
Tensión y peligro tras las rejas
"Reportaje a la muerte", producción peruana (1993) en colores, presentada por Artkino Pictures. Hablada en español. Guión: José Watanabe. Fotografía: Eduardo Dávila. Música: Miki González. Intérpretes: Diego Bertie, Marisol Palacios, Aristóteles Picho, Carlos Gassols y otros. Dirección: Danny Gavidia. Duración: 95 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 16. Nuestra opinión: regular
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Con una escasa producción, la cinematografía peruana llega tardíamente a las pantallas porteñas y, a veces, permite descubrir a algún realizador de talento que sabe desarrollar temáticas comprometidas con lo político o lo social.
Danny Gavidia, un joven director que se inició en el cortometraje, accedió al largometraje en 1993 con "Reportaje a la muerte" y para ello eligió una historia que se introduce en una prisión para relatar un drama carcelario desde la visión de un camarógrafo de TV y de una periodista alterada por una situación sentimental que finalizó en tragedia.
Según los responsables del film, está basado en hechos verídicos. El tinte ficticio, en cambio, transita alrededor del camarógrafo arriesgado y de la reportera que procura bajar los decibeles de sus jefes frente a un hecho periodístico -el motín sangriento de los presos- que altera la calma de la ciudad.
Danny Gavidia supo manejar los nerviosos elementos que le ofrecía la anécdota, pero tropezó con un guión demasiado elemental en el que la violencia y la claustrofobia no pasan de una receta sin mayor emoción y con algo de candidez. La pintura de la pareja protagónica es, también, bastante monocorde y el resultado final queda en un nivel sin honduras y sólo en las situaciones de violencia el director logró hacer resurgir la anécdota que tenía entre manos.
El realizador peruano demostró con su ópera prima que puede tener un futuro promisorio si sabe elegir sus próximos temas cinematográficos. "Reportaje a la muerte" debe considerarse un borrador de algo que, sobre la base de un libro más firme, hubiese podido transformarse en un vibrante alegato en torno de esos hombres que juegan a matar o morir entre los altos muros de una cárcel, y de la misión del periodismo cuando éste se inserta en lo sensacionalista.
Los intérpretes procuraron elevar el voltaje que les imponían sus criaturas de ficción, y así tanto Marisol Palacios como Diego Bertie salieron indemnes de sus nada fáciles tareas. La fotografía y la música cumplieron a satisfacción con sus cometidos en este relato que promete más que lo que da dentro de una cinematografía que, como la peruana, busca continuamente lo audaz y lo cotidiano en su afán de trascender sus fronteras.
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