
Una inglesa que tiene soul
Visita: la cantante pop Lisa Stanfield se presentará pasado mañana, por primera vez en Buenos Aires, en el teatro Gran Rex.
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Los ingleses también tienen soul. Y Lisa Stansfield cuenta con lo necesario para ser la chica de oro del rhythm and blues de las islas: buena voz y cierto brillo en los ojos. Nacida en Manchester hace 31 años, la cantante ensayó una notable entrada en la escena pop aportando su voz para un corte de Coldcut, grupo fundamental en el tecno acid house de fines de los ochenta. Sin embargo, la chica de los ojos esmeralda -menos verdes en la vida real que en los videoclips- no tardó en mostrar su verdadera pasión: el soul y el rhythm and blues. Después de tres años sabáticos, la cantante inglesa acaba de regresar al ruedo con nuevo disco -con más baladas que temas dance-, nueva gira y nuevo color de pelo, un poco más oscuro que antes. El tour mundial de presentación del autotitulado CD la trae a Buenos Aires, al teatro Gran Rex, para un concierto en el que hará "pocas canciones nuevas y muchas de las conocidas. Si no, sería egoísta, como cuando George Michael salió de gira y tocó únicamente covers". Así lo adelantó a La Nacion en una entrevista a pocas horas de su show en Santiago de Chile.
-¿Cómo fue que te tomaste tanto tiempo para el sucesor de "So Natural" (1993)?
-Tuve el lujo de que la compañía me dijera que hiciera el mejor disco posible: me dieron todo el tiempo del mundo, lo cual es inusual, y lo aproveché. Eso me permitió trabajar un par de meses y dejar una semana para tomar distancia y luego reencontrarme con el material. Con Ian Devaney _su media naranja en las sombras desde el primer disco_ compusimos durante tres años más y más canciones. Unas tres veces creímos haber terminado, pero volvimos a sentirnos inspirados y escribimos más canciones, como para un par de discos completos, y elegimos las que más nos gustaban. No sabemos qué haremos con las sobrantes; el próximo disco podría resultar bastante fácil...
-Uno de tus primeros trabajos fue con el grupo de acid house Coldcut. Por otra parte, grabaste una canción de Cole Porter y ahora otra de Barry White. Hay una gran brecha entre esos estilos.
-Ya no me interesa mucho el tecno, ni voy muy seguido a las discotecas. En realidad, tampoco lo hacía entonces. Me gusta un poco el drum and bass, el jungle, pero sinceramente creo que para disfrutar del nuevo tecno habría que tomarse cinco tabletas de éxtasis. Y no estoy para eso. En cambio, Cole Porter me fascina. Para el compilado "Red Hot & Blue" canté "Down In The Depths", una canción poco conocida, pero de lo más dulce. Me gusta probar cosas diferentes, experimentar con distintas formas de usar mi voz. Lo tomo como un desafío y me encanta. Me cuesta ubicarme en un lugar específico en la escena.
-Sin embargo, evidentemente tu mayor influencia es el soul.
-Es la música con la que crecí. El rythm and blues, el soul, el disco, mucho de los años setenta, Ottis Redding, Marvin Gaye, Aretha Franklin, Barry White. Amo todo lo que tenga que ver con el sello Motown.
-¿Cómo fue trabajar entre dos hombres -Devaney y Peter Mokran- como productores?
-Genial. Estábamos en Nueva York cuando se conocieron. Nos sentamos los tres a charlar y en un momento dije: "Bueno, me voy de compras..." ¿Viste cuando los hombres se ponen a hablar de computadoras y no paran más? Resultó que tenían equipos parecidos y que trabajaban en forma similar, así que se llevaron muy bien. Como productores, Ian y Peter tienen ideas muy fuertes, pero por suerte no chocaron sino que se complementaron. Cuando grabo trato de estar el menor tiempo posible en la mesa de control. Lo mío es componer y cantar. Por ahí entro de vez en cuando y opino: "Um, no me gusta ese sonido". Pero no soy productora, eso se lo dejo a ellos. Entonces, cuando me senté con el disco tal como iba a salir fue una situación tensionante: apreté el botoncito y traté de escucharlo completo, como lo haría el público. Y quedé muy conforme.
-Se titula con tu propio nombre, ¿es más personal que otros?
-Todos lo son. Cuando grabás no tenés ningún plan en particular. Nosotros dejamos que las canciones tomen forma solas, sin partir de una idea específica. Pueden surgir de una serie de acordes en piano o guitarra o las puede inspirar cierto título o una historia. Me parece, sí, que es mi disco más emotivo, es una especie de libro de cuentos. De cualquier manera, rara vez vuelvo a escuchar los compact editados, ni siquiera sabría decirte cuál es el segundo o el séptimo tema. Para mí es un asunto cerrado. Supongo que puedo parecer un poco insensible.



