
Real Gone
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Garganta del Diablo
Tom Waits respira a través de Real Gone como si hubiera estado tragando lava pura, carraspeando nombres siniestros y detalles ridículos: Horse Face Ethel, Knocky Parker, "el tatuaje de un revólver hecho con el motor de un casete y una cuerda de guitarra". Waits hizo de todo menos reflotar el lado sentimental de sus primeros discos. Su único intento por entregarnos algo conmovedor –el ambivalente lamento de soldado de "Day After Tomorrow"– es el momento más flojo del álbum. Actualmente, Waits prefiere los estragos de las pandillas carcelarias, como en el catecismo de asesino de "Don’t Go Into That Barn". Waits conserva al grupo de músicos que reclutó –el notable guitarrista Marc Ribot, y Les Claypol y Brain Mantia, ambos de Primus–, quienes son capaces de tocar como si se estuvieran cayendo al infierno. La percusión de muchas de estas canciones son las toses, los ladridos y los balbuceos de Waits, que dan un efecto de "alien comiéndose tu cerebro", pero no alcanzan el nivel de las salvajes imágenes de las letras. En "Make It Rain" le ruega al Señor al menos una retribución, pero el Dios de "Sins of My Father" dice con sarcasmo: "No me vengas con esos reclamos". El verdadero corazón de Real Gone es la música de gospel, pero al revés: una voz hereje que canta acerca de la conspicua ausencia de piedad divina.





