
Verde oliva
Juan José Jusid "Bajo bandera"
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El realizador de la aclamada "Asesinato en el Senado de la Nación", vuelve a colocar su cámara sobre un tema polémico: los maltratos a los conscriptos durante el servicio militar
Por primera vez, el cine argentino pone en la mira ciertas pautas de conducta que alguna vez formaron parte de la vida militar en los cuarteles. Según el director, Juan José Jusid, algo grave ha ocurrido en todo este tiempo: las manifestaciones de intolerancia que marcaron a fuego buena parte del trato a los conscriptos durante el servicio militar, han pasado a formar parte de la vida civil de todos los días.
Un libro de cuentos de Guillermo Saccomanno titulado "Bajo bandera", publicado mucho antes de que el crimen del conscripto Omar Carrasco sacudiera a la opinión pública y desembocara en una vuelta de página a la historia, sirvió como punto de partida a un thriller, cuya acción tiene lugar en un pequeño pueblo del sur patagónico.
El relato, en buena medida autobiográfico, se desarrolla dentro y en los alrededores de un regimiento de montaña en el invierno de 1969 donde, poco antes del Cordobazo, un mayor enviado por los comandos superiores tiene como misión resolver, en forma ejecutiva, la sospechosa muerte de un soldado.
Precisamente Jusid, un hombre acostumbrado a luchar contra la intolerancia -la censura durante gobiernos de facto o cuestionamientos en democracia- eligió para su vuelta al cine, un tema que sigue generando duras polémicas.
En 1995, un trágico suceso ocurrido en un batallón del Sur argentino, la muerte del conscripto Omar Carrasco, motivó una serie de discusiones, procesos judiciales y cuestionamientos al más alto nivel que tuvieron como consecuencia la supresión del servicio militar obligatorio en la Argentina. El film de Jusid no es una versión libre del caso Carrasco, pero tiene vínculo directo con hechos que durante un siglo se repitieron y, generalmente, se ocultaron, detrás de infranqueables muros de silencio.
En los primeros días de este mes, el director que alterna el cine publicitario con el argumental, distribuyó un comunicado en el que agradece con ironía a quienes, según su opinión, hicieron la vista a un lado a la hora de colaborar con el proyecto. El film, que el Instituto de Cine calificó como de "interés especial", lo que redunda en un importante crédito avalado en su totalidad por la misma entidad, sólo tuvo respuesta satisfactoria a sus pedidos en el área del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Jusid nació en La Paternal hace 56 años, tuvo su primer contacto con el espectáculo cuando era muy pequeño. Después de dedicarse en su adolescencia al teatro de títeres, entró de lleno en el mundo del cine publicitario, cuando en ese ámbito se podía jugar a la vanguardia más libremente que en el cine hecho con destino a salas. Desde "Tute cabrero", que rodó en blanco y negro en sólo tres semanas en 1968, alternó largometrajes con cortos publicitarios.
En 1992, con deliberada ironía, declaró que vivía de la publicidad y moría del cine. En ese sentido, las cifras parecen elocuentes: acredita cientos de cortos publicitarios, algunos con premios importantes, que pueden entenderse como cimientos de sus nueve largometrajes.
Sin embargo, no siempre ocurrió así, ya que con su tercer opus "Los gauchos judíos" alcanzó la misma cantidad de público con la que ahora sorprende "Comodines".
Ahora con "Bajo bandera", su película número nueve, una coproducción entre la Argentina e Italia, espera poner sobre la mesa de la discusión -y como ya lo hizo con "Asesinato en el Senado de la Nación"- un tema que, por pasado, no deja de tener un papel protagónico decisivo en el presente y en el futuro de los argentinos.
El reparto está encabezado por Miguel Angel Solá y Federico Luppi, acompañados por los italianos Omero Antonutti, Daniele Liotti y Alessandra Acciai, Andrea Tenuta, Andrea Pietra, Carlos Santamaría, Mónica Galán y Betiana Blum.
Presiones y persecuciones
-De sus ocho películas anteriores, por lo menos seis sufrieron presiones y persecuciones...
-Vistas a la distancia, tienen una ingenuidad que a uno le cuesta creer que hayan generado tantos conflictos. Algunas de mis películas, como "Los gauchos judíos", "No toquen a la nena" y "Espérame mucho" han sufrido andanadas de planteos, de censuras, que en algunos casos llegaron al plano judicial.
No tenían, sin embargo, cuestionamientos que siquiera justificaran mínimamente esas reacciones. No soy un francotirador. Sí creo que fui uno de los pocos tipos que se atrevieron a hacerle un juicio a los censores, cuando se le exigió un corte a "Espérame mucho".
Ahora, la historia se repite pero de otra forma: partimos de una película declarada de "interés especial" por el Instituto de Cine y poco después, cuando empecé a buscar los lugares para rodar, todo aquel que detenta una cuota de poder se asigna el derecho de leer el libro y opinar. Un comisario, con respecto a su comisaría, el director de un hospital, con respecto al hospital que dirige, pueden así opinar si la película merece o no filmarse en un lugar que no es de su propiedad.
