Una historia para niños adultos
La película "James y el durazno gigante" recupera la aguda fantasía infantil
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LONDRES._ "La exageración violenta del lenguaje y las caracterizaciones casi grotescas malogran la narración y destruyen la ilusión de realidad y credibilidad que debe lograr cualquier buena fantasía" escribió en 1964, un librero estadounidense después de haber recibido una copia de "James and the Giant Peach" la obra de Roald Dahl, antes de finalizar, lapidario, con un "No recomendada."
A través de su carrera, Dahl tuvo varias peleas con lo que el llamó "libreros idiotas" que frecuentemente rechazaban elementos de sus cuentos para niños por ser demasiado adultos. En el caso de Dahl, la calificación no es justa, ya que el entendió (como Hilaire Belloc y Lewis Carrol), que pocas cosas son tan genuinamente shockeantes como la mente de un niño, y que lo grotesco y la buena fantasía van juntas.
Paul Terry, el actor de nueve años de una nueva adaptación de "James and the Giant Peach", lo interpreta así: Dahl era "divertido, entretenido y asqueroso, todo junto". Y así es el film, que puede recomendarse a casi todo el mundo.
Todo comienza cuando los padres de James son devorados por un rinoceronte, enorme y furioso. Algo terrible. Pero como lo señala el narrador: "Sus problemas se habían acabado en 35 segundos exactos; los de James recién comenzaban."
Después el niño se va a vivir a una colina con sus dos horribles tías, Spiker y Sponge, interpretadas por Miriam Margolyes y Joanna Lumley, ambas absolutamente espantosas. "Vuelve a trabajar pequeño insecto", chilla Lumley, escupiendo su insulto.
Gracias a unas mágicas lenguas de cocodrilo que un viejo extraño le regaló a James, éste cultiva en su jardín un durazno gigante, se desliza dentro de él, hace nuevas amistades y -a medida que el film pasa sin interrupción de la filmación en vivo a la animación en 3-D- hace rodar al durazno hacia el mar aplastando en su ruta a Spiker y Sponge.
Tal falta de cuidado con la vida de los adultos -cuatro muertes en igual cantidad de capítulos- le cuesta poco esfuerzo a Dahl. A él, la muerte lo golpeó fuertemente siendo niño, cuando perdió a su padre y a su hermana. Prematuramente arrancado de la niñez, trataría de rehacer en sus ficciones ese viaje, retardarlo. Y con "James and the Giant Peach" logró el mejor de los argumentos -una fantasía de piel de seda manchada de oscura agudeza.
Uno quiere salir al mundo de los adultos pero también querría hundirse n los rosados y afelpados confines del útero. Que tal lograr esto con una solución única: hacerse a la mar dentro de un durazno gigante.
Tenemos suerte de que el libro de Dahl haya caido en las manos de cineastas que desean provocar dos reacciones. Disney habría buscado la forma de almibararlo y habría agregado una advertencia. Pero la ingenuidad inquieta y escurridiza del film está a años luz de ese mundo. A pesar de estar financiado, en parte, por el emporio del ratón, fue por el contrario producido por aquella pequeña banda de renegados de Disney -Tim Burton, Henry Selick, Denis Di Novi- quienes nos dieron la magnífica Nightmare Before Christmas.
Este tipo de animación es perfecta para los insectos en "James and the Giant Peach" , que son realmente creíbles: todo articulaciones, codos y ojos, como voraces compañeros de cena. El equipo de animación utilizó computadoras para producir algunos de los enemigos con los que se enfrentan en el mar -el más notable un tiburón mecánico- y mientras que la mezcla resultante de estilos bien podría haberse aplastado, su nerviosa heterogeneidad, parece perfecta para los saltos laterales de la imaginación de Dahl. A cargo de las voces están Simon Callow, como el saltamontes, amable y aristocrático, Richard Dreyfuss como el ciempiés y Susan Sarandon como Miss Spider, a quien le otorga un ronroneo parisino.
Dahl la hubiera amado. Habría tenido algunas quejas en otras partes. Su trama le hubiera otorgado mayor premura a la acción-aventura. Pero si a Dahl esto no le hubiera satisfecho, su mente podría haber jugado con la excelente escena, inquietante y serena a la vez, en la que Miss Spider le da el beso de las buenas noches a James. Una escena exactamente como las que a él le gustaban.





