacen y, en los casos más complejos, disfruten su ambigüedad.
Junto a nombres consagrados o poco conocidos y a Damián Szifrón, creador del programa, los cuatro protagonistas, Federico D´Elia, Diego Peretti, Alejandro Fiore y Martín Seefeld, escriben desde hace unos meses un nuevo capítulo en la mejor historia de la interpretación dentro de nuestra TV. Y, de paso, le están brindando al público inmejorables pistas para que puedan descubrirse los secretos del mejor aprovechamiento posible del casting, una palabra que llegó a la pantalla chica para quedarse.






