Veloz rehabilitación de Sandra Bullock
"28 días" ("28 days", EE.UU./2000, color), producción hablada en inglés presentada por Columbia. Basada sobre un guión de Susannah Grant. Intérpretes: Sandra Bullock, Viggo Mortensen, Dominic West, Diane Ladd, Steve Buscemi, Elizabeth Perkins, Alan Tudyk, Michael O´Malley, Azura Skye y Marianne Jean-Baptiste. Fotografía: Declan Quinn. Música: Richard Gibbs. Edición: Peter Teschner. Diseño de producción: Marcia Hinds-Johnson. Dirección: Betty Thomas. Duración: 103 minutos. nuestra opinión: regular.
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Una de dos: cárcel o tratamiento de rehabilitación. Es lo que le dan a elegir a Gwen Cummings -es decir, a Sandra Bullock-, y la chica, obviamente, se inclina por el mal menor. No es que esté demasiado convencida de que le haga falta rehabilitarse de nada. Suele tomar algunas copitas de más cuando anda de fiesta en fiesta con su novio inglés -es decir, todas las noches-, y también recurre a algún medicamento cuando la mortifica la resaca -es decir todas las mañanas-. Sólo eso. Nada -según ella- que deba ser tomado a la tremenda: a cualquiera le gusta divertirse después de tanto trabajar. Y debe suponerse que Gwen trabaja porque por ahí se sugiere que es escritora -no se sabe de qué: tal vez sea cronista de la vida mundana de Nueva York- y que además tiene mucho éxito.
A dos puntas
La cuestión es que la última vez -parece- se le fue un poco la mano. Una trasnoche movida que por poco termina con el incendio del departamento en que convive con su achispado galán casi la hizo olvidar del casamiento de su hermana. Llegó a los apurones, tarde, con pobres excusas y tan fuera de control que echó a perder la fiesta con sus imprudentes desatinos, incluido un tropezón que la hizo aterrizar en plena torta de bodas. Total, que salió disparada en busca del pastelero salvador, montó en la limusina y sin soltar el pie del acelerador fue a estrellarse contra un cerco. Lo suficiente para que cualquier juez la considerara un peligro público.
Tal prólogo ocupa unos pocos minutos de acción a toda máquina que parecen anticipar el tono de comedia alocada que marcará el film. Pero sucede que la guionista Susannah Grant (aquí bastante menos inspirada e ingeniosa que en "Erin Brockovich") y la directora Betty Thomas están empeñadas en ponerse un poco serias para enviar sus mensajes aleccionadores acerca de los beneficios de la moderación y la cordura. Y es también probable que la desenvuelta Sandra Bullock haya aportado lo suyo pensando que un tema como éste ayudaría a que Hollywood empezara a tomarla en serio como actriz; otra vez será.
De modo que a partir de la llegada de la protagonista a Serenity Glen el film se pone a alternar momentos dramáticos y situaciones de intención cómica. Entra en escena entonces un grupo de personajes secundarios que no parecen sino estereotipos ambulantes exagerados hasta la caricatura. En la mezcolanza caben desde una adolescente adicta a la heroína y con vocación suicida hasta un cowboy beisbolista, y desde un coordinador médico con aspecto de recién recuperado hasta un stripper alemán y drogadicto que se sueña bailarín.
Para sumar algo de emoción hay breves flashbacks que informan de las penas infantiles de la protagonista, a lo que se suma su titubeo sentimental entre el británico seductor y calavera (Dominic West) y el hosco vaquero deportista (Viggo Mortensen). Para sumar risas, una ridícula telenovela que todos -internados y profesionales- siguen religiosamente.
Por supuesto, la chica que al principio miraba con cínico desdén la rutina de los internados termina aceptando la necesidad de una cura. Y lo hace con tanta convicción que mucho antes de que se cumplan los 28 días empieza a hacerle asco al champagne. En el camino, además, ha recibido tantas lecciones de vida y ha hecho tan seriamente las paces consigo misma y con su pasado que ya novolverá a ser la irresponsable de antes. En el cine, ya se sabe, nada es imposible.
No quedan dudas, pues, de la efectividad del tratamiento, aunque lo que no queda muy claro es si el film se ríe de las rutinas que se siguen en Serenity Glen o las juzga recomendables. La indecisión, al fin, es uno de los rasgos más notorios de este relato bien cuidado en los aspectos técnicos, correctamente interpretado y apenas entretenido; el otro es su total, indisimulable superficialidad.





