
Una maga con carisma
"Lucía, La Maga", de Marisé Monteiro, con Valeria Lynch en el papel protagónico, y un elenco integrado por: Carlos Tarrio, Walter Peña, Gipsy Bonafina, Osvaldo Palau, Mauricio Mayer y Osvaldo Machado. Con canciones de Lynch, Ferron y Monteiro, dirección musical y arreglos de D. Ferron y R. Horche, coreografías de Ana Padilla, diseño de escenografía y vestuario de René Diviú, asesoramiento en magia de Emanuel y dirección de Gipsy Bonafina. En El Nacional. Nuestra opinión: bueno.
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Una escenografía compleja y sombría transmite la sensación de tristeza y opresión. La gente va y viene apurada, como robots, sin ver al otro ni conversar. Florindo, el jardinero, se lamenta porque sus plantas son de plástico y no queda ni un solo pedacito de tierra para cultivar. Un duende le ofrece la visita de una maga.
Lucía (Valeria Lynch) llegará cantando y prometiendo ayuda. Descubre con tristeza que su varita no funciona por la ausencia del sol, pero igual trata de darles esperanzas a los sufridos personajes.
Las peripecias de Lucía para averiguar las causas de la situación, se potencian con la presencia de dos personajes: Cero Lux y Pocas Luces (jefe y asistente), que controlan el trabajo de estos esclavos y cuidan una máquina, que debe producir sin pausa.
Entre trucos y canciones, Lucía descubre algunos misterios, enfrenta al jefe, que termina enamorándose de ella, y rescata al Sol, la Luna, el viento y la lluvia de su cautiverio mágico.
Señorío profesional
La historia, simple y lineal, no tiene sorpresas; transcurre con humor y simpatía de la mano de Valeria Lynch, que además de exhibir su indiscutido oficio como cantante, da muestras de su señorío sobre el escenario. Resulta una presencia radiante, pero sin estridencias, amable, afectuosa, que contiene con pericia el impacto individual que puede tener su carisma y se integra perfectamente con el elenco.
Canciones, coreografías, trucos de magia, gags cómicos (éstos interpretados por Osvaldo Palau y Carlos Tarrio), la voz de Gipsy Bonafina, construyen un pasatiempo amable y cálido, que se sigue con interés.
El libreto no se preocupa por trabajar facetas sutiles en los personajes, que son sólo estereotipos, ni fundamentar demasiado causas y efectos. Hay partes en que el discurso es demasiado, porque hay mucho por explicar, y la narración teatral se limita a un movimiento que lo acompaña. En los textos hay, por momentos, un exceso de rimas sonsonantes; en cambio, el hecho de que Luna hable en trabalenguas es un acierto muy celebrado por los chicos.
De todos modos, el encanto de la Maga, las buenas voces en las canciones, la actitud afectuosa sin manipulaciones hacia los chicos, el equilibrio del sonido, que no agrede, sino que tiene los decibeles justos, hace de este espectáculo una experiencia verdaderamente placentera.
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