"Tengo exceso de felicidad"
Nicolás Vázquez brilla en Mis amigos de siempre, la tira de El Trece, y protagoniza su primera película, Por un puñado de pelos, en la que comparte cartel con "el Pibe" Valderrama
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Hacía mucho que Nicolás Vázquez esperaba un trabajo en cine. El llamado finalmente llegó el año pasado, de parte de Néstor Montalbano, el director de Soy tu aventura y Pájaros volando, dos descocadas comedias que tuvieron como protagonista a Diego Capusotto, y el resultado de la renovadora experiencia para este actor –que también protagoniza la tira de El Trece Mis amigos de siempre– se podrá ver en salas de todo el país a partir del jueves. La película se llama Por un puñado de pelos y tiene un elenco bastante atípico: además de Vázquez, quien hasta hoy registraba en la pantalla grande participaciones en apenas dos películas, El buen destino y Papá por un día, son parte del elenco "el Negro" Rubén Rada y "el Pibe" Valderrama, ex crack de la selección colombiana que goleó a la argentina que dirigía "el Coco" Basile en aquella amarga tarde de 1993 en el estadio de River. "Fue una experiencia espectacular –cuenta Vázquez, muy entusiasmado–. El rodaje fue complicado, exigente, pero me gustó mucho trabajar en cine y quisiera hacerlo más seguido."
"Remarco lo del rodaje sacrificado porque me parece que eso le da más valor al trabajo que hicimos, muy diferente al de la televisión: filmamos en San Luis y nos tocaron tormentas a 2200 metros de altura –recuerda–. Se filmó en lugares de la provincia casi inaccesibles, hostiles, parábamos donde podíamos… Y todos colaboramos mucho. Me tocó hasta trasladar equipos, y lo hice con gusto. Estaba esperando mucho una oportunidad en el cine, ojalá ahora se abra el paño".
–¿Cómo te llevaste con el director? ¿Fuiste dócil, opinaste mucho sobre el trabajo, discutiste?
–Soy dócil por naturaleza. Y estuvo buenísimo laburar con Montalbano. El cine tiene otros tiempos que la tele, se sabe. Pero Néstor le imprimió al rodaje un ritmo muy sostenido. La diferencia importante es que le dedicamos mucho tiempo a armar el personaje. Lo charlamos mucho antes del rodaje. Me acuerdo que nos juntamos almorzar en Las Violetas y Néstor me pidió que caminara un poco para indicarme lo que él pretendía. No quería que luciera tan armadito como luzco por lo general en la tele. Y yo me copé tanto que terminamos los dos representando papeles en el bar. ¡Nos miraban como si estuviéramos locos! Montalbano es detallista y riguroso en algunas cosas y muy liberal en otras, un buen equilibrio. Lo que está claro es que en el cine te sometés completamente a lo que te pide el director, es distinto que en la tele, donde hay más juego. En una película vos tenés que estar al servicio del proyecto del que dirige. Podés tener una opinión sobre el material, pero decide el otro, el que tiene toda la película en la cabeza.
–¿Pero te sirvió de algo la experiencia actoral en la TV?
–Yo llegué al rodaje con muchos vicios televisivos, y Néstor me ayudo a sacármelos de encima. Tuvo razón en muchas cosas que él me corrigió, lo pude comprobar viendo escenas después de estar terminadas. Fue un gran aprendizaje esta película.
–¿Te costó trabajar con compañeros que no son actores como Rada y Valderrama?
–Si al director le pareció lo mejor para la película, por algo será. Dicho esto, Rada es un artista de la puta madre, que ya había hecho cine y televisión, que tiene mucha cancha. Y Valderrama me sorprendió. Tiró la primera escena y dije "éste es mejor que un montón que se dicen actores". ¡Iba en la combi rumbo al rodaje pasando letra! Y disfrutó el laburo, eso se le notaba. Para el tipo no fue un simple pasatiempo. Yo creo que el laburó como para ganar un Goya, un Oscar. Y eso me cebó a mí, me incentivó. Cuando llegó a San Luis, no conocía a nadie, no tenía idea de quién era yo. Y al tercer día entramos en confianza, hablamos del maldito 5 a 0 en cancha de River, charlamos una bocha de fútbol, tomamos unos vinitos… Cuando veía que me sentaba a comer solo, me invitaba a compartir la mesa con su familia. Fue como un hermano mayor. Y nunca dejó de sonreír, de sacarse fotos con todo el mundo. Mirá que le quemamos la cabeza con el tema del fútbol, pero siempre contestó con buena onda. Un capo.
–¿Cuál es el tema central de la película?
