Un día antes del encierro

(0)
1 de mayo de 2003  

"La hora 25" ("25th. Hour", EE.UU./2002). Dirección: Spike Lee. Con Edward Norton, Philip Seymour Hoffman, Barry Pepper, Rosario Dawson y otros. Guión: David Benioff, basado en su novela homónima. Fotografía: Rodrigo Prieto. Música: Terence Blanchard. Presentada por Buena Vista International. Duración: 132 minutos. Calificación: sólo apta para mayores de 13 años, con reservas.

Nuestra opinión: regular

Monty Brogan está a un paso de decirle adiós a una vida que le abrió las puertas de los ostentosos clubes de Nueva York, pero que también lo apartó de sus seres más cercanos. Cuando el joven se declara culpable de ser narcotraficante y es sentenciado a siete años de cárcel, sólo le quedan veinticuatro horas para despedirse de sus dos más entrañables amigos, para volver a conectar sus afectos con los de su padre y para acariciar muy de prisa a su novia, que pudiese ser la que lo delató a las autoridades.

En esas veinticuatro horas, Monty no está seguro de nada, pero debe tomar decisiones. Y como estas decisiones son muchas, el muchacho que hasta entonces no tenía problemas económicos ni sentimentales se decide a repasar su existencia y a jugar una atrevida partida en la que las turbulencias del ayer y del hoy harán eclosión en el último segundo de su libertad.

La acción de esta historia se desarrolla en Nueva York -Brooklyn, Queens, Staten Island, Bronx y Manhattan-, y estos escenarios casi siempre fueron para Spike Lee una tentación para mostrar en su entorno historias turbulentas y personajes encapsulados en tortuosos juegos de vida y de muerte.

"La hora 25" no escapa a las premisas que el realizador de "Malcolm X", entre otros muchos y controvertidos títulos, se propuso como estética narrativa. Lee acostumbra aportar un gran dinamismo visual a sus obras fílmicas y se deja llevar por cierto surrealismo que, como en esta oportunidad, deja de lado el aspecto emocional que necesitaba la narración.

Esas últimas veinticuatro horas de libertad del personaje central del relato son condensadoras de toda una vida de éxitos, frustraciones, soledades y audacia, sensaciones que ese Monty Brogan, una especie de "yuppie" en su negocio de drogas, tratará de revertir para entrar a la cárcel con la conciencia los más limpia posible.

Surrealismo y palabras

La novela original de David Benioff describe puntillosamente, a veces con hondas pinceladas de patetismo y de cierto humor irónico, los pasos de Monty Brogan hacia su inexorable destino de encierro y de íntimo castigo. No era tarea fácil llevar a la pantalla esta especie de testamento literario de alguien que decide asociarse con su conciencia, y como el propio Benioff deseó adaptar su historia para el cine, se vio enfrentado a dejar de lado mucho de lo emotivo de su anécdota literaria para transformarla en un guión por momentos monótono, discursivo y casi siempre enredado en esas idas y venidas de su protagonista en pos de un arrepentimiento que tarda en llegar.

El director Spike Lee no colaboró para que ese camino de tortuosos signos desesperanzados tuviese una base cálida y emotiva. Todos los aspectos emotivos de la relación del protagonista mantiene con sus seres queridos -sus amigos, su novia- están dados por medio de muchas palabras y de una estructura sombría que va dejando de lado el eje central de la trama, que es el amor fraternal y la pasión amorosa.

Capacitado director de actores, Lee se apoyó en el trabajo de Edward Norton para ponerlo en la piel de un personaje conflictuado, y el actor respondió a la idea del cineasta con cierto alejamiento de una composición en la que se debía arriesgar más calidez y dejar de lado la frialdad que expone en casi todas sus actuaciones.

El resto del elenco apuesta a la visión personal y no siempre feliz del director, en tanto que los rubros técnicos jugaron su correcta partida para enmarcar con acertados tonos fotográficos y musicales este relato.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.