Una clase de psicodelia actual
Recital de la banda Primal Scream. Teloneros: Turf. Fiesta Rave en Museum, Perú 535
Nuestra opinión: muy bueno
La alucinación psicodélica sigue con buena salud. Así al menos lo confirman estos escoceses atrevidamente imaginativos que fusionan todo tipo de sonidos, estilos e imágenes sin pudor.
Si bien lo de la regresión a los sesenta es ya un tema demasiado tratado por las bandas de los noventa, Primal Scream lo hace con un toque personal, tan personal que pueden ir desde Syd al house o al sonido de una guitarra rockera con absoluta soltura.
Es música de imágenes y de sensaciones. Y esto va más allá de las viejas filmaciones que proyectan en dos pantallas que juegan: una invierte la imagen de la otra, lo que da la sensación de cruces constantes. Cruces que también hacen a la propuesta del grupo.
Bobby Gillespie (ex Jesus and Mary Chain) comanda un show que, en realidad, no tiene un jefe absolutamente identificable. Lo que sí tiene esta propuesta es un denominador común, el bajo, que es el instrumento que no sólo marca el ritmo sino el que se impone a todos los sonidos que se le sumen.
Así, a la instrumentación de una banda de rock (guitarras, bajo, batería, teclados, bronces) se agregan loops y secuencers que se suman como en una pirámide.
El concepto es ambiental, y va más allá del baile o de la forma del ocasional tema. Es más: éstos tienen un desarrollo pero no un final organizado. Más bien se desarman, se diluyen entre un torbellino de sonidos que en algún momento se superponen y en otro (al final) se disuelven sin demasiada organización.
¿Rock o qué?
Lo de Primal Scream no es rock, ni pop, ni house... y si bien se acerca al vuelo psicodélico, tampoco puede identificarse plenamente con ese juego de sensaciones que marcó buena parte de los sesenta.
Llegaron a Buenos Aires en los últimos días del tour presentación de "Vanishing Point", su último álbum, pero no es lo único que hacen escuchar, a pesar de que el show es breve (no llega a la hora y media) y no despiertan explosiones de pasión.
Primal Scream no es una banda de grandes hits, aunque sí tienen algunos temas que trascendieron el piso under, como "Kowalski", inspirado por el personaje de "Vanishing Point", un film de Richard Sarafian, y que es visto por la banda con un ritmo dance.
También desfilan (en una lista de temas no demasiado extensa pero sí variada) "Long Life", "Out Of The Void", "Five Years" y "Come Together", entre otros.
El bajo domina siempre. Las guitarras aparecen y desaparecen sin solos impactantes. La batería insiste en ritmos intensos. Los bronces se imponen ocasionalmente. La presencia sonora de los teclados es más bien espontánea. Tampoco se hace un concierto de samplers. Tampoco el trabajo de todos apunta a sostener la voz.
Primal Scream es más bien una conjunción, una mezcla ocasional de sonidos que se superponen con vistas a una forma de generar sensaciones. No se contentan con lograr un tema.
Son modernos, y si bien eso es lo que más asusta, es también la mayor ventaja con la que cuentan. Y mejor todavía si no se espera nada, porque la sorpresa es entonces mayor, de principio a fin.
El show de los escoceses (amantes del fútbol y de las películas clase B) es de muy buena factura. Y, como fieles jóvenes modernos, no se preocupan por la pura exhibición o por las formas, sino por el fondo, en un viaje atractivo en el que la imaginación toma el poder y el viaje es una acumulación de imágenes armadas sobre una estructura libre pero segura, y donde también puede jugar lo imprevisible.






