
Una familia contra el crimen
Damián Szifrón regresa a la TV con una historia de detectives y afectos
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Hubo un tiempo en que el nombre de Damián Szifrón no significaba demasiado para el universo de los espectadores televisivos. En el mundo de los Adrián Suar, los Marcelo Tinelli y las Susana Giménez, Szifrón presentaba un programa que era una rareza: protagonizado por actores lejos de ser estrellas, con historias centradas en un grupo parapolicial que de casualidad tiraba para el lado de la justicia, y todo realizado casi con la intensidad del cine de autor. Y después sucedió "Los simuladores". El programa de culto se volvió popular y el nombre de Szifrón quedó para siempre unido a una televisión distinta y a la misma pregunta repetida como mantra: "¿Cuando vuelven «Los simuladores»?" Como respuesta, el director hizo "Tiempo de valientes" para el cine y, cuando fue tiempo de volver a la televisión, decidió hacerlo sólo como productor. Pero hasta los mejores planes de Santos, Lampone, Medina y Ravenna tenían alguna falla.
"Mi idea original era producir. Después de «Los simuladores» había quedado muy cansado y sentía que mi naturaleza tenía más que ver con el cine: por los tiempos con que se hace y porque allí se toman como lógicos ciertos detalles que acá, en la TV, se toman como rasgos de obsesión. En el cine se espera que estés encima de todos los detalles de un proyecto. Acá es raro que te ocupes de todo. Te toman por loco. Igual hay un gran terreno ganado y trabajamos mucho durante «Los simuladores» para que así fuera. De la manera en que estaba armado al principio, los tiempos de «Hermanos y detectives» no contemplaban que lo dirigiera. En un primer momento, ni siquiera me iba a meter en los libros. Hay un fuerte trabajo de equipo. Y lo disfruté, pero lo cierto es que mi idea era supervisar todo. No funcionó porque me encantó el programa y no porque piense que no hay otro que lo pueda dirigir mejor. Lo cierto es que me daban ganas. Deseo puro", dice Szifrón en un alto de la grabación del noveno capítulo de la serie que Telefé anuncia que estrenará muy pronto, pero sin fecha cierta. Lo mismo que ocurrió con todos los ciclos que se anunciaban para agosto y que, cuando faltan tres días para que termine el mes, no parecen más cerca de llegar de lo que lo estaban hace tres semanas.
La falta de precisiones del canal líder enloquece a todos los involucrados en la industria televisiva y fuerza hasta el límite la paciencia de los espectadores, que se preguntan cuándo vence un "muy pronto".
Sin embargo, si hay alguien al que los tiempos largos que se toma Telefé para estrenar sus programas le parecen fantásticos es a Szifrón.
-Hace casi seis meses que graban el programa sin salir al aire, algo poco habitual para la TV ¿cómo es el sistema de trabajo en esas condiciones?
-Ideal. Para mí, que salga el programa después de que esté casi todo grabado es un placer y la única forma en que eventualmente haría algún otro proyecto para televisión. De todos modos, a medida que pasaba el tiempo yo iba robando más días para que no saliera al aire hasta que estuviera más avanzado.
-A diferencia de lo que pasa con el resto de los que hacen TV, que quiere salir al aire ya, vos
-Yo no quiero salir al aire. [Risas.] Es que quiero estrenar con algo que me guste y que esté bien terminado. Además, la repercusión inmediata de lo que estás haciendo mientras lo estás haciendo te puede llevar por mal camino. Soy un poco desconfiado de eso. Empezás a tener en cuenta variables que no tienen que ver con el acto de expresión en el sentido más puro. Aparecen cosas que no son las que querés contar, sino que se relacionan con cómo los demás ven lo que vos hacés. Es imposible estar al margen de eso. Te importa. En cambio, esto es más como una película: la hacés, contás lo que tenés para decir y la estrenás. Después llega la opinión de los demás.
-Pero ya no podés hacer nada para cambiarlo.
-Y eso está bueno, aprendés para la próxima. Eso si te interesa hacer un programa de este estilo y no uno más industrial, donde lo escribe una persona, lo dirige otra y la que toma las decisiones artísticas es otra, los actores tienen injerencia en lo que se dice, etc. Otro tipo de monstruo. Este se acerca más a una película: cada capítulo tiene la contundencia de algo que empieza, termina y se resuelve. Los personajes cambian, se modifican.
