Valeria Lynch regresa al amor
Homenaje: en su recital, dominado por canciones románticas, la intérprete también recordó a las víctimas de la AMIA.
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El teatro Opera está lleno. Maradona baila en el centro del escenario, junto a un conejo que podría animar fiestas de cumpleaños. Al lado, Valeria Lynch, se balancea de un lado a otro y hace mover a la gente en los pasillos con el flamante hit "Baila conmigo", que impuso desde su participación en el programa televisivo "Video Match".
La rodean los integrantes del Coro Kennedy, que ensayan coreografías apropiadas para un show de Xuxa, y un bailarín de gestos amanerados, que la gente reconoce por su participación en el sketch que remata con la frase "es una joda para Video Match". Dentro de esa mélange, también aparece un cuarteto de batuque que suma un aire brasileño. Pero se hace imposible escuchar lo que están tocando.
Abajo, el público sigue batiendo palmas y agitando el cuerpo. Un marido desliza un comentario irónico: "Sólo falta Susana Giménez y estamos completos". Pero la señora lo mira feo y el señor opta por el silencio conciliatorio. Está por terminar el recital y no quiere discutir por los gustos musicales de su mujer.
Arriba, Valeria Lynch se muestra segura. Con gesto profesional canta y baila al mismo tiempo. Maneja al público a su gusto: desde que comienza el show con "Rojo", uno de los temas de su último disco en estudio "De regreso al amor", hasta que termina con el clásico "Piensa en mí".
No hay un detalle que se le escape. Sabe lo que quiere "su" gente, que la viva y le demuestra su afecto. Conoce de memoria esa devoción que tiene este público familiar por ese amor idealizado y de telenovela que interpreta en "La extraña dama".
Se entregará con cariz pasional a esa suerte de canciones con frases que podrían engrosar miles de tarjetas de aniversarios o cartas perfumadas de amor. "Te quiero", "Cámara lenta" o "Luz de mis ojos" son una pequeña muestra.
La gente también se fascina cuando se pone el traje de femme fatale en "Como una loba", o el de mujer despechada en "Mentira". Y se divierte, cuando Valeria se pone la vestimenta de ¿rockera? -riguroso negro- para evocar al grupo Credence, en un popurrí que comanda desde la guitarra eléctrica su hijo Federico. Su participación especial pasará inadvertida porque madre e hijo coinciden en adoptar un perfil bajo.
Sin perder ese olfato de artista popular, se sumerge en la ineludible realidad. La gente se sensibiliza con la causa que la cantante recuerda sobre el escenario: "No olvidar". Y ensaya un set corto y absolutamente revelador junto al pianista y compositor Alberto Favero. Interpretan "El día después", del musical "El beso de la mujer araña", que le generó respeto entre sus detractores. Y luego llegará el momento más emotivo del concierto con la canción de Mario Benedetti y Favero "Porque cantamos" dedicada "a los caídos en la AMIA".
Después de que la gente grite a viva voz "cantamos porque los sobrevivientes/ y porque nuestros muertos quieren que cantemos" el recital dominado por las canciones del corazón no será el mismo.
En estos días en que se recuerda el horror del atentado que lleva tres años sin respuestas, y a punto de cumplirse seis meses de impunidad por el asesinato de José Luis Cabezas, el amor no es más fuerte.





