Tornatore sigue anclado en el pasado
"Malena" (Estados Unidos-Italia/2000). Producción de Miramax y Medusa presentada por Buena Vista International. Dirección: Giuseppe Tornatore. Con Monica Bellucci, Giuseppe Sulfaro, Luciano Federico, Matilde Piana y Pietro Notarianni. Guión: Giuseppe Tornatore, basado en una historia de Luciano Vincenzoni. Fotografía: Lajos Koltai. Música: Ennio Morricone. Edición: Massimo Quaglia. Dirección de arte: Francesco Frigeri. Duración: 94 minutos. Para mayores de 13 años. Nuestra opinión: Regular
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Suele decirse que los grandes autores tienen obsesiones, marcas de estilo y hasta temas que se repiten a lo largo de sus filmografías. Pero mientras los verdaderamente talentosos alcanzan a reformular, ampliar y profundizar esas búsquedas, otros parecen quedarse anclados y simplemente terminan maquillando una y otra vez la misma y única cara artística que tienen.
A esta altura de su carrera, a Giuseppe Tornatore ya no puede pedírsele otra faceta que la que ha mostrado en "Cinema Paradiso", "Stanno tutti bene" o "La leyenda del 1900". Su cine ampuloso y edulcorado, de fuerte impacto y una permanente (sobre) carga nostálgica suele producir en el caso de "Malena" una sensación contradictoria que fluctúa entre la saturación ante lo ya visto tantas veces y el vacío de quien no tiene nada demasiado novedoso para proponer.
En "Malena" -su regreso a Sicilia y al rodaje en italiano luego de una desafortunada incursión en Hollywood- hay también una vuelta al Federico Fellini de "Ocho y medio" y "Amarcord", pero allí donde el gran maestro trataba las obsesiones sexuales masculinas con un humor despiadado y a la vez querible, aquí la mirada es siempre rutinaria, complaciente, misógina, moralista y, sobre todo, demasiado solemne.
Tornatore vuelve a contar la historia -ambientada en Castelcuto, un pequeño pueblo de su Sicilia natal, cuando la Segunda Guerra Mundial está a punto de arribar a la zona- desde el punto de vista de Renato, un "comprador" niño de 13 años (Giuseppe Sulfaro), perdidamente enamorado de la Malena del título. Ella es la gran belleza del lugar y entonces el director se encarga de mostrar cómo todos los vecinos (chicos, adolescentes, adultos y ancianos) se dan vuelta y la persiguen para observar sus generosas curvas.
En la construcción del personaje de Malena -y especialmente en la elección de Monica Bellucci- aparece otra de las ideas omnipresentes en el cine de Tornatore y otros colegas de su generación, que vivieron de pequeños el auge de las grandes divas italianas. Así como otros intentaron infructuosamente con Maria Grazia Cuccinota en "El cartero" revivir el esplendor de Sofía Loren, Claudia Cardinale, Gina Lollobrigida, Silvana Mangano o Virna Lisi, aquí la Bellucci, más allá de su digna y esforzada interpretación, sale disminuida de la comparación.
Además, para que no queden dudas de su pasión por el cine, Tornatore vuelve a incluir escenas que transcurren en una vieja sala e incorpora además fragmentos en los que Renato sueña estar dentro de películas románticas, de romanos, de policiales, de westerns o de historias de Tarzán Pero "Malena", que durante su primera mitad describe el voyeurístico despertar sexual, los pequeños traumas, los rituales de iniciación y las fantasías de Renato -que en su mayoría son producto de la fascinación que la protagonista desencadena en él-, en la segunda deviene en una crítica al cinismo, la hipocresía, la doble moral, la cobardía, la vulgaridad y la violencia contenida dentro de una sociedad sometida por el fascismo de Benito Mussolini, males que son proyectados y descargados en un chivo expiatorio como Malena.
En el personaje de Malena conviven todos los estereotipos de la madonna italiana: la santa y la prostituta, la belleza desatada y la fealdad que llega hasta el autoflagelo, la energía y la culpa, el orgullo y la sumisión. Pero Tornatore se agota en sus propios esquemas, se queda en el lugar común, se reduce a reflejar el imaginario y los tópicos que los seguidores del clásico cine italiano ya han visto en muchas oportunidades.
Estas limitaciones también se traducen en el terreno visual, ya que -aun para mostrar los aspectos más sórdidos de su historia- Tornatore apela permanentemente a una bella y brillante fotografía en Cinemascope a cargo del húngaro Lajos Koltai con los paradisíacos exteriores de Sicilia de fondo, a la que se suma una climática banda sonora con el sello inconfundible del veterano Ennio Morricone.
"Malena" es otra muestra más del sello Tornatore, un director que intenta resumir en cada una de sus obras las grandes marcas del cine de su país. Es probable que todavía algunos puedan emocionarse o sentirse atraídos por esta propuesta plena de melancolía. Para aquellos que deseen trascenderla y encontrar algún síntoma de innovación, deberán esperar que Italia logre exportar otro tipo de películas.





