
Sobria mirada a la historia nacional reciente
"El día que...", programa de investigación periodística conducido por Jorge Marrale. Producción periodística: Alejandro Ravazzola y Darío Schvarsztein. Producción ejecutiva: Tristán Nobila. Producción general: Ricardo Cámara. Por Azul, los domingos, a las 23.
Nuestra opinión: muy bueno.
Pionero en la utilización sistemática de los materiales de archivo como punto de partida y eje casi exclusivo de un trabajo periodístico en TV, Miguel Rodríguez Arias encabezaba invariablemente sus programas con una definición: "El periodismo es la primera versión de la historia".
Estas palabras de Bill Kovach, una de las más distinguidas figuras del periodismo en Estados Unidos, adquieren un valor que no se recuerda desde los tiempos originales de "Las patas de la mentira" en "El día que...". Sobre todo porque este nuevo programa de la gerencia de noticias de Azul le entrega al televidente una noción precisa de cómo debe aprovecharse el registro de imágenes guardado en los archivos como ayuda invalorable para esclarecer ciertos aspectos oscuros del presente.
Esa "primera versión de la historia", que en términos televisivos tiene un carácter esencialmente visual, sólo adquiere sentido de testimonio y documento cuando queda demostrado que lo ocurrido en el pasado puede mantener su potente vigencia en nuestros días.
La televisión actual, apurada y hambrienta de efectismos, recurre hoy generosamente a aquellos materiales que en el pasado solitariamente levantaba Rodríguez Arias, pero con un único objetivo (el escándalo desatado por el "caso de moda" de la jornada) al cual se subordinan todas las imágenes elegidas.
Sin exageraciones
En "El día que...", los laboriosos montajistas y rastreadores de archivos no ponen su trabajo al servicio de algún hecho mundano sobredimensionado hasta la exageración o de "producciones" realizadas en clave seria o humorística en las que es común observar cómo se amplifican como definitivas expresiones tomadas fuera de contexto.
Está fuera de toda duda que el programa conducido por Jorge Marrale no arrojará luz a la mayoría de las respuestas planteadas por sucesos recientes cuyas consecuencias golpean duramente a los argentinos por estas horas, pero al mismo tiempo exhibe una rara habilidad para plantear las preguntas con acierto y hacer que se sitúen en un tiempo y en un espacio que, por cierto, está lejos de parecernos tan distantes como el momento en que algunos hechos se manifestaron.
Basta con seguir la forma en que se desarrollaron los informes sobre los orígenes de la hiperinflación en tiempos de Alfonsín o el caso IBM-Banco Nación. Un guión diestro colocó ambos acontecimientos en una línea en la que se anudan sin forzamiento alguno conexiones entre pasado y presente. Lejos de proponer definiciones tan taxativas y terminantes como precipitadas (hábito que parece arraigarse en estos tiempos televisivos), "El día que..." propone escenarios, sugiere hipótesis y líneas de búsqueda y no se preocupa por buscar respuestas definitivas o de apuro.
Al programa le preocupa mucho menos tomar una postura definitiva o contundente frente a los hechos que ser fiel al modelo televisivo más en boga en materia documental cuando se trata de abordar cuestiones históricas; cada hecho está presentado con un tono en el que la rigurosa referencia a la realidad es presentada a partir de recursos próximos a la ficción: pequeñas dramatizaciones, descripción de algunos hechos con ribetes novelescos, cierta acentuación dramática a partir del uso de la cámara lenta o de la música incidental.
Todos estos materiales son lícitos en la medida en que no se distorsione o manipule la realidad incontrastable que constituye la materia prima del programa. Así lo hace el propio Marrale, metiéndose espacial y temporalmente de lleno en los hechos que narra, sondeando a sus protagonistas y aportando con sus expresiones una dosis de sentido común que contribuye claramente a que el televidente se sienta más atraído por la propuesta.
Marrale, medido
Aun bajo el peso de alguna innecesaria impostación en las presentaciones, Marrale luce lo suficientemente medido como para no caer en exageraciones y lo suficientemente comprometido como para darle espesor a su tarea, yendo más allá de experiencias parecidas a cargo de colegas como Arturo Bonín ("Yo fui testigo") o Gustavo Garzón ("La centuria"). Y cuenta a su favor con uno de los más atractivos e ingeniosos diseños escenográficos que se vieron en la TV de los últimos tiempos, un escenario de perfil circular, con relojes y counters , que dan cabalmente la idea de estar instalados dentro de una máquina del tiempo.
Lo que no ayuda a Marrale son expresiones del tipo "este programa me ayuda mucho y espero que a ustedes también", dicho al cierre de la segunda emisión. Aquí se pone innecesariamente en cuestionamiento la función del conductor y, mucho más, la tarea que éste tiene para invitar y acompañar al televidente hacia un mundo en el que abundan los interrogantes.
Frases de ese tipo relativizan sin razón aparente una tarea que hasta ahora el actor cumple casi a plena satisfacción y que, tanto en concepción como en ejecución, parece haber finalmente dado en el clavo. La historia reciente de la Argentina está lejos de escribirse en plenitud, pero la TV puede dar a partir de este programa un apropiado primer paso para lograrlo.
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