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Allá lejos y hace tiempo, The Prodigy le trajo personalidad a la música electrónica, en la figura del frontman Keith Flint, un odioso cíber-matón que funcionaba como una alternativa divertida a los nerds giradores de perillas. En su primer disco con Flint desde 1997, parece que el tiempo no pasó. "Invaders Must Die" –que hace un loop con la frase del título sobre un aporreo de beats y fuegos artificiales electrónicos– parece haber sido diseñado como carnada para los defensores de los derechos de los inmigrantes del mismo modo que "Smack My Bitch Up" lo hacía con las feministas. Aparte del caliente y sucio pop de "Warrior’s Dance" y el híbrido Stax-Volt "Stand Up", Invaders… es puro puñetazo y vacuo ruido de rave, útil sobre todo para bailes thrash y para asustar a los vecinos.





