Top Five: las mejores películas deportivas
En el marco de la Copa del Mundo 2014, repasamos grandes exponentes del género
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Pocos escritores pudieron poner en palabras la pasión por el deporte tan excepcionalmente como lo hizo Eduardo Galeano . En El fútbol a sol y sombra, el autor uruguayo describió al hincha como aquel que, al finalizar el partido, "regresa a su soledad, se aleja, se dispersa, se pierde" en un "domingo melancólico como un miércoles de ceniza después de la muerte del carnaval". Galeano habla del vacío que llega cuando un nuevo round se acaba, y esa visión se podría hacer extensiva a cualquier deporte. A continuación, cinco películas que, por fuera de clásicos como Toro salvaje, Rocky o Un equipo muy especial, también supieron reflejar ese estado de exaltación que genera el amor por el deporte, ese que nos deja en soledad cuando el ritual se termina.
*1. CAMPO DE SUEÑOS (1989, Phil Alden Robinson)

Si Campo de sueños se convirtió en un verdadero clásico, poco tuvo que ver con el vértigo que el género deportivo parece requerir como condición sine qua non. P or el contrario, la película de Phil Alden Robinson está hablando de la pasión por el deporte desde un lugar donde la adrenalina es reemplazada por ribetes poéticos. "Si lo construyes, él vendrá" escucha Ray, un granjero de Iowa interpretado por Kevin Costner (¿por quién si no?), y con ese susurro sobrenatural como motivación procede a la construcción del campo de béisbol que da título al film. Mediante la concreción de esa empresa, eminencias del deporte bajan del cielo para un nuevo juego. Si hay algo que vuelve encantadora a esta película es, justamente, su carencia de presura narrativa, lo cual le otorga una sensibilidad que muchos otros exponentes del género, en su afán por nunca sacar el pie del acelerador, parecen olvidar. Campo de sueños es una película con corazón porque puntualiza, con el béisbol como excusa, en la importancia de la tenacidad ante circunstancias adversas.
*La inolvidable escena de Campo de sueños:
*2. MONEYBALL (2011, Bennett Miller)

Lo que logra Moneyball es bastante inaudito: cuenta la historia de cómo un equipo de béisbol (los Atléticos de Oakland) intenta competir con bajos recursos económicos y poniendo el foco en un sistema estadístico, pero sin sacrificar el componente emocional. En ese plano, cada una de las apariciones de la hija de Billy Beane, el director del equipo interpretado con gran sutileza por Brad Pitt, opera como el esencial recordatorio del hilo conductor del film, que no es más que la arbitraria distinción entre ganadores y perdedores. La secuencia final de la película co-escrita por Steven Zaillian y el brillante Aaron Sorkin no necesita estar ambientada en el campo de juego necesariamente para resumir la esencia del deporte. De hecho, el realizador Bennett Miller opta por un plano cerrado del rostro de Pitt mostrándonos cómo su Billy Beane reacciona con lágrimas mientras su hija le canta "just enjoy the show", el consejo más apropiado que ese hombre amante del juego debía escuchar al estar perdiendo, en medio de la lucha por permanecer en la competencia, la capacidad de disfrute.
*El gran final de Moneyball:
*3. THE SANDLOT (1993, David M. Evans)

Pocas combinaciones tan efectivas como lo deportivo conjugado con las historias coming of age (o "de crecimiento"). The Sandlot, claramente influenciada por Cuenta conmigo de Rob Reiner, es una película nostálgica por excelencia, que marcaría el camino de otros films como la subvalorada The Kings of Summer. Como suele suceder con varias películas del género, la pasión por el deporte siempre está supeditada a un amor mucho más grande e inquebrantable: la amistad. Un grupo de niños se reúnen a jugar en ese descampado al que alude el título original del film, se ponen apodos y se enfrentan a una "bestia" (Hércules), ese perro al que temen y que finalmente se convierte en la mascota del equipo. The Sandlot es un film entrañable, digitado por el deseo de mostrar cómo, décadas después de ese período de ingenuidad, hay rasgos de la infancia que se mantienen. Como se mantiene en Benny su necesidad de poner el corazón al servicio de su anhelo más grande (jugar al béisbol profesionalmente) pero sin olvidar ese apodo ("The Jet") que, cada vez que lo escucha, lo transporta ese descampado, a ese grupo de amigos y a esa inmaculada visión de la vida.
*The Sandlot, un clásico de los 90:
*4. EL HINCHA (1951, Manuel Romero)

No hay manera de rever El hincha y no ser vulnerable a la inolvidable (y última) actuación cinematográfica del gran Enrique Santos Discépolo. Su interpretación se vuelve aún más memorable si tenemos en cuenta que la historia primigenia en la que se basa el film del realizador Manuel Romero (además letrista de tango) fue concebida por el propio Discépolo. Como ejemplo del gran momento creado por él, nos encontramos con el punto neurálgico de la película: la definición del hincha. El Ñato, en un arrebato de efervescencia y de frenesí por el fútbol (dos rasgos que cruzan todo el film), lo define como aquel que "da todo sin esperar nada". Por supuesto que, en consecuencia, se está definiendo a sí mismo y a su necesidad de apoyar a su club en el marco de su inminente descenso, sin advertir cómo la codicia inherente al deporte a veces puede operar en su contra de manera aplastante. Sin embargo, El hincha (película y figura) nunca olvida que el centro mismo de la historia es hasta qué punto la vida y el fútbol son un vínculo indisoluble, más poderoso que cualquier invasión externa que busca atentar contra él.
*Enrique Santos Discépolo en El hincha:
*5. RUSH, PASIÓN Y GLORIA (2013, Ron Howard)

El monólogo final de Rush, pasión y gloria corona a la perfección al film de Ron Howard y encuentra en la extraordinaria actuación de Daniel Brühl la herramienta ideal para verbalizar el eje del film. El monólogo es de Niki Lauda y hace hincapié en su conflictiva relación con James Hunt: "Cuando murió a los cuarenta y cinco años de un ataque al corazón, no me sorprendí: me entristecí; la gente siempre nos ve como rivales pero él estaba dentro del pequeño grupo de personas que yo respetaba". Posteriormente, Lauda se hace cargo de que Hunt fue el único competidor por el que sintió una verdadera envidia. Howard pone el foco en cómo esa constante mirada en el otro no siempre opera en detrimento de uno sino más bien todo lo contrario. Como ejemplo claro, nos encontramos con la secuencia en la que Lauda, luego de su terrible accidente, yace en una cama de hospital y lo ve a Hunt triunfante en un televisor. Esa imagen es la que, entre otros factores, le da la fuerza necesaria para recuperarse. Se trata de una secuencia tan poderosa como aquellas en las que Howard retrata (con sorprendente pulso) el riesgo que conlleva cada salida a la pista.
*Chris Hemsworth y Daniel Brühl en Rush, pasión y gloria:
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