Los ricos no piden permiso: lo que dejó el primer capítulo

Crédito: El Trece
Nuestras primeras opiniones sobre la novela protagonizada por Luciano Castro, Araceli Gonzalez y Juan Darthés, que fue lo más visto del lunes, con 16,4 puntos de rating
Ricardo Marín
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12 de enero de 2016  • 10:01

Las vicisitudes por las que atravesarán los miembros de la familia Villalba, poderosos terratenientes, arrancaron ayer con el primer episodio de Los ricos no piden permiso , que midió 16,4 puntos de rating en la pantalla de El Trece. Se trata de una telenovela de lo más clásico del género, con personajes acaudalados que pelean por el poder y el dinero, sirvientes que defienden su dignidad, historias de amor entrecruzadas y una trama de fantasía y misterio, encarnada en una laguna que posee cualidades mágicas. Vale la pena detenerse en algunos elementos de la historia y los personajes que se vieron en esta primera entrega.

El primer capítulo

El desarrollo en general del episodio presentación de esta tira estuvo bien diseñado. La excusa de la boda de Agustín Villalba (Gonzalo Heredia) y Josefina Mansilla (Eva De Dominici), que reunió a todos los personajes de la historia, permitió pasar revista de la personalidad, el pasado y la función que cumplirá cada uno de los personajes. En medio de las situaciones que se crearon alrededor de este acontecimiento también se pusieron sobre la mesa los conflictos que existen entre los miembros de la familia Villalba y las atracciones que despiertan en los habitantes de la estancia, lo que dará lugar a las diferentes romances. La secuencia de las escenas de la boda no fue lo más logrado: el ritmo no transmitía un clima de fiesta. Faltó además un trabajo que consiguiera aglutinar los distintos cuadros para que hubiera una sensación de situación única.

La realización

Sin dudas, lo más logrado de la tira: desde la elección de las locaciones hasta el trabajo de fotografía, pasando por el manejo de cámaras y la edición, demuestra un trabajo profesional de buena calidad. La alternancia de las imágenes de ubicación, con la gran mansión de fondo y las escenas desarrolladas en escenografías de estudio están muy bien logradas. Lo mismo el tratamiento del color, con un resultado de mucha luminosidad y colorido, que resalta los paisajes de jardines y de campo. El resultado es un producto que deslumbra en este aspecto, gracias a lo cual se disimulan otras falencias vinculadas a la historia, a la puesta en escena o al trabajo actoral.

Crédito: El Trece

La historia

El género responde a los criterios más típicos del melodrama, con varias historias secundarias románticas y el agregado de una trama fantástica y de misterio que despierta curiosidad: su tratamiento resultará en un ensamblaje correcto o quedará como un injerto incómodo en la ficción. El misterio sobre el pasado de la maestra Julia Monterrey (Araceli González), con una muerte que produjo ella durante una pelea, es un elemento que genera intriga y puede resultar muy atractivo de acuerdo a cómo se desarrolle su línea argumental. El resto de las historias seguramente funcionaran en su intención de atrapar a la audiencia, aunque su armado y su dinámica responde a fórmulas conocidas y transitadas.

La trama fantástica y de misterio

El misterio de las propiedades paranormales que tiene el agua de la laguna de la localidad, capaz de curar en segundos todo tipo de lesiones, es uno de los elementos más audaces de esta propuesta. Puede convertirse en un factor sorprendente e innovador o puede terminar en un agregado ridículo e innecesario. En general, este tipo de elemento suele aparecer en los culebrones clásicos vinculados a factores religiosos, como milagros que realiza la Virgen o algún santo. En Los ricos no piden permiso no se sabe (aún) de donde proviene el poder de la laguna, pero en la historia se desarrollará su presencia con una trama de ciencia ficción. Lo que se vió de este tema en el primer episodio resultó muy poco verosímil e infantil, más propio de una propuesta para chicos que de una telenovela destinada al público adulto.

La lucha de clases

El tema de "los de arriba y los de abajo", como enfrentamiento entre ricos y pobres, más que un elemento de este relato queda como un eslogan publicitario para atraer la atención del público, pero con muy poco sustento en la realidad del desarrollo dramático. Los personajes del servicio doméstico y los patrones tienen las mismas características y se manejan de acuerdo a las relaciones que siempre se muestran en cualquier telenovela. Presentado como la lucha de clases entre sirvientes y patrones, parecería que remite a algo similar a lo que muestra la excelente serie británica Downton Abbey, pero no es así. En aquella, la historia está inmersa en el contexto real de la época en la que el partido laborista llegó al poder en Gran Bretaña y los cambios que aquello y la Primera Guerra Mundial produjo en la dinámica social entre patrones y empleados. Acá, en una historia que ocurre en nuestros días, pero en la que no aparecen demasiadas marcas sobre la ubicación de lugar donde ocurre, no hay nada de eso.

Las actuaciones

En el primer episodio, se destacó la labor de Norma Aleandro que, con su aparición en unas pocas escenas dejó marcadas las características de su personaje para el resto de los capítulos. En los otros trabajos, también aparecen muy bien logrados las construcciones de los personajes de Araceli González , Gonzalo Heredia , Agustina Cherri , Juan Darthés, Luciano Castro. Leonor manso y Raúl Taibo. En el caso de Julieta Cardinali y Luciano Cáceres, probablemente por las características de sus roles, su aparición en el primer episodio no termina de convencer. Quizás con el correr de los capítulos, cuando quede más claro el papel que juegan en la historia, se los pueda juzgar de otra manera.

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