Toker, un fueye con historia europea
El bandoneonista, que estuvo radicado en Holanda, se presenta todos los jueves, en Clásica y Moderna
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Desde aquí y desde Amsterdam -donde estuvo radicado a partir de los años 90-, Gustavo Toker nos tuvo acostumbrados a las sorpresas con el arte magnífico de su bandoneón.
La historia musical de Toker es nutrida y sabrosa. El músico -que se presentará todos los jueves de octubre, a las 21, con la pianista Carina Juni, en la librería Clásica y Moderna- no ha olvidado sus lares porteños.
Lo hizo evidente cuando editó en Holanda, en 1994, el disco "Expresiones de Buenos Aires y del campo argentino" en dúo con el fenomenal pianista Juan Pablo Dobal.
Lo ratificó al año siguiente en el nuevo compacto "Contrasaxeando" publicado allá con el mismo dúo junto al magnífico Aurelia Saxophon Quartet al plasmar versiones antológicas de Piazzolla.
En ambos registros confirmaba el vuelo emprendido allá por 1981 con el Quinteto de Luis Borda en un boliche de Belgrano. Un quinteto adelantado a su época, que mostraba la prolífica inventiva del Borda de entonces.
La llegada de Semblanza
Después llegó el trío Semblanza, en el que Toker compartió roles con Hernán Lugano y Ernesto Snajer. Allí, el bandoneonista empieza a manifestarse compositor junto a sus pares.
Era un trío que también hacía restallar los ritmos de milonga, como la "De mis amores", de Laurenz.
-Con Semblanza fuimos por primera vez a Europa. Previmos tres meses de gira. Nos quedamos seis. Fuimos por toda Europa, de Holanda a Polonia, de Noruega a España, pasando por Suiza y Alemania. Tocamos en varios festivales, incluso en el de jazz, de Copenhague, y nos invitaron a la radio WDR, en Colonia. Desde 1987 a 1992 emprendimos cinco giras europeas. En ese tiempo alternaba con el grupo de León Gieco.
-¿Qué te instaló en Europa?
-La Argentina no me permitía el desarrollo como músico; no me ofrecía garantías de crecer. Se me presentó entonces la oportunidad de establecerme allá por una invitación (que finalmente no se concretó) y de desarrollarme como compositor mediante intensos estudios e investigación sobre la música de Buenos Aires. Sobre todo indagar en las raíces. Instalado allá debí quedarme asumiendo la autogestión. Trabajé mucho en la música. Y a los ocho meses conseguimos con mi mujer la residencia. El ministerio de Justicia y Cultura de Holanda consideraba lo mío como un aporte a la cultura holandesa. Es que Holanda, que tiene una población multiétnica increíble (se dice que conviven allá 165 nacionalidades) , está muy abierta a lo cultural. Los municipios emprenden una seria y descomunal tarea de apoyo artístico.
-¿Como se produce allá la inserción de un artista extranjero?
-Existe algo así como una licitación de proyectos artísticos o culturales. Cada artista presenta su proyecto. No existe ningún trato personal con el Ministerio. De allí que no funciona ni el acomodo ni el amiguismo. Precisamente nuestro proyecto con los saxos fue aprobado, y con ese aval emprendimos dos giras de quince conciertos en los años 1994 y 1995 por Holanda, que culminaron en el Concergebouw. Los saxofonistas holandeses captaron y plasmaron muy bien el espíritu de Piazzolla.
-Es difícil emular el fraseo de Piazzolla en el bandoneón...
-Precisamente a partir de ese proyecto me impuse transcribir en partituras ese fraseo de Astor. Porque es fundamental, ya que siempre se tocó la mitad de lo que él ejecutaba. Y así tocado no suena a Piazzolla. Astor iba más allá de la melodía. Su estilo de fraseo es imposible de medir. Y esto es lo que yo descubrí desde el bandoneón y que rescato a partir del proyecto con Aurelia. Hasta ahora llevo transcriptos alrededor de veinte temas. Viví prendido al auricular durante días... También encaré los arreglos para bandoneón solo que Piazzolla grabó en 1971 sin mostrarlos en vivo. Son clásicos de Cobián, De Caro, Mora... hechos como las Bachianas de Villa-lobos o los standars por Bill Evans. Esto me abrió a otros estilos y dimensiones. Por eso hice lo mismo con otros creadores fundamentales, para plasmar, por ejemplo, las guitarras de Zitarrosa y los toques de Omar Moreno Palacios en su guitarra. Me interesan las cosas que han quedado tapadas por el maremagnum ciudadano.
-¿Seguís componiendo?
-Estoy consagrado a la composición desde que empecé a tocar aquí con ese disco, "Bandoneón", que editó Melopea en 1991. Busco un lenguaje propio que me identifique a partir de ritmos que me interesan, como los foklóricos, del chamamé al gato, y en especial la milonga. Siempre digo -aquí y allá, en Europa- que son piezas basadas en ritmo de . Porque no parto desde lo coreográfico. Y mi identificación con lo argentino es a partir de la belleza. Hoy, como nunca, puedo decir que la música argentina es espectacularmente bella. Y que hay ritmos, como la chacarera, que vuelve loco a cualquiera, sobre todo a los músicos europeos. El mismo tango contiene un ritmo, un pulso roto, sincopado, increíble.
En clásica y moderna
Gustavo Toker, reaparecerá en la escena argentina en la librería Clásica yModerna todos los jueves de octubre, a las 21.
Lo hará con la pianista Carina Juni, muy ligada a la música clásica y a la popular encarada camarísticamente.
-Carina me acompañará en temas que escribí especialmente para ella. Los recitales tendrán dos partes. En la primera tocaré yo solo en bandoneón. Haré clásicos como "Mi refugio", "Loca bohemia"...y en la segunda, con Carina ofreceré obras mías: tangos, milongas, valses, malambo...Entre ellos incluyo mi obra "Astor que estás en los cielos", estrenada en el homenaje que se hizo a Piazzolla en Holanda en 1993. Esa obra marca una vuelta de tuerca en lo que yo venía escribiendo hasta ese momento. Creo que vale la pena...
Gustavo Toker, el talentoso bandoneonista nuestro, reaparece en la escena porteña tras su exilio holandés. No es el holandés errante (de Wagner) sino el argentino que espera el reconocimiento en su tierra.




