
Un creador cuyo arte perdura: Gene Kelly
Dos nombres descuellan en la historia de la danza en el cine de Hollywood. Más: casi podría decirse que esos dos nombres la resumen, la sintetizan. Son, claro, Fred Astaire y Gene Kelly, tan emblemáticos, tan distintos. "Fred representa la aristocracia; yo, el proletariado", decía Kelly, de cuyo nacimiento acaban de cumplirse cien años. Y eso quería ser: un hombre común, tan masculino en sus gestos y en sus movimientos como cualquiera de la calle; uno para quien bailar era tan natural como respirar. Con él, la danza brotaba naturalmente de las circunstancias de la escena y muchas veces él hacía que los elementos de la escena lo acompañaran en el baile. Tap, ballet, saltos atléticos, repentinos cambios de ritmo, siempre el mismo brío, la misma jovialidad, el mismo vigor en los movimientos, la misma sonrisa. Llegó bastante después que Astaire para inyectarle a la danza una energía juguetona y juvenil. El carisma, sus personajes siempre simpáticos y sobre todo su creatividad a la hora de concebir cada número coreográfico hicieron lo demás.
Astaire y Kelly: a la proverbial elegancia perfeccionista de uno siguió la frescura y la vitalidad del otro. Los dos son grandes y bien harían quienes todavía discuten cuál era mejor si dejaran a un lado las vanas comparaciones y supieran disfrutar de la grandeza de los dos. Lo que sí debe reconocerse es que, con su amor por el cine y su imaginación, Gene Kelly supo intuir mucho de lo que la cámara podía hacer por la danza, y en ese sentido es grande la influencia que ha dejado en Hollywood y más allá. Hasta Michael Jackson reconocía en el lenguaje y las concepciones coreográficas de Kelly la inspiración para varias de sus creaciones.
Su estilo asomó bien temprano. Dos años después de su debut en pantalla con For Me And My Gal , al lado de Judy Garland, ya lo exponía como coreógrafo en los solos de Las modelos ( Cover Girl , 1944), junto a una esplendorosa Rita Hayworth. La historia recién empezaba.
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Eugene Curran Kelly, nacido en Pittsburgh el 23 de agosto de 1912, había practicado danza desde chico. Se mantenía dando cursos como instructor cuando se convenció de que el baile le interesaba más que la economía y decidió dejar la universidad y apuntar a Broadway, En 1938, ya integraba el coro de Leave It To Me , de Cole Porter; dos años después, había firmado una coreografía y animaba el papel central de Pal Joey . Y el cine le había echado el ojo. Cuando su imaginación y su vitalidad despuntaron en Cover Girl , fue una revolución en el musical. Desde entonces sólo sumaría nuevos hallazgos. Por ejemplo, Leven anclas (George Sidney, 1945), con Sinatra y Kathryn Grayson, que le dio una nominación al Oscar. En 1949, Un día en Nueva York (otra vez con Sinatra y codirigida por Stanley Donen) marcó el inicio de una trilogía que lo llevó a la cumbre y dejó para la historia títulos memorables: Sinfonía de París (1951), una fiesta de danza codirigida por Vincente Minnelli, con Leslie Caron como partenaire y la bellísima música de Gershwin, y Cantando bajo la lluvia (1952), maravilla compartida con Donen, que por algo figura invariablemente en cuanta lista de grandes películas aparece por ahí.
Su trayectoria, como actor o director, se prolongó por años. Dejó títulos como Los tres mosqueteros , El pirata , Invitación al baile , Siempre hay un día feliz o las deliciosas Erase una vez en Hollywood . Tras la olvidable Xanadú , (1980), prefirió retirarse. Murió en 1996.
Pero hay formas mejores de apreciar lo mucho que aportó al cine. ¿Qué tal una vueltita por YouTube?







