Terry Gilliam y el rodaje maldito de su Quijote que comenzó en 1991

Adam Driver y Jonathan Pryce protagonizan la versión de la novela de Cervantes, que finalizó el viernes último
Gregorio Belinchón
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8 de junio de 2017  

Jonathan Pryce y Tery Gilliam durante el rodaje
Jonathan Pryce y Tery Gilliam durante el rodaje

MADRID.- "Hacer mi versión de Don Quijote es una obligación médica. Es un tumor cerebral que tengo que extirpar como sea." Terry Gilliam respondía así a una pregunta de este diario sobre su The Man who Killed Don Quixote en una entrevista de hace un año por la edición española de sus memorias, Gilliamismos.

" Don Quijote es peligrosísimo para cualquier adaptador porque acabas convertido en el personaje. Y vives en un mundo que no es el tuyo. Se ha vuelto algo obsesivo, enfermizo y es lo más que voy a contar." Al menos una parte Gilliam la lleva por buen camino. El viernes último, el director filmó, tras nueve semanas de rodaje, el último plano de su proyecto, con lo que al menos ya existe un material en bruto: Gilliam va por buen camino. El cineasta anunció este momento en su Facebook y la productora española Tornasol lo confirmó, por boca de una de sus responsables, Mariela Besuievsky, el sábado.

En Facebook, el artista escribió: "Disculpas por el largo silencio. Estuve ocupado cargando el camión y ahora estoy yendo a casa. Luego de 17 años he completado The Man who Killed Don Quixote. Muchas gracias a todo el equipo y a quienes creyeron en el proyecto. QUIXOTE VIVE!". Con el mensaje celebraba así el final de su film más querido, y al que más años ha dedicado.

En la mente de Gilliam el proyecto está en marcha desde 1991, con lo que hasta esta versión protagonizada por Adam Driver, Jonathan Pryce y Olga Kurylenko ha habido muchos actores comprometidos con la película, muchos intentos e incluso un rodaje de seis días en octubre de 2000 en el desierto de las Bardenas Reales.

En aquel momento, los protagonistas eran Johnny Depp y Jean Rochefort, y el rodaje -tal como quedó registrado en el impresionante documental Lost in La Mancha- acabó derrotado por las fuerzas de la naturaleza en forma de lluvias torrenciales, los ruidos de los aviones de la Otan que sobrevolaban el rodaje y la falta de presupuesto: de los 40 millones de euros teóricos se pasó a 32 millones reales, para sorpresa de su director.

En este tiempo el argumento ha variado y ahora no hay tanto viaje al pasado. Al inicio de esta última versión, su protagonista, Toby (Johnny Depp en el primer rodaje; posteriormente Ewan McGregor, Jack O'Connell y ahora Adam Driver), es un joven cineasta idealista que quiere rodar su versión del Quijote en un pueblo español. Años después, se ha convertido en un arrogante publicista, corrompido por el dinero. Vuelve a España a grabar un anuncio, se ha liado con la esposa de su jefe y lucha contra el mal tiempo y su propio ego. Un gitano aparece con una copia de su viejo film estudiantil. Toby decide regresar al pueblo donde lo filmó y donde el viejo que encarnó a su Don Quijote (Jean Rochefort, Robert Duvall, Michael Palin, hoy Jonathan Pryce) se ha vuelto loco pensando que es el auténtico caballero de la triste figura y que tras una serie de calamidades confunde a Toby con Sancho Panza. Ambos, por diferentes motivos, saldrán de viaje a buscar a Dulcinea. Junto a Driver y Pryce están Óscar Jaenada, Rossy de Palma (que había estado ya en 2000 y vuelve a enrolarse), Olga Kurylenko, Eva Basteiro-Bertoli (Pa negre) y Stellan Skarsgård (que encarna al jefe de Toby).

Durante nueve semanas y con 16 millones de euros de presupuesto, han rodado en Toledo, Madrid, Tomar (un pueblo cerca de Lisboa) y Fuerteventura. En la producción, además de Tornasol con Gerardo Herrero y Mariela Besuievsky, están Amy Gilliam (hija de Terry) y el mítico Jeremy Thomas.

Y eso que en los últimos días se le han cruzado por el camino más problemas. Durante el festival de Cannes, el anterior productor del proyecto, el portugués Paulo Branco, de Alfama Films, anunció que había ganado un juicio contra la actual producción. Branco había anunciado el proyecto en el certamen de Cannes de 2016 con Gilliam antes de dejarlo paralizado en octubre, momento en el que los coproductores españoles decidieron dar un paso adelante y seguir con la película. En la sentencia de un tribunal parisino, al contrario de lo que anuncia Branco no se le da la razón al portugués ni se permite paralizar el proyecto, sino que sólo le reconoce su demanda en un aspecto formal de su relación contractual con Gilliam -no con el proyecto-, por lo que la productora Tornasol asegura no entorpecerá el buen devenir de The Man Who Killed Don Quixote.

En un comunicado reciente de la productora Tornasol, Gilliam apunta: "Don Quijote es un soñador, un idealista y un romántico decidido a no aceptar las limitaciones de la realidad, avanzando sin importar los contratiempos, como hemos hecho nosotros desde el comienzo de la producción. Hemos estado trabajando en esto durante tanto tiempo que la idea de terminar de rodar esta película es bastante surrealista. Cualquier persona sensata habría renunciado hace años, pero a veces los cabezotas soñadores ganan al final, así que doy las gracias a todos los creyentes que se han unido para hacer realidad este sueño".

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