Paladines de la justicia
Esos personajes de los que habla el director, que escribió el guión junto a Patricio Vega -uno de sus colaboradores en "Los simuladores" y responsable de la idea original-, son los hermanos Franco y Lorenzo Montero, que cuando comienza la trama de la serie de diez capítulos no se conocen. El mayor, interpretado por Rodrigo de la Serna, es policía. El menor, interpretado por Rodrigo Noya, es un genio. Son medio hermanos que comparten un padre sin saberlo. Y que, a primera vista, no parecen tener nada más en común.
-¿Cómo es este mundo de los hermanos Montero?
-En el personaje de De la Serna veo cierta frustración: es un hombre muy introvertido que sabe que el mundo puede ser maravilloso, pero no para él. El otro, en cambio, tiene una cuenta corriente con los placeres del universo. Están todos ahí, los quiere disfrutar y no entiende por qué no lo hacen todos, no entiende la neurosis. Me pareció que el desarrollo de la serie debía unir y armonizar esos dos universos. El hermano más chico tiene esa manera abierta de ver el mundo y al mismo tiempo no tiene registro de las cosas malas que le pueden pasar. Y que le empiezan a pasar.
-Da la impresión de que en esta historia el casting es esencial.
-No me imagino otro que a Rodrigo Noya en el papel del hermano menor. Es un chico que me vuelve loco, un actor extraordinario, buena persona, muy talentoso. Me junté con él en un bar, y con sus padres, claro, y fue en ese momento cuando decidí escribir y dirigir la serie. Hasta ahí tenía pensado ser productor y tal vez dirigir el primer capítulo para sentar las bases del ciclo, pero el día en que fui a tomar un té con Rodrigo me volvió loco. Lo miraba y pensaba que dirigir todo lo que ocurriera con él iba a ser espectacular. Me pareció más importante hacer eso que escribir el guión de mi próxima película, que quedó postergada por todo esto.
-Y después había que encontrarle al hermano mayor.
-El hermano más grande era una incógnita. No tenía registro de que Rodrigo [De la Serna] quisiera hacer televisión. Lo conozco desde hace muchos años, hicimos juntos un piloto previo a "Los simuladores" que nunca salió, y siempre estuvo presente el deseo de trabajar juntos. Pero no me imaginé que tuviera ganas de hacer una serie hasta que en algún momento me lo crucé, me dijo que quería hacer algo en TV y empecé a pensar la historia con su cara. Fue una gran decisión.
Si de grandes decisiones se trata, tal vez la que más le cuestionen a Szifrón tenga que ver con el final de "Los simuladores". Aunque la serie no haya dejado nunca de transmitirse y siga consiguiendo buenos resultados de rating, lo cierto es que pasaron más de dos años desde que dejaron de hacerse capítulos nuevos. La misma cantidad de tiempo que su creador viene escuchando la misma pregunta.
-¿Estás harto de que te pregunten por la posibilidad del regreso de "Los simuladores"?
-No existe ninguna posibilidad. El deseo de que este programa funcione bien tiene en parte que ver con el hecho de que me empiecen a preguntar: "¿Va a volver «Hermanos y detectives»?". Así no me preguntan más por "Los simuladores", que es un programa que adoro, pero que siento perteneciente a mi pasado. No es lo que expresaría ahora. Lo siento como algo completo. No voy a volver a trabajar sobre algo que ya terminé. Me parece que en todo caso es un universo que estaría bueno visitar en un tiempo más largo, cuando hayan pasado más años. Cuando ya sea una idea que en sí misma tenga sentido.
Para los fanáticos de aquel programa ni siquiera existe la posibilidad de la edición en DVD. "No se puede hacer por el tema de la música", dice Szifrón, que en "Hermanos y detectives" empezó apenas como productor de una idea ajena. Y terminó ocupándose de todo. "Para mí, el momento de escribir ya implica dirigir, editar y musicalizar. Es un combo. Por eso no me pude desvincular. De todos modos, fue un rodaje menos caótico y con menos presión que el de «Los simuladores». Lo disfruté y siento que a quienes participaron les pasó lo mismo. Crecimos haciendo este programa."






