
"Siento orgullo de no hacer televisión"
Alejandro Doria, distinguido como mejor director de televisión de la última década, analiza el presente de la pantalla chica
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Tan seguro estaba de que no iba a figurar en el reparto de premios que ni siquiera cambió el atuendo de todos los días para concurrir al teatro Avenida la noche del 12 del actual. De entrecasa y sin esconder su sorpresa, dejó su butaca para recibir el Konex de Platino al mejor director de televisión de la última década.
Pero no fue la única vez en que el nombre de Alejandro Doria iba a ser mencionado ese lunes sobre el escenario. Poco después, al obtener su estatuilla como mejor actor de TV, Jorge Marrale destacó especialmente la figura del realizador y se preguntó el porqué de su prolongada ausencia de la pantalla chica. Muchos televidentes, todavía con el recuerdo fresco de títulos como "Atreverse" y "Situación límite", deben de haberse planteado el mismo interrogante.
"Hace tres años, desde 1998, que no estoy en la televisión abierta. Lo último que hice fueron tres espectaculares para Patagonik que salieron por Canal 13. Iba a hacer cuatro, pero después del tercero tuve un accidente muy grave. Me operaron, me pusieron una prótesis de titanio en la cabeza del fémur. Sufrí muchísimo. Me daban morfina y me sentía en medio de una nube en la que no caía en la cuenta de lo que me pasaba. Hoy, por suerte, estoy muy bien, pero después de ese episodio ya no presenté ningún proyecto y tampoco nadie me llamó", dice Doria a LA NACION, todavía impresionado por el reconocimiento y luciendo, como en la noche del premio, sus infaltables anteojos negros y la gorra oscura que lo hace inconfundible.
Sereno y verborrágico a la vez, con muchas ganas de hablar, Doria quiere decir ante todo que ninguna de sus palabras (muy críticas, por cierto, a la situación actual de la TV en la Argentina) surge del resentimiento: "Si yo viera a 20 personas haciendo cosas maravillosas y yo estoy afuera, por ahí podría reaccionar mal. Pero esto no ocurre y hoy, a veces, siento hasta como un orgullo de no hacer televisión. Hoy, el medio es un reflejo patente del estado en el que está el país. Lo que abunda es la falta de respeto al prójimo, la falta de solidaridad".
Y recurre a una fórmula muy instalada en la TV de hoy para ilustrar su punto de vista. "El humor televisivo que surgió en los últimos años pasa por reírse de los demás, cuando el verdadero humor empieza por reírse de uno mismo. Si yo empiezo por reírme de mí mismo entonces allí puedo empezar a reírme de vos. Y sólo en ese momento vos me darás permiso para hacerlo. En cambio, lo que se ve aquí es agresión permanente. No sé cómo esas modelos que son agredidas cuando en sus aparentes programas un grupo de personas les cuentan cuentos con palabras terribles y luego se desnudan y terminan acosándolas terminan riéndose. Creo que cualquier mujer que vive ese momento no podría reírse de quienes se rieron de ella. La gente por salir en TV o por crecer un poco en fama hace cualquier cosa. Yo no".
A la vez, Doria reconoce que si tiene hoy caminos limitados en la TV es por la falta de interlocutores y por un estilo de trabajo que define como de una sola línea. "Yo me formé en el viejo Canal 9, trabajando con Romay y sufriéndolo. A veces le golpeaba el despacho, le decía de todo y hasta le rompía algún contrato. Pero él me respetaba por la forma en que yo trabajaba y le rendía", subraya. Hoy, en cambio, dice que ni Azul, ni Telefé, ni América tienen lugar para directores como él o como Diana Alvarez, para quien siempre tiene palabras elogiosas y llenas de afecto.
"En el único canal donde hay ficción es en el 13, a través de Adrián Suar, un productor excelente, que trabaja con directores jóvenes que hacen buenos trabajos, como "Vulnerables". Daniel Barone, por ejemplo, es alguien a quien respeto mucho. Allí está la ficción que yo podría hacer, pero yo no soy un director para Suar ni podría trabajar dependiendo de un productor como él. Suar no quiere estrellas en sus programas, porque la estrella es él. No podría aceptarme ni a mí ni a Diana Alvarez, que firmamos nuestros programas como propios. Los programas de Suar, en cambio, llevan la firma de él", enfatiza.
