
Un pibe multitasking
Hace teatro, lidera la banda El Kuelgue y actúa en TV
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No debe ser fácil ponerse en la piel de treinta personajes en poco más de una hora. Eso es lo que hace con asombrosa eficacia Julián Kartún en Absolutamente comprometidos, la exitosa obra de la estadounidense Becky Mode cuya adaptación para la Argentina dirige Miguel Pittier. Producido por el propio Pittier, Esther Feldman y el español Imanol Arias, el espectáculo tiene funciones los jueves y los sábados, a las 21, en el Teatro Payró (San Martín 766).
Kartún es, en primer lugar, Dani Monfrinotti, un actor que se gana la vida atendiendo el teléfono en la central de reservas de un restaurante porteño de alta categoría. Pero también se transforma sucesivamente, a lo largo de un maratón alocado de llamados, en cada uno de los exóticos clientes que pone en apuros al estresado Dani con exigencias realmente extravagantes. "Es una obra que se hizo y funcionó muy bien en Estados Unidos y España -explica Julián-. Esther Feldman trabajó en la adaptación para la Argentina y yo me concentré en lograr un clima y un desarrollo para que no sea simplemente un desfile de personajes."
Julián Kartún enfrentó el desafío de este particular unipersonal con su propio método: "Hay actores que para componer un personaje se encierran tres días en un hotel o en un neuropsiquiátrico; yo laburo de otra manera. Me cuesta un poco el realismo, trabajo mejor en la composición de personajes, en la construcción de su identidad a partir de un buen tiempo de observación. Salís a la calle y te encontrás con los prototipos: el cocinero exótico y creído, el amigo medio afrancesado, la señora de clase acomodada que da órdenes todo el tiempo. Nunca me enganché mucho con el teatro más clásico, me gusta el juego la improvisación, el clown, el espíritu más lúdico", sostiene.
También fue importante el aporte del padre de Julián, uno de los dramaturgos más prestigiosos del país, Mauricio Kartún: "Me ayudó mucho cuando le pedí opinión sobre el proceso -cuenta-. Creo que le gustó el trabajo, me dio consejos y me marcó con claridad las debilidades y los lugares donde me notó más cómodo. Vino a algunos ensayos y me hizo devoluciones muy interesantes. Para mí tiene mucho peso. Siempre es difícil dedicarte a algo parecido a lo que hace tu viejo, sobre todo si lo hace tan bien. Mi pequeña rebelión, quizás, fue no dedicarme al teatro más clásico".
Parte del equipo de Cualca, la serie de hilarantes sketches que saltó de YouTube a la TV abierta (en Duro de domar), Julián también se luce en Mute, programa emitido por Nacional Rock de lunes a viernes de 13 a 15, y canta en la polifacética banda El Kuelgue, "un proyecto que creció de a poco y ya hizo un buen recorrido: tenemos algunas plazas fijas donde nos sigue mucha gente (La Plata, Córdoba, Rosario) y tres discos grabados. Pronto vamos a editar el último disco en México, a ver qué pasa en ese mercado. Creo que el fuerte de la banda es haber inventado algo medio deforme. No hay un género determinado al que nos dediquemos: tocamos canciones pop, candombe, funk, blues, bossa nova. Y hay mucho humor. Pero se toca en serio, el único degenerado ahí soy yo".
Como referentes para su trabajo señala el humor absurdo de Cha cha cha y el corrosivo delirio de Fernando Martín Peña, otro lúcido creador de personajes. Y anuncia una futura película con sus compañeros de Cualca -Malena Pichot, Julián Lucero, Julián Doregger, Charo López- apelando a una humorada: "La idea es seguir fracasando, que todo sea una especie de prueba piloto de algo que algún día va a estar bueno".
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