Una atractiva historia tanguera

Susana Freire
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26 de febrero de 2015  

La novia de Gardel / Libro: Marisé Monteiro, Pablo Mascareño y A. M. Cores / Intérpretes: Ana María Cores, Mariano Depiaggi y la voz de Alfredo Castellani / Diseño de video: Maxi Vecco / Coreografía: Mecha Fernández / Luces: David Seldes / Vestuario: Julio Fernández y Matías Begni / Escenografía: Ana Repetto / Arreglos y dirección musical: Juan Serruya / Puesta en escena y dirección: Valeria Ambrosio / Teatro: Regio, Córdoba 6056 / Duración: 70 minutos.

Nuestra opinión: buena.

A 80 años de su muerte, la figura de Carlos Gardel aún se sigue imponiendo, aunque más no sea para estimular la imaginación de la italianita que llegó a la Argentina, allá por la década de los años 20 del siglo que se fue. Con su valija, trajo sus sueños y sus esperanzas de una vida mejor, esperando conocer a un prometido que la sedujo a través de palabras de matrimonio y estabilidad.

La realidad la obliga a enfrentarse a una situación nefasta, de la cual puede escapar, según cuenta ella, cuando conoce al cantor. Ella se convierte en su novia y es lo que deja traslucir en su discurso, situación que le depara mucha felicidad y tranquilidad, a diferencia de otras chicas que en situación similar sólo encontraron una salida en la prostitución. Pero ella no. Ella tiene suerte. Es la novia secreta de Gardel y con esta distinción accede a una categoría social de la que disfruta plenamente, hasta que el 24 de junio de 1935, un accidente aéreo en Medellín la golpea cruelmente y la arrebata del mundo de fantasía que se construyó arduamente, para devolverla a una realidad tan oscura que sólo con sangre podrá encontrar la luz que la guíe hacia la libertad.

Al mejor estilo artliano, los autores van presentando a la protagonista en una relación amorosa con Gardel, pero lo hacen presentando a la figura del cantor con contornos difusos, etéreos, armando los diálogos con párrafos de las canciones que formaron parte del repertorio gardeliano.

Después de "La Morocha", con la que se presenta la protagonista, la conversación se establece con temas como "Siga el corso", "El día que me quieras", "El porteñito", "Haragán", "Que vachaché", "Por una cabeza" "Clavel del aire", "A media luz", "Mano a mano", "Melodía de arrabal", "Volver", entre otros tangos, interpretados como solistas, a dúo o en canon, que forman una suerte de diálogo muy convincente.

La puesta, al mejor estilo de Valeria Ambrosio, no se priva de los recursos que requiere su inspiración creativa. Respaldada por la escenografía de Ana Repetto y la iluminación de David Seldes, se arma, con utilería y largas telas, esa piecita donde vive la novia, que en principio resplandece de luz y colores cálidos para luego ir deteriorándose anímicamente con un fuerte contenido dramático. Recurrir a telas que permiten la proyección de imágenes facilita la resolución escénica, al mismo tiempo que ilustran momentos en la carrera del Zorzal Criollo. Termina de definir la época, el vestuario de Fernández y Begni, acertado y preciso.

En cuanto a la interpretación, Ana María Cores maneja con solvencia la composición de un personaje que exige muchos matices para conjugar la alegría, la desesperación y el canto. Por su parte, Mariano Depiaggi, con una voz clara y bien proyectada, tiene el acierto de no tratar de imitar el canto de Gardel y dejarse llevar por su propia inspiración vocal.

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