Un hombre que se vale del arte para provocar

En su taller, obras polémicas reflejan su pensamiento
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19 de diciembre de 2009  

  • A través de un largo trayecto, profesional y humano, desde la Bienal de Venecia, el MoMA de Nueva York, el Museo Reina Sofía de Madrid hasta la Galería Zavaleta Lab de Buenos Aires, donde expone en estos días su última muestra, el artista León Ferrari, de 89 años, camina rápido acompañado por su bastón de paseo y, risueño, nunca deja de provocar.
  • "En mis obras uso mucho las cucarachas, y en la tienda Hong Kong las puedo comprar por kilo", dice. Además, cuenta sobre una composición suya hecha totalmente con escorpiones, mientras en una pared se destaca otra armada con mariposas. "Si no uso los juguetes para mis obras se los regalo a mis cuatro nietos", agrega Ferrari, y muestra un viejo muñeco envejecido y un loro verde y blanco, que también compró en la tienda Hong Kong. "Me gusta porque el loro repite lo que uno dice", ironiza el artista.
  • Arriba de una estantería se destaca una antigua cerámica del siglo XIX. "La compré en la casa de remates Breuer Moreno, porque pensaba que iba a usarla para hacer una obra, pero finalmente quedó intacta", explica Ferrari, que, según cuentan sus colaboradores, ama recorrer ferias, remates y exposiciones para hacer arte.
  • Entre todos los objetos se distingue un dragón con tres cabezas. "Lo compré en el Barrio Chino, que, junto con Palermo Viejo y La Boca, es uno de mis barrios preferidos en Buenos Aires. Allí encuentro muchísimas cosas, y encima se come riquísimo", cuenta.
  • Por todo el estudio hay miles de muñecos de los santos, de la Virgen, de Cristo, del Papa. "Para comprar las piezas religiosas tengo un lugar especial en Río de Janeiro", revela Ferrari. También muestra una pequeña reproducción blanca del Cristo patrono de la ciudad brasileña. Y al levantar la mirada, no pasa inadvertido un barco en miniatura lleno de muñecos religiosos. "Representa la carabela Santa María, de Cristóbal Colón", añade.
  • Arriba de un pasillo se destaca la cabeza de un jabalí, como si fuera un trofeo de caza. "La compró en una exposición de cuchillos para hacer una obra que nunca presentó. Le había puesto el planeta Tierra en la boca, para representar el destino del mundo", cuenta Yaya Firpo, de 36 años, y desde hace seis asistente de Ferrari.
  • "Muchos objetos de las vitrinas son regalos que a veces también uso para armar obras. En esta multitud de objetos que hay acá sé exactamente dónde está cada cosa y de dónde viene." Cuando sale a buscar objetos, suele ir con su nieta Maiten. Ferrari adora a sus nietas y siempre está rodeado de su familia. Cualesquiera que sean los credos e ideales del artista, el de la familia lo tiene clarísimo.
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