Una estrella con buen oído
Sonidos: la pasión por el jazz, presente en su vida y en sus films, llevó a Clint Eastwood a crear un sello discográfico propio.
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Para Clint Eastwood, cada película no sólo tiene su propia mirada. También tiene su propio sonido. No debe sorprender esta afirmación, que viene de quien identificó al western y al jazz como las dos únicas formas de expresión artística auténticamente originales surgidas en los Estados Unidos durante este siglo.
El vínculo entre Eastwood y el jazz es mucho más profundo de lo que puede indicar un repaso rápido de su filmografía. Va más allá de haber titulado su primer film "Play Misty for me", en tributo al clásico de Erroll Garner, o consagrar una de sus más sólidas películas (dedicada a "los músicos de todas partes") a la agitada vida de Charlie Bird Parker. "Clint dirige de la misma forma en que un músico de jazz toca su instrumento", apunta el saxofonista y compositor Lennie Niehaus, responsable habitual de la música de los films de Eastwood. Ambos se conocieron hace cuatro décadas, cuando el actor era un joven instructor de natación en el cuartel militar de Fort Ord, California, y el músico coordinaba allí una banda que tocaba jazz cada fin de semana.
El director de "Los imperdonables" dejó muchas señales de su amor por el jazz, música que tocaba pasando la gorra a los 15 años en el Omar Club de Oakland (ciudad cercana a su natal San Francisco). En esa ciudad vio en 1946, por primera vez, a Lester Young (su máximo ídolo) y también allí descubrió a Charlie Parker. "Quedé totalmente subyugado por él. Bird es un gigante del jazz y elevó la música a un nivel de expresión inédito", dijo de Parker. En sus películas, Eastwood deja muchas claves para descubrir sus gustos musicales, patentes desde que coleccionaba, siendo niño, revistas y libros sobre Bix Beiderbecke, King Oliver y los grandes nombres del dixieland.
Tocó el piano en "Ciudad ardiente" y en "En la línea de fuego", cantó clásicos del country & western en "Honkytonk man", produjo un fascinante largometraje documental sobre la vida y la obra de Thelonious Monk ("Straight, No Chaser") y compuso los temas principales de sus últimas películas.
El disco, una nueva meta
Pero nunca vivió su pasión por el jazz como ahora. En la plenitud de su madurez artística, indiscutido como cineasta, no tuvo mejor idea que crear una división discográfica en su productora (Malpaso Records) y prometer que por allí pasarán hechos importantes para el género.
Los primeros pasos del sello parecen inmejorables, porque se trata de verdaderos álbumes de colección. El primero se titula "Monterrey Jazz Festival: 40 Legendary Years", que resume en tres CDla historia del mítico encuentro de figuras del jazz que desde 1958 se congregan año tras año, junto al mar, en esa bella localidad californiana. Eastwood es su productor ejecutivo.
La elección no es casual. En "Play Misty for me" (arbitrariamente titulada entre nosotros "Obsesión mortal"), Eastwood rueda una de las escenas, que tiene un espíritu casi documental, en pleno festival de Monte- rrey. Allí aparece como espectador de un concierto del recordado Cannonball Adderley, que en este disco toca su antológico "Blue Daniel".
La selección no tiene desperdicio. Casi todos los grandes nombres del jazz (desde Dizzy Gillespie hasta Joshua Redman, desde Bill Evans hasta Wynton Marsalis, desde Billie Holiday hasta Chick Corea) desfilan por este triple álbum, una muestra cabal (lo dice el propio Eastwood en el booklet) de cómo el jazz y el propio festival cambian con los años. El segundo título de Malpaso Records es un tributo a la unión entre la estrella de "Los imperdonables" y el jazz titulado "Eastwood After hours, Live at Carnegie Hall".
Eastwood reunió para este CD doble, que recorre los temas de jazz de sus películas con el aporte de la Carnegie Hall Jazz Orchestra (dirigida por Jon Faddis) y de solistas de fuste, como el pianista Kenny Barron, los saxofonistas James Carter, Joshua Redman y James Moody, el trompetista Roy Hargrove y el vocalista Kevin Mahogany.
No faltó, por supuesto, el aporte de Niehaus, con un arreglo de la "After Hours Suite" donde aparecen los temas principales de las películas "Los imperdonables" y "Los puentes de Madison" (en ambos casos, compuestos por Eastwood), "Misty", "Straight, No Chaser" y un curioso arreglo para big band de "Lo bueno, lo malo y lo feo". Tampoco el hijo mayor de Clint, el bajista Kyle Eastwood, que ejecuta al frente de su cuarteto "This Time The Dream´s On Me", tema de "Bird".
Con "After Hours/C.E. Blues" y al frente de una formidable jam session, el propio Clint cierra desde el piano el concierto y, a la vez, abre con esta aventura discográfica un espacio de excelencia para el jazz.
Se dice de Clint Eastwood que escucha sus films tan claramente como los ve. Como director o por medio de la música que elige para sus films siempre aparece el sello indeleble de un clásico.




