La estrella teen lidera el soundtrack de ‘Los juegos del hambre’ con un ejército de artistas sub-20 y un par de héroes del pasado
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Tres estrellas y media
Es dificil pensar en alguien mejor que Lorde para elegir las canciones del soundtrack de Los juegos del hambre, y no sólo porque su manera de ser sugiere que lo haría muy bien, arco y flema en mano. Antes de que los susurros embrujados salidos de la tierra baldía del fin de la adolescencia de esta cantante de 18 años la hicieran famosa, tenía mucho más en común con los pibes que van al cine que con las celebridades de la pantalla.
Como buena fan, se arrogó el rol de curadora musical para la tercera parte de la saga de ciencia ficción para jóvenes adultos y armó un disco de gran alcance que le va bien a la película y, al mismo tiempo, nos da una imagen cohesiva de su propio ideal de pop rebelde. Como pasa con la mayoría de las buenas bandas de sonido, es también un mixtape bastante bueno.
El primer soundtrack de The Hunger Games, editado en 2012, tenía muchísimo alt-folk y country; Catching Fire, su sucesor, elegía un estilo más ochentoso, con varias power-ballads. Y en Mockingjay, como era de esperar, hay bastante de Lorde: es ecléctico sin esfuerzo, brutal pero soñador, con partes iguales de goth e indie, y de música dance y hip-hop. Este es un mundo en que se sienten cómodos tanto el titán del street-rap Pusha T y la espeluznante e intelectual Bat for Lashes. Por eso es capaz de integrar en un mismo álbum canciones de la introspectiva cantante sueca Tove Lo, jams bolicheros y psicodélicos de Tinashe y hasta una tormenta de corazones synth-pop de los Chvrches.
Lo que unifica todo es una intensidad inquietante que va perfectamente bien con el ánimo distópico de Los juegos del hambre. Muchos de los artistas del álbum escribieron letras que reflejan la historia de la trilogía: la de unos adolescentes rebeldes que participan de una insurrección violenta contra la autoridad opresiva. En "This Is Not a Game", el galán del R&B diletante Miguel dispara una jerga revolucionaria sobre un asalto demoledor de los Chemical Brothers. En "Meltdown", Lorde, Pusha T, Q-Tip y Haim se juntan para un groove agitado y denso que suena como una fiesta sin fin en un Distrito 13 asolado por la guerra.
Lorde tiene tres tracks para ella sola. El mejor es "Yellow Flicker Beat", una canción desoladora con la letra de una chica en llamas que podría aplicarse a Katniss Everdeen, la heroína de Los juegos del hambre, o a cualquier otro marginado que siga sus aventuras desde su casa. (La mezcla que logró el rapero Kanye West es aún más vigorosa, un paisaje infernal lleno de ruido ambiente que haría temblar a Trent Reznor.) El otro momento impresionante de la australiana es "Ladder Song", una dulce canción de cuna con una letra de Connor Oberst sobre "quedarse dormido leyendo ciencia ficción".
Los artistas de Mockingjay tienen 20 años o menos, algo entendible teniendo en cuenta cuál es el público de la película. Pero dos de las mejores canciones provienen de héroes de los días del new wave. Simon Le Bon de Duran Duran es un chico elegante junto al terremoto inglés Charli XCX en "Kingdom", un single de estilo victoriano y sonido intoxicado.
El track más intenso del álbum es por lejos "Original Beast", el ataque dub aplastante de Grace Jones, la eterna mutante de la música disco. Es un ejemplo perfecto de cómo Lorde recurre al estilo alocado del pasado para impulsar el pop hacia un futuro nuevo y valiente.
Por Jon Dolan