Todavía, con muchos años de democracia, seguimos con estas cuestiones de autoritarismo y manipulación... No sé, por ahí el Presidente de la Nación cree que es el dueño de la Quinta de Olivos y un general que es el dueño de un cuartel, cuando lo real es que son administradores o funcionarios de alto rango en propiedades que no les pertenecen. Pasó cuando le ofrecimos al Ejército alquilar un cuartel en desuso -el de La Tablada- como lo han hecho otros films argentinos y hasta extranjeros, y nos dijeron que no.
Vemos que en áreas que tienen algún poder se manejan criterios anárquicos, porque incluso se está decidiendo más allá de lo que dictamina la más alta autoridad cinematográfica oficial. En un momento hasta llegamos a delirarnos con que, como no había en la Argentina ningún cuartel disponible para el rodaje, podríamos filmar en alguno del Uruguay o de Chile. Me parece una barbaridad.
-Hay mucha gente que creyó que su película tenía relación directa con el caso Carrasco...
-No puedo evitar lo que cada uno piense sobre un proyecto. Partimos de una historia que fue escrita mucho antes que el caso Carrasco -hace más de siete años-; además se trata de relatos autobiográficos, y con Guillermo (Saccomanno) tomamos el tema de algunos de los cuentos para armar una suerte de thriller, una investigación donde empezaron a coincidir algunos elementos.
No somos ingenuos y sabemos qué es lo que la gente va a asociar. Lo que ocurre es que, investigando algunos datos estadísticos sobre el servicio militar en la Argentina, descubrimos que murieron muchos chicos -más de cien- en los últimos veintitantos años; así como hubo cientos de heridos, algunos de gravedad, mutilados o con secuelas por accidentes, prácticas mal encaradas o simplemente, malas directivas de los superiores.
Quiere decir que el caso Carrasco, termina por revelar todo esto de una manera amplificada. El mirar el pasado significa que la gente proyecte sobre la pantalla muchas de sus cosas más recientes y los temas de "Bajo bandera" tienen que ver con cosas que están ocurriendo hoy en día. Haciendo la película, desde la reflexión sobre el autoritarismo, la intolerancia y la impunidad, descubrí que si esto ahora no se manifiesta en un cuartel, se puede ver en un consorcio, en un hospital, o en una escuela... Ciertas conductas y manejos no han cambiado demasiado y sería importante reflexionar sobre esto.
-¿Cómo enfrentó el desafío de un film donde se pone en la mira a oficiales del Ejército?
-En el cine norteamericano, que un militar tenga que comparecer ante un juzgado es un hecho tan común como el que aparezca un civil. Acá, tengo que admitir que hasta nosotros, que llevábamos dos años preparando "Bajo bandera" nos empezamos a sorprender, creo que por la falta de práctica: intentamos abrir una ventanita a una película sobre situaciones conflictivas. Nuestra propuesta era meternos en la piel de toda una gente que creyó que el país era un inmenso cuartel, y se podía manejar así. El film termina con la caída de Onganía, y es una metáfora: todos los que practican un sistema de represión y autoritarismo terminan cuestionados y tienen que dejar el poder.
-¿Qué piensa de quienes hablaban del film aun antes de haber sido rodado?
-El escozor que provocó esta película, desde hace algunos meses, es sorprendente... Lo comenzamos a escribir cuando el tema del servicio militar empezaba a ser cuestionado en el Congreso, pero no había una implicación de los personajes más importantes de las Fuerzas Armadas. En marzo de este año empezaron a aparecer en los diarios, como posibles implicados, nombres importantes de la fuerza. Esto generó inquietud alrededor del proyecto. Llegamos a recibir una carta muy conceptuosa de los abogados defensores de Canevaro que querían saber si la película estaba a favor o en contra, como si se tratara del caso Carrasco. Estas susceptibilidades, entre otras, han hecho que "por las dudas" era mejor poner distancia. La única respuesta fue la de un funcionario vinculado al Ministerio del Interior, que nos dijo que "esta película no es oportuna", como si algo así pudiera decidirse alegremente. Una película no es un viaje turístico que se hace según convenga. La hicimos igual, pero estas actitudes contribuyeron al encarecimiento de la misma: reconstruir un cuartel, los móviles, los jeeps, las armas y los uniformes de los años 60, no es lo mismo que decorar un departamento...
Agradecimientos
Con este título, el director Juan José Jusid respondió a todos aquellos que de una u otra forma resistieron colaborar con la producción de "Bajo bandera". El texto es el que sigue: "Esta película se realizó con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales que le otorgó categoría de «interés especial+ y la honró con un amplio respaldo crediticio; y el apoyo del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires.
No tuvo el apoyo del Ejército Argentino, que le negó hasta la posibilidad de filmar en un cuartel desocupado, por considerar que la trama de la misma presenta situaciones críticas para sus integrantes. No tuvo el apoyo de la Policía Federal, ya que su departamento de arte consideró que podía afectar la imagen de una fuerza amiga. No tuvo el apoyo de la Policía Bonaerense, ni del INTI, ni siquiera del Correo Argentino, cuyas instalaciones fueron requeridas para la filmación; por considerar todas estas instituciones poco prudente colaborar con este proyecto. No tuvo tampoco el apoyo del Ministerio del Interior, ya que su titular el Dr. Carlos Vladimiro Corach se negó reiteradamente a recibirnos, a pesar de las esforzadas gestiones realizadas ante sus secretarios. Agradecemos sinceramente todas estas negativas, ya que sirvieron para fortalecer nuestra decisión final de realizar la película."
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