
Un prolijo programa de variedades
Juan Alberto Badía sigue apostando por la música en vivo en TV y también suma entrevistas y humor
1 minuto de lectura'
Séptima noche , programa musical, sobre una idea de Juan Alberto Badía. Conducción: Juan Alberto Badía y Federica Pais. Escenografía: Gabriela Anselmo. Producción: Guillermo Aguilar y Silvina Müller. Coreografía y puesta en escena: Carlos Veiga. Producción general: Enrique Trobbiani. Dirección: Pablo Aníbal González. Por Canal 7, los sábados a las 22.
Nuestra opinión: bueno
Juan Alberto Badía, lo sabemos, es un defensor incondicional de la presencia de la música en vivo en la pantalla televisiva y ha sabido convencernos muchas veces del valor agregado que este tipo de shows aporta para jerarquizar una programación. Hábil para combinar estilos, propuestas, tradiciones y vanguardias, certero a la hora de confeccionar programas satisfactorios para casi todos los gustos, generoso en el elogio a la entrega de los artistas aun pagando a veces el precio de un excesivo edulcoramiento, Badía sigue con Séptima noche lo que hoy casi es una solitaria cruzada a favor de este tipo de propuestas, que a la larga siempre dejan alguna contribución positiva, valiosa y hasta logran darle realce e identidad a la televisión entera de un país.
En la tradición del modelo italiano de la RAI que va de Studio Uno y Teatro 10 a los más recientes modelos encarnados allí por Fiorello y Adriano Celentano, y también reconociendo sus propias contribuciones al género en el pasado, Badía no hace más que cubrir un ostensible vacío y, de paso, alentar a otros para que sigan sus pasos. Prefiere confiar en el modelo clásico y pisar suelo seguro, consciente de que el programa ómnibus de duración ilimitada ya es cosa del pasado, pero al mismo tiempo de que no todo se construye por medio de retazos, fragmentos y modas fugaces.
Parafraseando al propio conductor, Séptima noche es una buena idea. Un programa de variedades hecho con prolijidad y visible esfuerzo de producción que encuentra en circunstancias propias e intrínsecas sus mayores condicionamientos. El mayor está en una escenografía vistosa, pero escasamente funcional en la que el público no termina de encontrar su lugar. No sólo el que está en el estudio, también los propios televidentes. Basta con el ejemplo de la poco feliz aparición de Dan Breitman, brillante protagonista de un reciente tributo teatral a Raffaella Carrá ( Ella ) y desaprovechado partícipe de uno de los dos momentos de humor. Erróneamente presentado como un número de "stand up", el monólogo de Breitman fue el extracto de un unipersonal sin gracia y con escaso timing para los chistes, que además padeció la incomodidad de un par de amplios paneles visuales que se usaban a modo de pantalla, desde los cuales se reproducían imágenes amplificadas y mudas del artista que no hacían más que distraer su actuación. En este sentido, era notable el esfuerzo del director por escapar de los planos generales para concentrarse en encuadres más cercanos. Sin embargo, Breitman no logró pese a su entrega final levantar la puntería y quedó muy lejos del otro cuadro humorístico-musical, el del entusiasta trío tucumano de músicos e imitadores QV4.
El escenario también resultó una complicación para los otros cuadros musicales. El público se benefició de la cercanía de la big band dirigida por Oscar Serrano, con Deborah Dixon cantando standards como "Fly me to the Moon" y "The Man I Love" y de la notable aparición de la muy expresiva cantante española Pasión Vega (lo mejor de la noche), sólo apelando a su voz y a un bello piano. Pero quedó muy lejos, lejísimos, del lugar en donde Adriana Varela entonó en buena forma y con un muy atractivo acompañamiento de guitarras dos tangos reos. En el final, para el minirrecital de Alejandro Lerner se montó una extraña disposición con dos grupos de sillas mirando hacia el escenario y un incómodo espacio vacío en el medio.
Un solo discreto cuadro coreográfico de apertura, la vistosa aparición de Aníbal Pachano, una escena de danza aérea y un par de tributos (al actor Miguel Angel Rodríguez y al conductor Ari Paluch) dejaron en claro finalmente dos cosas: que a Badía lo alienta un espíritu loable y bienintencionado compartido a pleno por todos sus invitados, y que Federica Pais se luce bastante más en las charlas informales que como presentadora. Por lo demás, siempre reconforta escuchar a los artistas con sus propias voces y no a partir de pistas grabadas. Haberlo logrado aquí es mérito de un programa que se ve con agrado a pesar de que no todo parece estar en su justo lugar.
Lo que se verá esta noche
- Los Nocheros serán los encargados del cierre musical del segundo programa Séptima noche. También se presentará el grupo Tango Palace, con un fragmento de su espectáculo Eternamente tango; Rodolfo Mederos y su Orquesta, el grupo rosarino Cielo Razzo, Facundo Ramírez junto a una pareja de bailarines y la española Pasión Vega. Además, Badía y Federica Pais recibirán en estudios a Graciela Borges y a Miguel Angel Cherutti.
1,9
puntos
Fue lo que midió Séptima noche en su debut, el sábado último.






