Un final digno de "CQC"
Por Adriana Schettini
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Por decisión propia, "Caiga quien caiga" abandonó anoche la pantalla. Tras cinco años, el ciclo deja un puñado de enseñanzas. Un mérito indiscutible del equipo liderado por Mario Pergolini, Eduardo de la Puente y Juan Di Natale es el de haber demostrado con hechos que en la TV hay lugar para el humor inteligente. "CQC" dio por tierra con el prejuicio que se empeña en considerar que la chabacanería y el chiste fácil son las únicas opciones en un medio que apunta a las grandes audiencias.
Armados con neuronas ágiles, lenguas filosas y paciencia a toda prueba, Pergolini y sus buenos muchachos pueden gozar de la satisfacción del deber cumplido: si se propusieron ser una suerte de noticiero en clave de humor y patear las escenografías de cartón pintado en las que la clase política ha aprendido a moverse, deben saber que lo consiguieron. Tan fuerte fue el impacto que los equipos de comunicación de los candidatos han admitido una y otra vez que tuvieron que plantearse una estrategia para la relación con "CQC".
A juzgar con ojos de espectador, la mayoría de los dirigentes eligió el mismo camino: si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él. Y fue así como "CQC" permitió que los espectadores sacaran cuentas de cuánto y cómo estaban dispuestos a ceder los políticos con tal de aparecer en la pantalla. Poco importaba si era para que Andy los dejara pagando con el remate de un chiste, o para que Daniel Tognetti pusiera al descubierto la tolerancia infinita que pueden tener -con tal de sumar minutos de apariciones televisivas-con un supuesto periodista que se presenta como inexperto.
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En el principio, fue el gran deschave: la clase dirigente sometida a una suerte de strip-tease de usos y costumbres. Con el tiempo cambió el juego. Y entonces se vio a esa misma clase dirigente desviviéndose por competir en irreverencia con los cronistas de "CQC". Ese también fue el mérito del ciclo: hacer y dejar hacer. Hicieron lo suficiente para mostrar las bambalinas del poder sediento de estrellato y dejaron hacer cuando el pez había mordido la carnada y estaba a punto de demostrar que es cierto que por la boca muere.
A tono con el propósito de ser una suerte de noticiero a contramano, "CQC" marca un hito en un camino transitado por pocos en la Argentina del existismo: se va de la TV antes de que lo echen; levantan campamento cuando el público todavía se divierte con ellos y cuando no les faltan avisadores. Se van sin esperar a exprimir el éxito como una naranja a la que es imposible seguir sacándole el jugo. Se van por decisión propia en un país donde la regla general señala que a los éxitos televisivos y a los cargos públicos hay que aferrarse hasta que llegue el desalojo forzado. En fin, que Pergolini y sus muchachos hicieron un programa exitoso nadando contra la corriente. A la hora de la despedida, son coherentes con aquella lección.





