Pantalla abierta al trazo grueso
"Televisión abierta" , programa de interés general creado por Gastón Duprat y Mariano Cohn. Conducción: Pío Ragal. Una producción de La Cornisa TV, por Canal 7, los jueves, a las 23.
Nuestra opinión: regular
Tiene razón Mariano Cohn, uno de los creadores de "Televisión abierta", cuando afirma que en su nueva etapa, seis años después de una muy comentada aparición en las medianoches de América, el programa está más chiflado que nunca.
Ahora con más recursos de producción, un trabajo visual de elaboración más depurada y el aporte de un conductor que pone una pausa en lo que antes era un desfile de participantes sin interrupciones ni comentarios, el "primer delivery televisivo", lejos de atenuarse a partir de este nuevo y prolijo "envase", refuerza su propuesta.
Lo que en sus comienzos se mostró como un ejercicio casi experimental de televisión casera, en la que gente anónima encontraba la oportunidad de tener a disposición una cámara y un micrófono para decir lo que se le antojara durante 60 segundos, hoy aparece como la elaboración deliberada de un catálogo de extravagancias y situaciones que en algunos casos hasta pueden despertar risa por lo ridículas y en otros -los más- provocan vergüenza ajena.
Antes, con una puesta en escena que se reducía a la continuidad de secuencias en las que quienes llamaban al canal exhibían sus "habilidades" o comentarios, había alguna comprensible curiosidad por descubrir lo que "Televisión abierta" traía a la pantalla: espontaneidad, franqueza ante las cámaras y hasta cierta frescura ingenua aportada por la gente que por primera vez tenía frente a sí una cámara para decir lo suyo.
Ahora, con la llegada de La Cornisa TV a la producción, se suma un conductor , Pío Ragal, que hasta aquí sólo aportaba la voz en off.
Con aire socarrón, Ragal juega con algunos lugares comunes televisivos para convocar una y otra vez a los televidentes a que se sumen a esta propuesta a través de una serie de fórmulas que no tardarán en agobiar por lo repetidas. Pero, al mismo tiempo, el animador se coloca desde su postura zumbona en un lugar en el que sugiere que nada de lo que se diga en el programa debería ser tomada mínimamente en serio.
Así las cosas, todo lo que en los primeros tramos del ciclo podía hasta considerarse como algo parecido a una actitud de servicio (gente que se ofrecía para todo tipo de actividades o levantaba su voz frente a lo que consideraba incorrecto) tiende ahora a desaparecer frente al avance de los materiales insólitos, excéntricos, grotescos o directamente de pésimo gusto que sesgan peligrosamente el criterio de apertura irrestricta con el que este ciclo nació.
Es cierto que "Televisión abierta" se mantiene fiel a aquella premisa de no jugar con el montaje ni extraer afirmaciones fuera de contexto, lo que garantiza que quienes participan puedan expresarse sin restricciones.
Pero vistos desde la perspectiva del televidente, ¿qué aporta en un canal público la aparición de un par de adolescentes resueltos a mostrar que un encendedor se activa al contacto de sus propias flatulencias, la presencia de un hombre insultando a diestra y siniestra, la demostración de la autosatisfacción sexual a través de posturas de yoga por parte de un hombre con la cara tapada o el cierre con una "canción" plagada de palabrotas a cargo de otro enmascarado?
Lo que parece funcional al desprejuicio de un canal de cable para jóvenes como Much Music, que puso en el aire el programa junto con otras iniciativas paralelas del mismo equipo creativo, suena más que incongruente en un canal oficial empeñado (gracias al aporte de los hermanos Korol y de "Compatriotas") en explotar la comicidad de vuelo más bajo. Pero la culpa mayor aquí no es de los que hacen "Televisión abierta", sino de quienes los convocan al lugar equivocado.





