Un 007 con ingenio y buen estímulo para el entretenimiento
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Nuestra opinión: muy buena .
El mañana nunca muere ("Tomorrow Never Dies", Gran Bretaña, 1997), presentada por UIP -United Artists/MGM-. Guión: Bruce Feirstein, sobre el personaje James Bond, creado por Ian Fleming. Fotografía: Robert Elswit. Música: David Arnold. Intérpretes: Pierce Brosnan, Jonathan Pryce, Michelle Yeoh, Judi Dench, Teri Hatcher, Joe Don Baker. Dirección: Roger Spottiswoode. 120 minutos.
La información de prensa original sobre la más reciente aventura de James Bond, "El mañana nunca muere", abunda muy poco datos sobre el director, Roger Spottiswode, bien conocido por los interesados. Tampoco se ocupa demasiado de otros técnicos y sobre los actores, la noticia es escueta. El nudo de la cuestión está en el producto, James Bond, lo que vale para productores, vendedores y público.
Bond tuvo muchas caras y a nadie le importa. Su atuendo prolijo y fiestero es la etiqueta que domina al personaje, junto con su capacidad para sortear obstáculos cada vez más impredecibles y peligrosos y salir ileso casi siempre con la ayuda de algún adminículo provisto para asombro de la audiencia.
Como éste es el tiempo de los teléfonos celulares de múltiple uso (también para hablar), tampoco Bond pierde la oportunidad de demostrar -habrán pagado mucho- la capacidad de las redes inalámbricas de comunicación verbal.
Producto comercial
James Bond es un producto comercial cuidado por sus responsables, de modo que siga dando frutos de creadores a herederos, como está sucediendo con la sucesión de Albert Broccoli. Como en la anterior "Goldeneye", la cara de Bond es la del irlandés Pierce Brosnan, apenas expresivo, pero sonriente, carilindo y uno de ésos que no sé qué le vieron. Responde sumiso al modelo instaurado a lo largo de 17 títulos anteriores y mucho antes de los últimos, que continúan el formato probado en los años sesenta y durante más de treinta años. Los artefactos Bond fueron mejorando junto con la tecnología del cine y hoy, gracias al sacrificio de los dobles, a los efectos especiales, a los esfuerzos de los protagonistas y a la posproducción computadorizada, James Bond sigue al día, compitiendo con quien se le ponga delante en materia de cine espectacular y sin miedo a hacer papelones, como lo demuestra "El mañana nunca muere", que aporta su batería de ingenio y un buen estímulo para el entretenimiento: humor, aventura, viajes por el mundo visible y por el fondo del mar, caídas de alturas imposibles y viajes en moto por el aire, como en los viejos circos.
Respetar el formato
Hay un formato instaurado hace mucho y ya clásico, que "El mañana nunca muere" respeta: el film comienza como querían los antiguos, in medias res, en la mitad de las cosas: James Bond está terminando una aventura, que ocupa los primeros diez o quince minutos del film, en medio de la agitación y el deslumbramiento de la audiencia. Como en los viejos seriales -"las de episodios"-, imaginamos que la nueva narración se anuda con una anterior, no perteneciente a ninguna película, pero fuertemente motivadora de la que viene. Aquí, Bond se encuentra rescatando un avión de guerra de la ruta de un misil, que va a caer en algún sitio de la ex URSS donde opera la mafia rusa, el enemigo más habitual en las producciones de aventuras de hoy.
Después viene el nudo de la historia, donde el enemigo -el formidable Jonathan Pryce (el Perón de "Evita", de Parker)- es un temible acaparador de medios informativos periodísticos, desde diarios a canales internacionales de noticias. Sueña con dominar el mundo, como tantos villanos de cine, y no sólo de cine.
Bond, los sabemos, va a desbaratar la peligrosa red de información falsa, anunciadora de catástrofes terminales. Para llegar a ese logro deberá sobrevivir a la caída, casi sin paracaídas, desde un avión en vuelo a 12.000 m de altura, a la falta de aire en el fondo del mar y a una o dos situaciones de asfixia y vértigo convertidas en el plato fuerte de la narración. No faltan las conquistas sentimentales y las situaciones amorosas de este héroe siempre joven, sin hijos ni padres, pero con voluntad para servir a la reina y para salvar al mundo de los malvados que los guionistas le ponen enfrente. Ahora, como recurso de producción para imponer el modelo en el mercado asiático, Bond comparte sus aventuras con una audaz y joven karateca (Michelle Yeoh) que no le va en zaga.
Hay mucho humor y algunos momentos, incluidos los que debieron ser eróticos, con la simpática Teri Hatcher (la mujer del villano), una actriz popular en TV, mueven francamente a la risa y producen confianza en el público para seguir prestándole crédito a esta imperdible serie. El director Spottiswoode -le da igual un film sobre terrorismo político en América latina ("Bajo fuego") que una de héroes imbatibles- hace muy buena letra, conoce los engranajes de la maquinaria Bond y ni se lo advierte, detrás de una sucesión ruidosa e imaginativa que está por encima del deseo de ser autor.
