Un director inquieto que toma por las astas la historia y los hechos sociales

Juan Pablo Gómez, reconocido puestista del ámbito teatral independiente, estrenó una obra de Susana Torres Molina sobre los años 70, explora el año 2001 y va por los acumuladores
Juan Pablo Gómez durante los ensayos de Un domingo en familia
Juan Pablo Gómez durante los ensayos de Un domingo en familia Crédito: Mauricio Cáceres
Juan Pablo Gómez, reconocido puestista del ámbito teatral independiente, estrenó una obra de Susana Torres Molina sobre los años 70, explora el año 2001 y va por los acumuladores
Alejandro Lingenti
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16 de junio de 2019  

Pasaron muchos años, pero el tema sigue siendo motivo de acaloradas discusiones. Es que cuando se habla de la militancia revolucionaria de los años 70, los acuerdos no son fáciles. No hay una sola memoria alrededor del asunto. Y la postura política del que discute siempre es relevante a la hora de reconstruir aquellos sucesos que calaron hondo en la Argentina. En Un domingo en familia, obra que puede verse de jueves a domingos -siempre a las 21- en el Teatro Nacional Cervantes, Susana Torres Molina propone deliberadamente más preguntas que respuestas sobre el tema. Si bien la autora tiene también mucha experiencia en la dirección, quien ocupó esta vez ese rol es Juan Pablo Gómez, una elección que Alejandro Tantanian, a cargo de la programación del Cervantes, pensó con el sagaz criterio de reunir dos miradas diferentes que pudieran complementarse. "Susana habla con un enorme nivel de especificidad -dice Gómez-. Plantea interrogantes sobre ciertas decisiones de las organizaciones armadas, retoma un viejo debate que surgió con el secuestro de Roberto Quieto, dirigente de Montoneros. Y lo hace con un gran conocimiento de causa, así que me tuve que poner a la altura de su trabajo de investigación y de la tesis de la obra. Es un tema que me interesa mucho: la previa a la dictadura cívico-militar del 76, que fue el corolario siniestro de todos los golpes militares anteriores y el prolegómeno de lo que vivimos ahora. Los años 70 fueron una bisagra, siguen marcando la agenda hoy. Lo que se discutía era un modelo de país, cómo se podía transformar un sistema político. Y esas cuestiones que no están para nada saldadas".

Director de elogiadas obras del circuito alternativo como Un hueco y Prueba y error, Gómez no había trabajado hasta ahora con un texto ajeno, algo que experimentó, confiesa ahora, como "un desafío y una facilidad". Durante los dos meses de ensayo de Un domingo en familia intentó utilizar a ese texto "como un insumo más de la dramaturgia escénica", resume. "Siempre me interesó trabajar de esa manera, aunque esta vez era distinto porque no era una pieza teatral mía -agrega-. Pero fue un buen proceso de trabajo: yo le iba contando a Susana cuáles eran las ideas de la puesta. Y ella fue muy respetuosa. Hice una primera lectura de lo que me podía servir escénicamente de su texto y propuse una puesta en escena bastante radical. Y hubo un acuerdo muy pronto, algo que para mí fue bastante sorprendente. Susana, quien también es directora, tenía una idea bastante similar sobre la puesta".

Torres Molina decidió no ir a ver los ensayos. Se mantuvo en contacto con el director durante todo el proceso, pero la colaboración más estrecha empezó en su etapa final y siguió luego del estreno: "El trabajo más fuerte de colaboración empezó ahí -confirma Gómez-. Le gustó mucho la puesta, pero después de la primera función empezó a opinar mucho y a aconsejarme, no tanto desde su lugar de dramaturga, sino como directora. Fue buenísimo que opinara sobre la dirección de la puesta y no desde el lugar de gendarme del texto, algo que es más habitual cuando laburás con otro autor".

La idea de asociar a Gómez y Torres Molina fue de Alejandro Tantanian. Juan Pablo le había propuesto al teatro montar trabajos propios en las dos últimas temporadas, y al director del Cervantes se le ocurrió entonces sumarlo a un proyecto que involucrara un cruce generacional (Torres Molina tiene 73 años; Gómez, 44) y ofreciera una perspectiva bien amplia sobre un tema muy espinoso. "Alejandro produjo un encuentro que de otra manera no se hubiera dado -asegura Gómez-. Ahí es cuando la curaduría se convierte en creación de algo nuevo y se vuelve política". Y también política es, sin lugar a dudas, la discusión sobre los años 70, que para Gómez suele estar mal enfocada. "Digo esto porque para cierta derecha argentina la lucha armada es el tema central de esa época, mientras que para mí es clave la imposición a sangre y fuego de un modelo de país que el partido militar y los sectores antidemocráticos de la Argentina buscaron desde la década del 30. Hay un hilo que une los ataques a Hipólito Yrigoyen con la Semana Trágica y la persecución al peronismo. La de 1976 es una especie de solución final de un plan que fue ejecutándose con mayor o menor crudeza durante muchos años".

Además de dramaturgo y director teatral, Gómez suele trabajar como maestro de acrobacia y DJ profesional. Pero se considera básicamente "un militante del teatro". Sus intereses, detalla, están relacionados antes que nada con "la desaparición de los cuerpos, la desaparición física de las personas, que es un tema muy argentino, el corazón de nuestro drama social, yo diría. Y en ese sentido, una obra significa la reaparición de esos cuerpos, narrados por actores y actrices".

Las obras teatrales de Gómez, eso es evidente para cualquiera que se haya encontrado con ellas, siempre contienen una generosa variedad de ideas visuales y sonoras. Plantean situaciones que interpelan e incomodan, están cargadas de drama y de humor. Responden, en suma, a una idea del teatro que excede la de la mera contemplación: "Algo le tiene que pasar al que ve una obra. Salir de la sala con dolor de estómago, conmovido, emocionado... Trabajo siempre con ese foco", remarca Gómez, mientras prepara el reestreno de Recorte de Jorge Cárdenas cayendo, un singular espectáculo en sociedad con la compañía Terceto que cruza los lenguajes del circo, la danza contemporánea y el teatro. "Es una indagación de la crisis de 2001, a través del movimiento y la tecnología. Jorge Cárdenas es el primer caído en la represión de 2001, aquel que vimos en la famosa foto de las escalinatas del Congreso, la imagen por antonomasia de la represión de ese momento histórico del país". También llevará al Munar, un atractivo espacio del barrio de La Boca, la instalación Proyecto Diógenes, realizada en colaboración con la coreógrafa y bailarina Celia Argüello Rena y centrada en el trastorno obsesivo-compulsivo que se caracteriza por el abandono personal y la acumulación de basura. "Venimos presentándolo en diferentes lugares hace bastante -cuenta-. Pero sigue en desarrollo. Es algo así como nuestro Fitzcarraldo".

Un domingo en familia

De Susana Torres Molina.

Jueves a domingos, a las 21.

Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815.

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