Doria se consuela al recordar las palabras de Marrale en la entrega de los Konex, que extiende a todos los actores y técnicos con los que trabajó: "Siempre supe rodearme de grandes equipos y además tengo una forma de trabajo nada cerebral, pura intuición. Con mis elencos soy como Zelig, puedo adoptar distintos roles según la situación. Con uno soy padre, con otro tío, abuelo, hermano o amante. Por eso no me explico cuando se habla de miseria en la TV, porque los sueldos de los actores y de los técnicos se rebajan mientras hay estrellas que ganan fortunas en un mes que no se pagan ni en Estados Unidos".
Reconoce que hace tiempo que no presenta proyectos en TV porque no encuentra estímulos en el propio medio. Exactamente al revés de lo que vivía mientras hacía cine y contemplaba el trabajo de Diana Alvarez en "Nosotros y los miedos", circunstancia que operó como incentivo inmejorable para hacer "Atreverse", uno de los más grandes éxitos de Doria en la pantalla chica. Pero se apura a aclarar que, desde que se recuperó físicamente, no para de trabajar en otros proyectos artísticos.
"En el 99, en plena convalecencia -enumera-, me llamaron para dirigir ´Esa maldita costilla´, pero no me gustó el libro. Luego firmé contrato con el productor Oscar Kramer para hacer una película llamada ´La trapera´, una historia muy de Buenos Aires que transcurre en el Once entre judíos y árabes, pero por ahora está suspendida. Actualmente estoy en un proyecto de Patagonik que comprende 12 adaptaciones de autores argentinos y españoles, seis a filmarse acá y los otros seis en Europa. Yo haría ´Un sueño realizado´, de Juan Carlos Onetti, en una adaptación de Graciela Maglie, a la que admiro mucho y con quien nunca trabajé, hasta ahora."
Detrás de estos proyectos, algunos razonablemente factibles, Doria alimenta sueños que todavía no pasaron de la expresión de un fuerte deseo: volver a hacer teatro ("Una asignatura pendiente, pero hasta ahora no encontré la obra apropiada", confiesa), llevar al cine un cuento de Bioy Casares que guarda en secreto y adaptar algún día para la pantalla grande la exitosa obra teatral "Venecia", de Jorge Accame.
Mientras estos planes prosperan, Doria dedica buena parte de su tiempo a dar clases de actuación frente a las cámaras o a navegar por Internet, su pasión más reciente.
Y también a imaginar que las cosas en la TV no tardarán en cambiar. "Es que la forma con la que hoy se trabaja no es la lógica. Antes la gente se identificaba todo el tiempo con lo que veía, porque las historias tenían que ver con nosotros y con lo que nos pasaba como sociedad. Hoy eso se perdió, porque en los programas que se hacen ahora más o menos seriamente, como ´Vulnerables´, se habla todo el tiempo del hombre que se busca hacia adentro, metiéndose en su interior y viendo cómo sobrevive mientras se muere todo lo que le pasa al costado. Si seguimos por ese camino nos morimos mañana", dice.
En la entrega de los premios Konex, antes de llevarse un galardón que no esperaba, Doria anotó concienzudamente las palabras de Nacha Guevara, la primera ganadora de la noche: "Ella dijo algo muy valiente: que no merecía el premio porque pensaba en todas las cosas que no pudo hacer y no se le dieron durante estos últimos diez años. Yo digo lo mismo. No soy una persona grande, me siento muy fuerte, pero acabo de pasar los 60 y me pregunto cuánto tiempo más tengo para hacer cosas, buenas o malas. Mi meta no era ser director, actor o autor. Yo siempre trabajé duro. Soy producto del apasionamiento, haciendo cosas mejores o peores, pero todo lo conseguí haciendo las cosas con sangre, con pasión, comprometiéndome".
Si volviera hoy mismo a la televisión, Alejandro Doria dice que haría una suerte de contrafigura de "Atreverse", apuntando sobre todo a la identificación entre los personajes y el público: "El programa se llamaría ´Salvarse´, porque todos en definitiva luchamos por salvarnos, algunos con armas más genuinas que otros. Hasta tengo registrado el título".





