
"La química no se construye, sucede"
Cauã Reymond, la estrella de Avenida Brasil -que anoche se despidió de la pantalla chica local-, cree que el estilo de la tira marca el comienzo de una nueva era en las telenovelas brasileñas, más cerca del cine
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Sobre el fenómeno Avenida Brasil se dijo todo: que es un colorido y fiel retrato de las transformaciones sociales que vivió Brasil en los últimos años, que revolucionó el género con personajes mucho más complejos que los que convencionalmente presentaba la telenovela, que su realización subió la vara de los estándares de calidad de la televisión, que tuvo la villana perfecta... Y sin dudas, dentro de la larga lista de razones que intentan explicar la dimensión de este éxito sin precedente se anota Cauã Reymond (para las fanáticas, Jorgito), el galán que hizo suspirar a continentes enteros y que en la Argentina tiene (literalmente) cuadras y cuadras de admiradoras.
El camino de Reymond es un camino de transiciones. Desembarcó en la actuación luego de pasar por el modelaje y antes, por las artes marciales (fue durante varios años cultor del jiu-jitsu). Se formó como actor en los Estados Unidos y volvió a Brasil para convertirse en protagonista de sucesivos éxitos, algunos de Joao Emmanuel Carneiro, el libretista de Avenida Brasil, a quien, por cierto, Reymond considera "es el autor más talentoso de la nueva generación".
Hoy, luego de atravesar este verdadero hito en su vida y su carrera, además de protagonizar importantes proyectos en televisión, el actor vuelve a probarse en nuevas aguas, comenzando a incursionar en la producción de cine. En medio de la enorme euforia que despertó su llegada al país, conversó con la nacion antes de participar de la despedida de la tira de Telefé en el Luna Park.
-¿Cuál fue para vos el gran atractivo de Avenida Brasil?
-Creo que es un conjunto de atractivos. El texto de João Emmanuel [Carneiro] da ambigüedad a los personajes. También tiene una dirección que favorece la improvisación, no siempre, pero sí en muchos momentos. Y después hay un muy buen equipo: en la dirección de fotografía, en vestuario. Y luego llegan los actores para dar vida a todo eso y para poder crear. Eso es muy importante: tener un grupo de actores que se propongan no sólo ejecutar, sino también crear juntos.
-La novela marcó un antes y un después en la historia en la TV de nuestro continente. ¿Cómo modificó tu historia personal?
-Bueno, Avenida Brasil marcó a Brasil como creo que viene marcando a América latina también, no sólo a los argentinos: fue la novela más vendida de la Red Globo. En mi caso personal, el nacimiento de mi hija sucedió durante la novela, y eso es un hito para cualquier ser humano. También fue muy importante participar de un proyecto tan avasallador.
-Criar a una hija pequeña, con todo lo que implica tu popularidad, no debe de ser fácil...
-Intentamos darle la mayor privacidad posible, porque es una niña y no está en condiciones de poder decidir si quiere o no participar [de la popularidad].
-¿Cómo evolucionó tu química con Debora [Falabella]?
-Yo creo que la química no se construye, la química sucede. Debora es una actriz con mucha experiencia. Cuando comencé a trabajar, ella ya era protagonista en la Globo, es muy talentosa. Para mí fue una gran experiencia trabajar con ella. Tuve la suerte de trabajar con muchas jóvenes actrices que admiro y continúo con esa suerte.
-¿Cuál fue la inspiración para componer a Jorgito?
-Un jugador de fútbol con quien conversé mucho. No puedo decir su nombre. Siempre tenía problemas emocionales. Busqué así la comprensión de cómo un amor que nace con la dificultad se fortalece con el paso del tiempo, que no es como un amor común, que se construye en un lugar diferente, y se sustenta como un lazo de sangre. Creo que eso se produce en el encuentro de Batata y Nina cuando son pequeños.
-¿Te costó la transición del modelo al actor?
