
La otra mujer policía
La creadora de "Cold Case" habla de este policial atípico
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LOS ANGELES.- Tanto Kathryn Morris como Meredith Stiehm -protagonista y creadora de la serie policial "Cold Case", respectivamente- saben que lo suyo es una rareza. Un programa policial hecho por mujeres sobre una mujer detective, en el que la investigación del asesinato de la semana no requiere persecuciones en auto, lluvias de balas ni aparatos de la última tecnología, sino más bien lo que antes se denominaba "trabajo detectivesco": largos interrogatorios, visitas a víctimas y sospechosos, detenida observación del expediente en cuestión, y el uso de la lógica y la intuición por partes iguales.
"Los detectives de casos no resueltos tienen como característica distintiva el no rendirse jamás. Los policías me han contado de casos en los que trabajan desde hace 12 años, en los que han visto a los asesinos empezar como pandilleros y convertirse en jefes, y todo ese tiempo estuvieron seguros de atraparlos algún día", dice Kathryn Morris, quien mantiene un contacto cercano con los detectives -todos hombres- en los que está basado su personaje.
Lo que diferencia a "Cold Case" (que se ve los miércoles, por Warner) de otras series policiales -incluso de otros programas del ubicuo Jerry Bruckheimer, como "CSI" y "Without a Trace"- es que los casos que se investigan no han sido resueltos por la división de homicidios de Filadelfia, donde transcurre la historia. Por lo tanto, el trabajo de Lily Rush es probar a los asesinos que -contra lo que ellos creen- no han cometido el crimen perfecto después de todo.
Las historias y los casos que cuenta la serie, entonces, están centrados tanto en la narración del asesinato en sí con el que comienza cada capítulo, como en sus consecuencias en las vidas de los involucrados. Por eso es que -dice Meredith Stiehm, su creadora- el pasado se convierte en protagonista; en el mundo en el que los deudos y los asesinos han quedado atrapados hasta que se haga justicia y el círculo se cierre. Lo que, por otra parte, permite estupendas reconstrucciones de época y otorga la oportunidad para hablar de temas sociales y políticos que, de otra manera, sólo podrían tocarse tangencialmente. "Los mejores programas policiales, creo yo, son aquellos en los que el crimen es reflejo del estado del mundo, de sus problemas específicos, como la época de la segregación racial", explica (hoy, casualmente, se verá el episodio "Strange Fruit", en el que se reabre el caso de un joven negro asesinado a comienzos de los 60).
Historia del crimen
Cuando se le pregunta a Meredith Stiehm por los orígenes de la historia -si primero fue Lily Rush o los crímenes que investiga-, explica que todas sus creaciones han tenido que ver con el policial: "No sé de dónde sale mi obsesión con el crimen. Creo que tiene que ver con la admiración, porque nunca podría hacer su trabajo: no podría pasar mi vida mirando cadáveres y diciéndole a la gente que ha perdido a un hijo. Además, me fascina descubrir lo que la gente es capaz de hacerle al prójimo. Es un tema que jamás me ha aburrido".
No hay más que mencionar lo infrecuente que es hablar de las bondades del policial con una mujer para que Stiehm -con una de esas voces bajas y pausadas que inevitablemente hipnotizan a la prensa internacional- comience a explicar una teoría que sostiene desde hace muchos años y que se resume en esto: lo que hace falta no es más mujeres detectives, sino más mujeres detrás de cámaras. "Los hombres se sienten más cómodos escribiendo personajes masculinos, y hay aún menos mujeres creando programas nuevos que protagonizando series policiales. El problema no es la calidad de la escritura, sino el estar a cargo de un programa. Sólo hay cinco o seis mujeres showrunners, que llevan las riendas de un programa. Conozco como son las cosas porque fui, durante cuatro años, la única guionista de «Policía de Nueva York»", afirma.
No se necesita ser Lily Rush para sospechar que hay mucho de autobiográfico en esta mujer que se abre paso en un mundo de hombres. "Probablemente, haya mucho de mi experiencia en Lily Rush. Lo que la hace interesante es que no está perfectamente vestida, maquillada y peinada para combatir el crimen. Es vaga, desarreglada y trabaja demasiado", dice Stiehm con una sonrisa, mientras alisa los pliegues de su pollera.





