
Televisión: la era del casting
Como nunca, la gente común participa en los programas; acuden miles de aspirantes, y elegir entre ellos no es tarea sencilla
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Hace un tiempo su trabajo no existía. Hace un tiempo pocos conocían el significado de la palabra casting. Sin embargo, hoy, para quienes sueñan con pasar de ilustres desconocidos a estrellas mediáticas todo depende de su capacidad para encantar a esas personas dedicadas a seleccionar a los futuros protagonistas de la pantalla chica.
La palabra casting ya forma parte del vocabulario del universo televisivo y, aunque fuera de él muchos la repitan, pocos saben que hace referencia a la acción de armar un cast , un elenco, en inglés.
En tiempos de reality shows muchas cosas cambiaron, y no sólo en la pantalla. Detrás de las cámaras los equipos de producción debieron adaptarse a las condiciones de unos formatos importados de otras latitudes, en las que el casting es tan utilizado como efectivo. La cuestión es simple: en Estados Unidos, para formar un elenco tanto para la ficción como para los ciclos de la prolífica televisión verdad se convoca a audiciones en las que se selecciona a los mejores candidatos para cada papel. Los encargados de semejante tarea son profesionales tan respetados como los productores y directores para los que trabajan. Sus áreas de influencia abarcan tanto la televisión como el cine y hasta el teatro.
Pigmalión o Frankenstein
Aquí las cosas son más modestas y bastante más limitadas. En el caso de la ficción televisiva, los elencos suelen armarse gracias a la afinidad de los actores con el productor o con el canal que les ofrece el trabajo. Pero en estos últimos tiempos el verdadero trabajo de casting crece al ritmo que marca la presencia de los reality shows en la pantalla local. Hoy, a casi dos años del estreno de "Expedición Robinson", el primer exponente del género que se vio en la Argentina, todos los canales -excepto el estatal- tuvieron, tienen o tendrán al menos un ciclo de "televisión verdad" en sus grillas de programación. La figura de los encargados de casting se agiganta. Después de todo, serán ellos los que elijan a esas personas comunes que se transformarán en las figuras televisivas de mañana. En ellos recaerá la responsabilidad de ser, con suerte, Pigmalión y sin suerte, el doctor Frankenstein.
El desembarco de los reality shows no sólo cambió los contenidos de la TV local sino que modificó el funcionamiento puertas adentro de los equipos de producción.
"Hay veinte personas encargadas de la producción y cuatro de ellos son castineadores ", dice Mariano Chihade, gerente de contenidos de P&P Endemol, la productora dueña del formato de "Gran hermano" y de "Confianza ciega"un ciclo de este género que se estrenará a fin de mes. Tan nueva es la tarea de la selección de participantes que el productor tiene que inventar una palabra para definirla. En este reality show para parejas que emitirá Azul, la elección de los participantes fue abierta a debate. "Los videos de los candidatos pasaron por las manos de muchos de los empleados de la productora y hasta los testeamos con nuestras familias para comprobar que los elegidos tuvieran el carisma suficiente para llegar a la mayor cantidad de gente posible", cuenta Chihade. Para aparecer en esos videos los futuros jugadores pasaron por muchas etapas de preselección establecidas de antemano por la biblia del programa, un manual que describe el tipo de participante que se debe buscar y la forma de hacerlo.
"Primero está el formulario con los datos, después la entrevista y más tarde, una vez recibido el informe del gabinete de psicólogos, llega la prueba de cámara", detalla el productor.
Cada reality show tiene sus particularidades y éstas se trasladan directamente al proceso de casting. Así, si bien "Confianza ciega"-que será conducido por Juan Castro- tiene ciertos puntos de contacto con "Expedición Robinson", hay otros que los separan definitivamente. Los dos ciclos son grabados con anticipación en una isla alejada del país-Panamá fue el escenario del programa de Canal 13 y Portugal el de AzulTV-, ambos tienen formato semanal y ponen el acento en la edición del material grabado. Sin embargo, para los encargados del casting de "Expedición Robinson" la necesidad de mantener el secreto sobre la identidad de los participantes era absoluta. La posibilidad de que esos videos circularan por la productora era imposible.
La isla de la tentación
Como género, la televisión verdad ya tiene los suficientes exponentes locales como para notar las diferencias entre ellos. Mientras que "Gran hermano" es un reality show de aislamiento y "Expedición Robinson" uno de aventuras, "Confianza ciega" será el primero pensado para parejas. Inspirado en un ciclo emitido por la señal Fox, "Temptation Island", el programa de Azul no sólo implicó la selección de las tres parejas que viajarán a las playas de Portugal para probar su fidelidad, sino que también obligó a la búsqueda de los 12 seductores contratados para tentarlos.
"Se presentaron 3000 parejas. Entre ellas, quinientas pasaron a la prueba de cámaras y de allí elegimos 80 para reducir a 10, entre las que finalmente quedaron tres parejas titulares y dos suplentes. En el caso de los seductores, seis hombres y seis mujeres, la selección fue mucho más fácil porque se trataba de seleccionar gente bella que no tiene que decir necesariamente la verdad", explica el productor de "Confianza ciega".
Decir la verdad en un casting puede ser la diferencia entre hacer un programa exitoso y provocar un desastre en el aire. Un participante que miente cuando es seleccionado puede perjudicar la continuidad del juego y es allí dónde los encargados de la selección tienen que transformarse en expertos en conducta humana.
