
Un cuento sentimental con la marca de Suar
"Alma mía", producción nacional (1999) en colores presentada por Distribution Company. Hablada en español. Guión: Jorge Leyes, basado en una idea de Adrián Suar. Fotografía: Guillermo Zappino. Música: Iván Wyszogrod. Intérpretes: Araceli González, Pablo Echarri, Héctor Bidonde, Diego Peretti, Rita Cortese y otros. Dirección: Daniel Barone. Duración: 105 minutos. Calificación: apta para todo público. Nuestra opinión: Regular
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Los productos cinematográficos y televisivos de Adrián Suar poseen la marca en el orillo. El otrora galancito romántico convertido ahora en exitoso hacedor de éxitos masivos conoce muy bien el gusto del gran público -basta mencionar "Gasoleros" y "Por el nombre de Dios", en la pantalla chica, y "Comodines" y "Cohen vs. Rosi", en el cine-, siempre apuesta a desarrollar esas historias en las que su público ve reflejadas sus aventuras y desventuras cotidianas, a veces teñidas de contundencia dramática y otras dispuestas al humor algo "light".
Con "Alma mía" procuró desarrollar una trama romántica teñida de clima de barrio en la que Alma, una repostera que recorre La Boca con sus dulces mercaderías, se enamora de Leo, un arquitecto de vida ordenada y a punto de casarse con una ansiosa novia que desea culminar la relación frente al altar.
Es sabido que Cupido, a veces, lanza sus flechas en los corazones menos imaginados, y así Leo y Alma -que mantiene una fría relación sentimental con un estrambótico luchador de catch- despertarán a la pasión luego de la noche de su primer encuentro amoroso.
Planteada en estos términos, con el agregado de unos personajes cotidianos que arrastran tanto alegrías como amarguras, la trama transita por los encuentros y desencuentros de los protagonistas, se detiene en examinar las conciencias de la pareja y recala en la rebuscada fórmula de un hijo por nacer que, finalmente, replanteará todas las enojosas situaciones por las que debieron transitar estos jóvenes de corazón limpio y voluntad pura.
Con el ojo en el éxito
Tanto Adrián Suar, como productor y autor de la idea original, como Jorge Leyes, responsable del guión, no perdieron tiempo en lucubraciones demasiado hondas ni en pinturas altisonantes de la anécdota. Apostaron a la sencillez -que por momentos cae en el infantilismo- y trazaron un camino para que el espectador no piense demasiado y se deje llevar por esos caracteres que lo sumergen en lo cotidiano y pasatista.
La "fórmula Suar" está presente del principio al fin en "Alma mía". Atrae desde lo visual -son impecables la fotografía y la ambientación- y se regodea entre sonrisas y desesperaciones en el deambular de esa pareja enamorada que, a los tropezones, logra arribar a buen puerto a pesar de todas las contrariedades.
No es arriesgado predecir que el film será otro de los ya reiterados sucesos de Adrián Suar, especie de rey Midas que convierte en oro todo lo que toca. Pero de allí a afirmar que "Alma mía" es una producción lograda dista una gran brecha, ya que en ella escasea la imaginación y se pierde en un clima sentimentaloide muy proclive a las telenovelas.
El director Daniel Barone, cuyo oficio televisivo es amplio y hábil -muestra de ello es el programa "Vulnerables", de Canal 13-, acertó en el manejo de cámara y se esforzó por hacer creíble el guión cinematográfico.
El elenco está encabezado por una Araceli González amable y simpática y por un Pablo Echarri bastante envarado. Las labores de Rita Cortese y de Diego Peretti se recuestan en una sólida encarnadura humana.
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