–Yo soy Tuti Turman, un tipo millonario que es calvo y se entera de la existencia de una cascada de agua con propiedades para recuperar el cabello. De ahí en más se desata una serie de aventuras muy exóticas. Me llamó la atención la locura de Montalbano, lo arriesgado que es, no creo haya muchos directores como él. Es una película de entretenimiento, que al espectador se le debería pasar volando, dicho esto en el mejor sentido. Tiene una fotografía espectacular de Sebastián Pereyra, hay unos paisajes hermosos y es una historia que no tiene grandes pretensiones pero es muy divertida. Te va enganchando de a poco, con el ritmo narrativo y un humor bastante bizarro. Ojo, no hay chistes fáciles. No hay un tipo que se patina con una cáscara de banana, es un humor más pensado, más sutil.
–¿Estás contento con Mis amigos de siempre? Arrancaron fuerte con el rating, pero ahora hubo una caída.
–Estoy muy contento con el programa. Yo estaba más habituado a llevar a la parte de la comedia, pero acá me piden tocar otras cuerdas. Hay mucho drama, mucho conflicto. ¡Estoy enamorado de la mujer de mi mejor amigo! Eso ya me permite desarrollar un montón de posibilidades dramáticas. Respecto del rating, creo que es una condena de la televisión actual. Cuando yo era chico, nadie sabía el rating de los programas, salvo que estuviera en el negocio de la tele. Ahora te subís a un taxi y el tachero sabe el rating de tu programa, te dice "bien ayer, eh", o "anduvieron flojitos". Es insólito. Todos son productores. Es mucho más complicada esta televisión que la de hace unos años. Pero igual me siento un privilegiado. Amo lo que hago y estoy muy agradecido del lugar que tengo. Para conseguirlo laburo mucho. Es algo que hablo siempre con mis amigos, que fantasean bastante con el trabajo en la tele. Nosotros estamos acá diez horas por día metiéndole con todo y sufriendo las presiones que la histeria del minuto a minuto ha profundizado. Pero la satisfacción que obtengo es tan grande que vale la pena. Lo hablaba con Esteban Lamothe, un actorazo que viene de otro palo y que tenía prejuicios con la TV. Ahora Esteban está muy contento con el laburo en la tele, se dio cuenta de que va en serio. La tenemos más difícil porque hoy la ficción compite contra los noticieros, que se han vuelto programas de entretenimiento. Y si un noticiero tiene que mostrar a un tipo a punto de suicidarse para tener más rating, lo hace. Se ha vuelto todo muy salvaje.
Cultor del auténtico bajo perfil televisivo
En octubre del año pasado la prensa ventiló bastante un altercado entre Nicolás Vázquez y Alfredo Casero. El enojo entre ambos está superado, dice Nico. "Ya fue, es un caso cerrado –explica–. Un día me lo crucé en los pasillos de Pol-Ka, lo saludé y él me contestó "¿Por qué me saludás si no te conozco?". Me calenté, discutimos, me puteó y casi nos vamos a las manos, pero después de unos días me terminó pidiendo disculpas. Tenía un mal día, parece. Primero me pidió disculpas públicamente y después nos encontramos otra vez en Pol-Ka, me dio un abrazo y me dijo "no me lo recuerdes porque me da vergüenza". Cuando pasó, me angustié, pero ahora está todo bien. Nunca me había pasado algo así con un colega. Yo soy cero conflictivo, soy como Patch Adams, tengo exceso de felicidad". Conocido en el ambiente por su buen humor, Vázquez no ha tenido más problemas con sus compañeros, bastante habituales en el gremio, ni escándalos con la prensa, aunque recuerda una tapa de la revista Paparazzi en 2012 que lo perturbó. Esa tapa lo mostraba con su novia, la actriz Gimena Accardi, a quien conoció trabajando en la novela Alma pirata, y aludía a "la dura lucha por ser padres" de la pareja. "Estaba filmando Por un puñado de pelos cuando salió esa tapa –comenta-, y la verdad es que me chocó. Fue una mierda. Me dan mucha bronca esas cosas, pero yo duermo tranquilo todas las noches, ojalá ellos también puedan hacerlo. Me asesoré jurídicamente y me dijeron "tardamos un año y medio o dos años, pero les sacamos un montón de guita". Y yo preferí quedarme en el molde. Soy un tipo con un perfil muy bajo, no quiero entrar en escándalos. Lo único que pretendo es que me respeten como yo respeto a los demás. No jodo a nadie, es loco que se metan conmigo con cosas tan personales. Igual, lo que me interesa es el cariño de la gente, que siempre me ha apoyado. Me encanta que me pidan fotos o autógrafos. Mis compañeros me cargan con eso, me dicen el Papa Francisco".
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