"Hacer un casting entre tantas personas es algo así como hacer un estudio sociológico de la Argentina", dice Marcos Gorbán, productor general de "Gran hermano". El tenía cierta experiencia en la materia. "Cuando trabajaba como productor de "Videomatch" hice el casting en el que entraron Larry de Clay y Waldo, entre otros." El productor dice que no hay en su equipo nadie que se ocupe específicamente del casting, pero entre las más de 150 personas que trabajan en la producción de "Gran hermano" más de 20 se dedicaron a eso. "Sergio Vainman, Ana Laura Deluso, coordinadora general de producción, la psicóloga María Inés Chávez Paz, el sociólogo Luis Alberto Quevedo y yo estuvimos al frente de la selección en las dos versiones del programa", cuenta Gorbán. Para el primer ciclo se habían inscripto menos de 30.000 personas, para la segunda vuelta el número había crecido hasta los 160.000 candidatos. "Para este segundo casting cambiamos el método. En el primero, si la gente que se inscribió pasaba la encuesta telefónica ya le hacíamos una prueba de cámara. Esta vez hubo que poner más filtros hasta llegar a esa instancia, porque era imposible hacer pruebas de cámara a tanta cantidad de gente", detalla el productor.
Es que mucha gente vio el programa y encontró en él la manera de salir de un no deseado anonimato. Semejante premisa de los candidatos a jugadores provocó que a la hora de la selección hubiera que afinar la puntería. Porque, como explicó Sergio Vainman a LA NACION, la necesidad de protagonismo es fuerte y en este tipo de programas para ser parte de la experiencia no hay que saber actuar ni cantar. "Tenés que ser vos y con eso alcanza."
Son justamente todas esas cosas, combinadas, las que necesitarán las chicas que quieran ser elegidas en el casting de "Popstars", la novela-documental. El programa, que estrenará Azul a fines del actual, seguirá paso a paso la creación de un grupo femenino de música pop. Probablemente las audiciones y los procesos de selección de este ciclo de la productora RGB Entertainment sean las que más se parecen a los grandes castings que se realizan para armar los elencos de importantes obras musicales. Primero, la producción convocó a una multitudinaria audición en la cancha de Ferro, a la que se presentaron más de 3500 chicas. Allí, tras inscribirse, las candidatas tuvieron que hacer pruebas de baile y canto supervisadas por los jueces, que luego escucharon grabaciones y vieron videos de las 1800 que pasaron a la próxima etapa. Esta comenzó hace más de dos semanas en el hotel Hilton, donde Afo Verde (directivo de la compañía discográfica BMG), Pablo Ramírez (productor del cantante Luciano Pereyra), el productor musical Cachorro López, Sergio Furmansky (músico) y Fernando López Rossi (autor-compositor), entre otros, se pasan más de doce horas viendo a razón de casi 400 posibles futuras estrellas del pop por día.
"Estamos en la segunda etapa del casting, que a esta altura es como un embudo. Nuestra mirada es cada vez más exigente", explica López Rossi en los pocos minutos que tiene entre una y otra prueba. El casting de este ciclo es diferente del de los demás. La razón: cada uno de los jueces evalúa según un criterio artístico, una variable que no tuvo importancia para ninguno de los otros programas de este género. "Estamos capacitados para elegir una banda de chicas. Aunque no seamos expertos en casting podemos decidir cómo y con quiénes se puede armar un grupo", agrega el compositor. Es que él y sus compañeros de equipo saben que hay vida más allá de la televisión. Al menos para las chicas que resulten elegidas en "Popstars", ya que cuando el programa termine, su carrera, disco mediante, sigue.
La televisión local empezó a entender que si hay algo en su engranaje en el que se puede asegurar un suceso o sellar un fracaso es la selección de las personas. Así, si el espectador se pregunta a quién agradecer o culpar por los nuevos personajes que habitan su televisor, ahora ya lo sabe: a los flamantes expertos en casting.
Los aspirantes en números
“Gran hermano”: en la primera edición se presentaron 26.000 candidatos. Para la segunda, 160.000.
“Expedición Robinson”: en la primera parte fueron 6700. Para la segunda, 100.000.
“Confianza ciega”: se presentaron 3000 parejas que quieren poner a prueba su fidelidad.
“Popstars”: se inscribieron 3500 aunque había límite de edad y tenían que saber cantar y bailar.
La figura del cazatalentos
Por más que los castings se hayan multiplicado, aún no existe a nivel local una figura fundamental en su proceso. Se trata del cazatalentos o buscador de estrellas, una persona que por experiencia e instinto se dedica a identificar futuras estrellas entre la muchedumbre de cualquier casting.
Aquí, en 1999, estuvo Matt Casella, uno de los más respetados cazatalentos de los Estados Unidos. El hombre, responsable de descubrir a Britney Spears y a Christina Aguilera, había sido contratado por la división TV de la productora de Spielberg y estaba realizando una cruzada mundial en busca de las próximas figuras latinas.
En su paso por Buenos Aires organizó un sistema de selección de elencos desconocido por estos lados. Primero entrevistó a actores con cierto nombre en encuentros individuales de no más de cinco minutos y al día siguiente hizo una audición abierta con más de mil personas. Un galpón de Palermo se llenó de aspirantes a estrella que, en tandas de 40, eran observados por Casella a veces por apenas segundos. Según él, eso bastaba para descubrir ese brillo en los ojos que convierte a un mortal en miembro del Olimpo de dioses hollywoodense.