-No. Creo que lo más difícil fue la transición del luchador al actor. El modelaje no es una profesión muy buena para un hombre: se sufre mucho y se gana muy poco. Yo trabajé poco tiempo como modelo, sólo tres años. Fui luchador durante más tiempo, pero lo abandoné para poder ser actor, para poder ampliar mis horizontes.
-¿Cuán familiarizado estás con lo que se produce en la Argentina? Dijiste que admirabas a Ricardo Darín y a Pablo Trapero...
-Sí, sobre todo he visto cine argentino. Nosotros no tenemos mucho acceso a la TV argentina. Me alegra mucho la sociedad que conformó Telefé con Globo y espero que sirva para que puedan ver otras cosas que estamos haciendo y que lleguen productos interesantes de Telefé allá.
-¿Cómo sigue tu carrera después de Avenida Brasil? ¿En qué dirección te gustaría seguir?
-Tuve la posibilidad de hacer una miniserie llamada Amores robados; después hice una serie al estilo norteamericano, Cazador. Va una vez por semana y le está yendo muy bien en Brasil. Paralelamente, vengo produciendo y coproduciendo algunos films. Uno de ellos es Alemão, que es un film de bajo presupuesto que habla sobre la invasión del Complejo do Alemão... Llegamos ya a un millón de espectadores y ahora, en el segundo trimestre, van a lanzar un film sobre Tim Maia, en que estoy coproduciendo y también narro.
-¿Qué te atrajo del rol de productor?
-Creo que significa salir de un lugar más pasivo, que es común en el actor, y poder estar en un lugar más activo, de elegir y expresar una opinión, aunque la tuya no vaya a ser la opinión final. Además, es un plan B [ríe].
-La TV parece estar atravesando un momento único. ¿Sentís que es también una era de oro para la industria brasileña?
-Especialmente, con la llegada del nuevo CEO de Globo, veo un acercamiento a la calidad. No quiere decir que nosotros no tuviéramos calidad antes, pero veo deseos de producir contenidos con profesionales diferentes, aproximándose a ese lenguaje cinematográfico. Veo también ganas de cambiar el formato y los tiempos de nuestras novelas. Creo que Avenida Brasil es precursora en ese sentido, por tener imágenes diferentes y un lenguaje dramatúrgico como el de Carneiro, que se acerca al de las series norteamericanas, que sabe cómo tener ansioso al espectador por descubrir qué pasará.
Intenso y sorpresivo
Si hubiera que darle un título al capítulo final de Avenida Brasil, podría ser algo parecido a "La redención de Carmiña". Luego de haberse consolidado como la villana más mala de todas, el personaje encarnado por Adriana Esteves termina salvando las vidas de Nina y Tifón, quitándole el arma a Santiago, su malvado padre, e hiriéndolo. Aún cuando nadie lo sabía, ésta fue la segunda vez que Carmiña salva la vida de su archienemiga Nina. También lo hizo en el último ataque de Max, su amante. Sí, fue la propia Carmiña -y no Lucinda- quien terminó con la vida del perverso Maxwell antes de que él matara a Nina. Pese a que sobre el final decide salir de su espiral de ambición y odio, la villana es condenada a tres años de prisión.
En la cárcel, recibe la visita de Lucinda (después de todo, es Carmiña quien salvó a Lucinda de sufrir una segunda condena por otro crimen, uno que no cometió, y ambas son víctimas de Santiago).
Durante el tiempo que Carmiña está presa, Nina queda embarazada. El día que recobra su libertad, afuera la espera Lucinda, quien la lleva al Tiradero (ese lugar al que Carmiña prometió no volver jamás) y comienza a vivir con ella. Allí la visitan Nina, Jorgito y su pequeño hijo (que es, además, nieto de la otrora villana). Los personajes más antagónicos de esta ficción terminan fundiéndose en un abrazo y se perdonan mutuamente. El capítulo cierra, inteligentemente, con un partido de fútbol en el que sale victorioso El Divino, el equipo del galán. Arrepentimientos, trasformaciones, hijos, amor y fútbol: Nada le faltó al final de la telenovela mais grande do mundo.




