
Un malagueño en Buenos Aires
"El mío no es en sentido estricto un personaje de comedia. Es el detonante que la dispara".
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Como el primer personaje que encarnó en la pantalla grande, Manuel Bandera parece condenado a la Argentina. Pero si para Miguel de Molina (cuya historia era retratada en "Las cosas del querer", de Jaime Chávarri) estas tierras fueron consecuencia del destierro obligado, no lo son para el actor malagueño afincado en Madrid. El karma del eterno retorno, en su caso, parece ser ocasión de gozo. Ni siquiera se permite quejas por el trajín al que se vio sometido desde que llegó, a primera hora de la mañana, al país.
Su buen humor, proverbial, se ve realzado por el hecho de que su presencia en Buenos Aires se relaciona con la presentación de un film alejado de esos personajes dramáticos con los que se lo suele asociar. Se trata de "Papá es un ídolo", la nueva película de Juan José Jusid en la que comparte cartel con Guillermo Francella y que promete tener un éxito de boleterías análogo a "Un argentino en Nueva York", su directa predecesora. Para decirlo en pocas palabras: se trata de una comedia en el sentido más puro del término, algo que Bandera asegura adorar.
"Mi personaje -aclara el actor- no es en sentido estricto un personaje de comedia. Es el detonante que la dispara. El peso de la gracia lo lleva Emilio (Guillermo Francella), que tiene muchos matices y es un personaje muy bonito. Por cierto, me habría encantado hacer algo así. El mío es un deportista de elite, orgulloso, seductor, un poco fanfarrón. Un personaje prototípico que siempre existe en este tipo de obras. Yo no me veo obligado a forzar ningún gesto, me atengo al guión porque toda buena comedia depende de un buen libro. Y ésta tiene muchos flecos, tiene situaciones que van a hacer reír y otras que harán llorar.
-Le habría gustado, por ejemplo, ponerse en la piel del personaje que interpreta Francella.
-Me encantaría, pero no sé si alguien se jugaría por mí en un caso así. Me van más los personajes con más drama, con más carga. Pero me atrevería a intentarlo. Lo que no sé es si se atreverían los directores o los productores. Pero, cuidado, es muy difícil hacer ese tipo de papeles. No sé si tengo la chispa que tiene Francella. Habría que experimentar, algo que cuando uno se ve envuelto en proyectos de mayor responsabilidad es difícil. Seguramente tendré que esperar una producción más independiente, con un director joven. Me encantaría hacer cualquier papel a lo Cary Grant. Es comedia, pero con el toque especial que le daba el Cary Grant éste que era impresionante. Es cierto: tenía detrás cada pedazo de guión, cada pedazo de director, de Hawks y Capra a Hitchcock.
-¿No le molesta el encasillamiento?
-Puede que sí. Casi todos los personajes que he hecho son bastante fuertes, aunque el último que hice con Saura, el de "Pajaricos", no tenía una carga dramática especial. Era un tipo mucho más común, incluso tenía un aspecto parecido al de todos los hermanos de esa película. No me extraña, vamos, que no hayan pensado en mí para una comedia, porque la verdad es que nunca hice. Aunque siempre queda la esperanza. Pero a veces los comediantes la tienen más difícil para hacer lo contrario. En España ha habido casos como el de Alfredo Landa, en el Crack, de Garci.
-¿Con qué director español siempre quiso trabajar?
-Saura me pareció un tipo con mucha sensibilidad. Pensé que creaba ese clima especial en el set porque había niños en el rodaje, pero después me contaron que él es así. Te aporta muchas cosas. Te apoya, te cuida, no sube la voz. En los tiempos de espera dibuja sus story boards. El clima era muy importante para la película. Pero hice sólo 14 películas y trabajé con 13 directores, así que me faltan casi todos. Cuento "Kika", aunque sólo fue un día de trabajo. La espinita que me queda es la de trabajar de verdad con Pedro (Almodóvar). En España se está fomentando también mucho el corto. Me encantaría trabajar con gente joven por nada, por interés en el proyecto. Es en esos trabajos donde más se puede experimentar.
-Siendo amigo de Almodóvar y dado que no es difícil imaginárselo como uno de sus personajes, ¿nunca le insistió para que trabajar con él fuera posible?
-Tengo la inmensa suerte de tenerlo como amigo y realmente es una persona muy especial, muy divertida. Genial, diría. Ha habido veces que estuve en los planes. Incluso he hecho pruebas de las que no salió nada. Pero sé que si algún día me ve en algún papel me va a convocar. De hecho, hubo posibilidades concretas, pero el proyecto quedó pospuesto. Pero tarde o temprano llegará. Tuvo su época con Antonio y creo que si puede va a volver a trabajar con él. Pero igualmente creo que lo que mejor hace son los personajes femeninos.
-Se olvidó de "Atame", donde aparecía bailando un tango...
-Sí, pero fue un trabajo corto como bailarín. Fue antes de que se estrenara "Las cosas del querer", así que yo era muy nuevito. No sabía bailar y coreografiamos un sketch con una muchacha de un grupo argentino. Sin comentarios. Después volví a bailar en la segunda parte de "Las cosas del querer", con Susú Pecoraro. Ella me sacaba a bailar, algo imposible. Y realmente aprendí dos o tres ochos de tango que, lamentablemente, ya me los olvidé.
En la nieve
Para "Papá es un ídolo" la coreografía fue distinta. La trama está situada en una estación de ski y el grupo se pasó tres semanas filmando en la Sierra Nevada, cerca de Granada.
Los conocimientos de Bandera en materia deportiva son más que escasos. "Me tuve que poner los esquíes un par de veces. Y me había partido una clavícula jugando al fútbol un mes antes. En una de las esperas se me ocurrió ponerme los esquíes, me lancé diez metros, intenté frenar y me fui al suelo. Por suerte caí con el otro hombro, porque si no hubiéramos debido suspender el rodaje. Pero la magia del cine existe. En la película, Guillermo y yo esquiamos como los ángeles".
Bandera también analiza el trabajo de Juan José Jusid. "Me enteré de su filmografía después. Lo definiría como alguien que sabe bien lo que quiere de cada plano. Eso a un actor le ayuda porque le da seguridad. Y a la vez te dejaba probar dentro de lo que él pretendía. Uno puede encontrarse con directores a los que les gusta jugar más. Bigas Luna, por ejemplo, no filma, juega. Me llevaba a situaciones imposibles. Pero me siento más cómodo con un director que me dirija y le saque provecho a lo que quiere. De otra manera me siento en el aire. En una palabra, jugar, pero a lo que me diga el director".





