Teatro Gran Rex
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Un viejo sueño californiano en la calle Corrientes
Uno de los pocos grupos fundamentales de la historia del rock que nunca había tocado en Buenos Aires (en ninguna de sus formaciones), los Beach Boys, perennes representantes del californiano sonido surf, llegaron sin mucho estruendo pero dejaron bien alta su reputación, y respondieron con seguridad al compromiso que implica cargar con el peso de semejante nombre. Con dos de los hermanos Wilson ya fallecidos y el tercero –Brian– al frente de una carrera solista que retomó la senda de la notoriedad recién el año pasado con la edición de smile, la primera pregunta por develar era cómo se componían estos Beach Boys. El líder, que tiene los derechos legales para la utilización del nombre, es Mike Love, quien junto con Bruce Johnston (no es uno de los fundadores pero está en la banda desde 1965), son los dos miembros originales que permanecen en esta formación. Sin embargo, el actual septeto realizó una presentación que reproduce con fidelidad sorprendente el sonido clásico de la banda, especialmente sus características armonías vocales a cuatro y cinco voces, en las que se destacó el tecladista John Cowsill, que perteneció a otra banda familiar contemporánea de los Beach Boys, The Cowsills.
Vestidos con camisas hawaianas, en medio de un decorado con plantas tropicales y tablas de surf, hicieron un exhaustivo recorrido por toda la historia del grupo, a lo largo de más de dos horas y…¡45 temas! Además de incluir todos los hits característicos –desde "Surfin’ usa" hasta "Kokomo"–, el concierto no estuvo exento de cierta intención didáctica, con un segmento dedicado a los "Beach Boys aficionados" (sic), en el que sonaron algunas gemas no tan conocidas, como "Till I Die", "Disney Girls" (de Johnston), "I Can Hear Music" y "Sail on Sailor". Love, que oficiaba de maestro de ceremonias, se preocupó en sus relatos de nombrar repetidamente a "mi primo Brian" –como para dejar sentada la relación cercana–, y mostró su sentido del humor en una parte dedicada a los temas que los habían influenciado en sus inicios: "Canciones más viejas que los Beach Boys, ¿pueden creerlo". Así llegó otra gran sucesión de oldies, con "Duke of Earl" y "Why Do Fools Fall in Love" –clásico doo woop de Frankie Lymon–, que dio pie a una brillante introducción a cappella que Love presentó con la arenga: "A ver si Justin Timberlake puede hacer esto". Era una manera de afirmar su paternidad sobre el pop, como cruzados de un paraíso imaginario donde los veranos son eternos y el sol nunca se pone.