Un sonido inconfundible
Las aventuras del agente secreto británico 007 se pueden reconstruir mediante las canciones que van desde Tom Jones hasta Duran-Duran, y desde Paul McCartney hasta Tina Turner.
Sabemos, por datos muy precisos, que la mitad de la población mundial ha visto alguna vez una película de James Bond. Entonces cabe pensar que toda persona que no se comunica por medio del ruido de tambores seguramente ha escuchado alguna vez la música de James Bond."
Lo dijo Albert R. Broccoli, el inventor del mito cinematográfico creado alrededor de 007 y productor de las primeras 17 películas del agente secreto más famoso del mundo, desde "El satánico Dr. No" (1962) hasta "Goldeneye" (1995).
Broccoli murió el año último, pero dejó la herencia intacta. Su hija Barbara tomó la posta en "El mañana nunca muere" sin cambiar (aggiornar parece suficiente) ninguno de los ejes de la bondmanía creada por el sagaz productor y que tan buenos resultados le dio.
Junto con las armas inverosímiles, las mujeres más hermosas y el martini seco shaken and stirren, el papel de la música es decisivo en todas las aventuras cinematográficas de Bond. Cada nuevo film de la serie comienza con el paso del perfil negro de nuestro héroe mientras un ojo de hierro lo sigue hacia el centro de la pantalla. De repente, Bond saca una pistola y dispara sobre el ojo que comienza a teñirse con el color de la sangre. Todo ocurre al compás de un sonido original e inconfundible de guitarra eléctrica, mezclado con impactos de percusiones, metales y violines, en el que hay toques de jazz y de rock and roll.
Es el "Tema de James Bond", compuesto (bajo el seudónimo de Monty Norman) por John Barry, un talentoso músico inglés que, además de crear uno de los leit motiv más conocidos en toda la historia del cine, mostró su talento al componer las bandas de sonido de películas no menos famosas como "Chaplin", "Africa mía" y "Danza con lobos".
Sonido clásico
A Barry, además, se le debe el clásico sonido Bond de la música incidental de la mayoría de los films de la serie. Los sonidos que acompañan las aventuras de 007, siempre vigorosos e inspirados, saben combinar en justas dosis la vibración de las escenas de acción y la sensualidad de los encuentros entre el héroe y sus muchas conquistas femeninas. El carácter original de esta propuesta se completa con los títulos de apertura. Junto con las siluetas del héroe, de sus mujeres y de sus armas suena el tema principal de cada film, para el que son convocados solistas o conjuntos de gran popularidad en el momento, desde Tom Jones hasta Duran Duran, desde Paul McCartney hasta Tina Turner. Hasta el momento, sólo la morena Shirley Bassey logró aparecer más de una vez en la lista: su voz se escucha en tres películas.
Canciones y algo más
La historia de James Bond se puede reconstruir mediante estas canciones, sobre las que siempre sobrevuela el "Tema de James Bond".
La antología completa de las canciones de los primeros 16 films de Bond fueron compiladas, en 1992, en un CD con el que se celebró el trigésimo aniversario de Bond en el cine. "The Best of James Bond, 30th. Anniversary Collection" (EMI, en Tower Records, $ 22) incluye 19 tracks con las canciones principales además del "Tema de James Bond" y "007", otro tema incidental escuchado en casi todas las películas de 007. Si este disco es la síntesis perfecta de la historia de Bond por medio de la música, más complicado resulta reconstruirla paso por paso, rastreando las bandas de sonido de cada uno de los films.
Por supuesto, la más accesible hoy en día es la de "El mañana nunca muere" (Polygram, en Musimundo cuesta entre $ 21 y $ 22). El score fue escrito por David Arnold y cuenta con un tema principal cantado por Sheryl Crow. Los títulos de cierre están acompañados por la sugerente voz de K. D. Lang ("Surrender") y el CD incluye un curioso arreglo del "Tema de James Bond", por Moby.
"Goldeneye" (Virgin) también es relativamente fácil de hallar (en Musimundo se vende a $ 16, mientras en Zival´s, se ofrece como oferta a $ 8). La trama se viste con los climas orquestales compuestos por el francés Eric Serra y Tina Turner canta el tema principal.
Encontrar en CD el resto de los films de Bond requiere armarse de mucha paciencia. Las disquerías no tienen a la vista la mayoría de esos títulos, aunque "Licence to kill" (EMI) se consigue en Musimundo a $ 20 y una rareza, "Sólo se vive dos veces", con un excelente tema principal a cargo de Nancy Sinatra, está en Zival´s, pero a $ 27 pesos.
Encontrar el resto es cuestión de enjundia, perseverancia y una dosis de suerte. El premio es disfrutar de inspirada música incidental y de una colección de canciones que indican la evolución de una marca registrada.





