Un final más policial que romántico
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En la era de los psicofármacos, la crueldad de uno -y hasta de dos villanos- quedó desdibujada frente a la de un maniático. Ayer se despidió Don Juan y su bella dama (Telefé), con un final que hizo hincapié en la trama policial antes que en la romántica. Las dos parejas protagónicas, la de los héroes, Juan (Joaquín Furriel) y Jose (Romina Gaetani), y la de sus antagonistas, Serena (Isabel Macedo) y Franco (Benjamín Vicuña), sobrevivieron al cautiverio impuesto por el personaje de Raúl Rizzo (Rafael), quien murió a causa del disparo de Francisco (Jorge Rivera López).
Así fue esta historia de dimensiones exageradas, que iba a durar apenas seis meses, pero que se extendió, gracias a su excelente rating (en la última semana promedió los 20 puntos), durante un año. La verosimilitud tampoco tuvo una apuesta mesurada y se recurrió a las fórmulas trilladas del culebrón clásico: las diferencias de clases, embarazos fingidos, accidentes y protagonistas convalecientes, amnesias, y una mansión como testigo silenciosa.
Redimidos y pobres, Franco se casa con Serena y crían a sus tres hijos. Como en las comedias de Shakespeare, entre los casamientos múltiples, Don Juan se une a Jose, y además de Valentín, esperan a otro niño. "Siempre supe que ésta iba a ser una gran historia", resume César (Alejo Ortiz), el confidente de Juan, y mira en el diario el aviso con la obra que él escribió, inspirada en la vida de su amigo.




